Dicen que los errores se pagan caro. Y estaba claro que él mío también tendría que pagarlo. Y vaya que fue a un gran costo. Toda la tarde de ese día me lamenté, no haberle contado a Raffael sobre la visita a Henry. Pero es que, con la noticia de Samantha y Amanda era suficiente información por procesar. Y después vino el susto del elevador descompuesto. Madre mía, que caótico marchaba todo en mi vida. Sobre todo, esa noche en casa de William Dunne... Bajé del auto de Raffel. Mis tacones plateados brillaron con las luces de la fachada de su mansión. Y mi vestido tipo cóctel de lentejuelas anunciaban nuestra llegada. Raffael atentamente tomó mi mano y me ayudó a subir los escalones para quedar frente a la entrada. — Estoy anonadado con tu belleza. En mi rostro se desplegó una sonrisa,
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