18. Verdades ocultas.

1161 Palabras
Annie intentaba seguirme el ritmo. Y yo intentaba seguirles el ritmo a ellas. Las dos mujeres que corrían por la avenida tomadas de la mano. Samantha y Amanda unidas por un misterio que estábamos a punto de descubrir. Pero llamaban mi atención demasiadas interrogantes ¿Por qué iban a pie? ¿Por qué no estaban usando sus autos lujosos? ¿Qué secretos las unía de esa manera? Se detuvieron y nosotras también. Nos escondimos en la esquina de una tienda de ropa. Mientras ellas tomaron un taxi. Cuando el taxi arrancó. Nosotras salimos de nuestro escondite a prisa. —¿Qué hacemos? Pregunté golpeando mi frente y lamentado que las habíamos seguido en vano.Ya que el auto de Annie estaba estacionado a unas cuadras antes. Ir por él, nos haría perderlas de vista por completo. La solución debíamos encontrarla cuanto antes. — Observa y aprende. Respondió con una sonrisa maliciosa. Se entrometió en medio de una pareja que estaba por subir a su taxi. — Disculpen pero nosotras necesitamos más el taxi que ustedes. Les dijo dando billetes en sus caras. Ambos los tomaron y nos dejaron libre el paso. Subimos al taxi riendo. — Señor siga aquel taxi a toda prisa. Ordenó Annie y nos condujo hasta el lugar donde nuestras dudas serían resueltas. — Ves, no hay nada que el dinero no pueda solucionar. Annie bromeó. Tenía razón. Todo se trataba de dinero en el mundo. El trayecto fue un poco tedioso. Nuestro conductor respetaba cada semáforo en rojo. Mientras el taxi en el que se conducían Samantha y Amanda no respetaba las señalizaciones. Parecían tan apresuradas que el resto del mundo no les importaba. — Esas perras están locas. Dijo Annie al notar que esquivaban los demás autos como si de ello dependiera sus vidas. Menos mal, el trayecto terminó. Porque sino ellas hubiesen quedado accidentadas o, peor aún, nosotras por seguirlas en la misma velocidad. — Gracias a Dios. Susurré dando un suspiro. Annie tomó mi mano después de pagarle al señor taxista. Ambas vimos a través del cristal polarizado a Samantha y Amanda que entraban a un edificio. Bajamos del taxi y nos encontramos que era una agencia que rentaba autos. — ¿Estás pensando lo mismo que yo? Pregunté alterada a Annie. Ella me vio con la misma mirada intuitiva y confusa que yo. — Vamos a averiguarlo. Le dije. Entramos a la agencia y nos escabullimos con los demás clientes. Tomamos unas revistas que se contaban en el escritorio de la recepcionista. Nos sentamos como el resto, cubriéndonos los rostros con las revistas. Amanda y Samantha se encontraban en unos de los escritorios, siendo atendidas por uno de los ejecutivos. Amanda sacó discretamente unas llaves de su cartera de mano y se las entregó rápidamente. — Quizá haya rentado el auto solo para... Annie no pudo terminar la oración. — Para atropellarme. Concluí por ella. — Tiene mucha lógica. Además todo parece indicar que Samatha es su cómplice. — Jamás pensé que llegaría a tener enemigas. Me lamenté. Y Raffael no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo con ese par de arpías. — Pero no se quedará así. Annie sacó su teléfono y les tomó una fotografía. — Vamos a recopilar pruebas para hundirlas. Nadie se mete con nosotras. Antes muertas que víctimas de esas dos. — Una fotografía de Amanda entregando unas llaves no es suficiente. — Claro que no. Vamos a esperar a que se marchen para ir a hablar con ese tipo. Tiene que darnos más información. — Es una gran idea. Sabía que eres Inteligente pero no tanto. — Espero que ese sea un halago. Ambas reímos. Samantha y Amanda se levantaron y salieron del edificio. — Es nuestro momento. Le dije a Annie. — Yo iré a hablar con él. Tú solo esperame aquí. Al parecer tendré que usar mis encantos. Ella guiñó el ojo izquierdo de manera coqueta. Su belleza era su mejor arma. Siempre había sido así. y cómo no, si era bellísima. No obstante, yo también quería estar ahí para enterarme. — Yo también voy. Me puse de pie decidida. — Si no hay de otra. Respondió. Cuando tomamos asiento. Los ojos morbosos del hombre se despertaron cono nunca. — Vaya, al parecer hoy es mi día de suerte. — ¿Disculpa? Le preguntó Annie de manera seductora. — Nada. Cambió de tema sin desprender la vista de los pechos de Annie. — ¿En qué puedo ayudarlas señoritas? — Queremos rentar un auto. — ¿Algún modelo en el que hayan pensado? — Corolla Croos rojo. Me adelanté a responder. Annie me vio sorprendida pero con cierto disimulo. Claramente investigué antes el modelo del autor rojo que recordaba después del accidente. — Tenemos uno pero aún no ha sido devuelto. Lo tendremos disponible hasta el día de mañana. — Cariño, lo necesitamos hoy mismo. Intenté presionarlo. — Lo sentimos pero en este momento es imposible. — ¿Podemos saber quién lo rentó? Inquirió Annie. — Por políticas de privacidad a nuestros clientes no puedo revelar esa información. — ¿Estás seguro? Preguntó mi mejor amiga pero esta vez tocó sus senos. El hombre relamía sus labios. — Iremos por el auto hasta el día de mañana. El hombre Moreno mostró las llaves. — ¿Queremos saber quién rentó el auto? — Diré una sola vez el nombre... — Anda, ¡dilo rápido! — El nombre de la señorita es Jude Belle. — ¿Jude Bell? Pregunté sin creerlo. — Es la señorita que acaba de salir. Tiene rasgos asiáticos. — Se cambió el nombre. Me dijo Annie. Había llegado a la misma conclusión que yo. Cada vez más esa mujer nos sorprendía con el algo nuevo. ¿Cómo es que lograba engañar a todo el mundo? ¿Cómo es que ella y Raffael fueron pareja? ¿Nunca ha notado su perversidad William Dunne? Esa mujer rentó un auto solo para matarme. Ese era otro nivel del maldad. ¿George era igual de malévolo? — Ahora que ya di el nombre ¿cómo hacemos con mi premio? Vio a Annie una vez más. Específicamente sus senos y caderas. — ¡Eres un cerdo! Le grité. — Ella no estaría contigo ni loca. Nos levantamos y salimos del lugar. — Sabemos, que rentó el auto para cumplir su objetivo, pero gracias al cielo falló. También que se cambió el nombre y su cómplice es Samantha. Recapitulé en voz alta. — Debes contarle a Raffael lo que sabes. Ahora ya no hay dudas que fue ella. También debes empezar a cuidarte mucho. No sabemos cuál es su siguiente plan para deshacerse de ti. — Lo haré mañana mismo. Iré a la empresa para ello. Esa mujer no saldrá con la suya. Le dije. En ese instante sonó mi teléfono. Era Henry. Contesté al recordar lo devastado que lo había visto esa tarde. — Lena. Habló con voz cortada. — ¿Si? — Te necesito. Estaba llorando.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR