Capítulo 5

1567 Palabras
                                                                                     Capítulo 5 Narra Seren Volver a casa después de tanto tiempo resultaba ser reconfortante, aunque también llegaban a mi mente recuerdos dolorosos, fue en este lugar en el que pase la mayor parte de mi tiempo junto a Portia, mi cuarto, mi cama, el baño, todo me recordaba a ella. –Qué bueno que decidiste este año tomarte unas vacaciones hermana – me dijo Mikkel, mientras conversábamos en la cocina. –Yo pensé que no querías volver a vernos, ya que para poder verte teníamos que viajar hasta allá – comento mi madre de espaldas a nosotros, mientras hacia el desayuno. –Mamá, estoy estudiando, me esfuerzo por tener las mejores notas y por avanzar rápido en mi carrera, es lo único que hago, luego ya podre venirme y estar con ustedes – le dije con molestia, como siempre mi madre haciendo lo que mejor sabe hacer, cuestionarme. –Lo se hija, no me lo tomes a mal, es solo que, nunca vienes a vernos, en las vacaciones te quedas en Boston y eso me entristece, también te extrañamos – me respondió bajando la guardia. – ¿Y es muy difícil la medicina? – me preguntó Jane. –Para mí no lo es, a parte es algo que me gusta, estudiar me es agradable.  Ese día Lily insistió en que fuera a cenar con su familia, la idea me incomodaba un poco pero no tenía más nada interesante que hacer así que sin tomarle mucha importancia al asunto hice acto de presencia en la mansión Schumberg. –Hola amor – le saludo una energética Lily, enredándome en un abrazo. –Hola, gracias por invitarme. –De nada, ya te extrañaba, mande a preparar algo especial para ti. –Esto suena algo muy formal – le dije con gracia. –No es nada formal, tranquila sé que no te gustan las formalidades así que solo les dije que vendría mi amiga Seren, y ellos felices de que me esté juntando con una chica tan aplicada como tú. –Si supieran que te follo – le dije con sensualidad en el odio. Se mordió su labio inferior mirándome con gracia y juntas entramos a la casa. Los padres de Lily eran personas importantes en el ámbito de los negocios, y sus temas de conversación para una persona como yo, que se interesaba por saber de todo un poco, resulto ser lo bastante interesante, aunque el constante toqueteo de Lily por debajo de la mesa me evitaba concentrarme. –Ya cálmate – le dije por lo bajo, quitando su mano de golpe de mi entre pierna. –Vamos a mi habitación un rato – me respondió. Y yo que pensaba que la que tenía problemas de adicción al sexo era yo. –Es de mala educación, levantarnos así de la mesa. –Papá, Mamá, ¿podemos levantarnos? – preguntó la chica en voz alta. Quería que me tragara la tierra en ese momento. –Claro que, si cariño, vayan por favor, Seren estás en tu casa – me dijo el hombre con amabilidad. –Muchas gracias – le dije con un poco de vergüenza, levantándome del asiento. Nos fuimos a su habitación y de camino le reclame su falta de educación a lo que ella simplemente lo tomo como burla y no me hizo caso en lo absoluto. –Mañana es el reencuentro- me dijo abriendo la puerta de su habitación. –Sí, no tengo ganas de ir – le respondí dejándome caer en su cama. –¿Es en serio?, si para eso fue que vinimos – me cuestiono de brazos cruzados. –No, yo vine para ver a mi familia – le mentí jugando con un peluche que estaba en su cama. –Eres un caso tú, Seren Harris. –Y tú, estás hablando mucho y tienes mucha ropa también. Me sonrió con picardía y poco a poco fue quitando cada una de sus prendas mientras caminaba hacia donde estaba yo. Al día siguiente me levante bien temprano para trotar un poco en el parque central, mi cuerpo estaba acostumbrado a su dosis casi diaria de ejercicios matutinos y el hecho de estar en mi casa no iba a ser una acepción, por lo que me di una ducha, me coloque mi mejor ropa deportiva y me dirigí hacia el parque, a pesar de ser muy temprano había muchas personas haciendo ejercicios, trotando y caminando, así que me coloque mis audífonos y le di play a mi lista de reproducción. El ejercicio me ayudó mucho a salir de mi depresión, recuerdo claramente como inicie en este mundo; fue un día mientras caminaba tímidamente por los pasillos de la universidad cuando llegue hasta el gimnasio, ahí pude observar a varias chicas entrenando fuertemente con cuerpos esculturales, me llamo mucho la atención pero no era capaz de entrar y preguntar, así que simplemente trate de darme la vuelta y seguir mi camino, pero justo en ese momento el entrenador me llamo y me pregunto si estaba interesada en el mundo del fitness, a lo que con mucha vergüenza le respondí que sí y luego de eso un cambio radical llego a mí, una de las mejores decisiones que pude tomar en mi vida, cuando estaba en ese lugar todas mis penas desaparecían, me fui abriendo un poco más a la gente y mi cuerpo fue cambiando conforme pasaba el tiempo, verme avanzar fue una de mis más grandes motivaciones. Estaba tan asumida en mis pensamientos, que me olvide por completo que estaba trotando en un lugar en donde había otras personas que hacían lo mismo, por lo que tome mi teléfono para cambiar la canción y de un momento a otro que quite la mirada del frente sentí como chocaba fuertemente con alguien hasta hacerle caer. –Dios mío, cuanto lo siento, de verdad – le dije bajándome a su nivel, para verificar que estaba bien. Era una chica cabello rubio largo, y tenía una gorra que no me dejaba verle el rostro. –No te preocupes, no pasó nada. Un frio recorrió mi cuerpo en ese momento, conocía esa voz perfectamente, esa voz estaba tatuada en mi memoria, no podía ser cierto, esto tenía que ser una jodida broma, me quede en silencio y paralizada con mis nervios a flor de piel, esperando que se quitara su gorra o alzara la mirada para poder verificar si de verdad se trataba de ella. –¿Portia? – pregunte con dificultad, pues mis nervios estaban al borde. Ella al escuchar el nombre se quitó la gorra de golpe y me miro con profundidad, no podía ser cierto, si era ella, estaba en frente de esos hermosos ojos azules, tal y como los recordaba, no pude evitar sonreír como una tonta al tenerla ahí, no cabía tanta felicidad en mí, y tampoco tantos nervios, estaba temblando y el corazón se me iba a salir del pecho, mis manos sudaban con rudeza, era ella, mi medicina. –Seren – dijo con nervios mirándome. –¿Estas bien? – le pregunte sin poder dejarla de mirar. Vaya bonita forma de reencontrarme con el amor de mi vida, tirándola al piso, punto para mí por ser la más idiota. –No pasó nada – dijo levantándose y limpiando a la misma vez la tierra que se había pegado a su licra deportiva. –Discúlpame, venia distraída, fue mi culpa. –Yo también venia un poco distraída, pero tienes más fuerza que yo – dijo con gracia y una sonrisa tierna. No podía verme la expresión en mi rostro, pero estaba casi segura que tenía una cara y sonrisa de tonta enamorada, mi corazón seguía latiendo con fuerza, hacía muchos años que no sentía algo igual. –Qué raro, porque si mal no recuerdo fuiste tú la que me rompió la nariz cuando nos conocimos – le dije con una sonrisa. Ella bajo la mirada con un poco de vergüenza y una sonrisa. –¿Te estas vengando ahora? – me pregunto con una sonrisa. –Para nada, no podría. No respondí nada, solo me quedé mirándola y detallando cada parte de su rostro, estaba cambiada, no tenía esa misma cara de niña de hace tres años, pero seguía igual de hermosa y hasta más que nunca. De un momento a otro un recuerdo s****l se vino a mi mente, de día que le pedí que se casara conmigo, ese día nos fuimos a un hotel, nunca deje que una mujer me tocara como lo había hecho ella.  Note como sus mejillas se tornaban de un color carmesí, eso sí que no lo había cambiado, se sonrojaba con facilidad y como su piel era tan blanca, se delataba rápidamente. –Qué casualidad encontrarnos de esta forma – le dije. –Yo sabía que estabas en la ciudad, pero jamás pensé que te encontraría por aquí. – ¿Lo sabias? – le pregunte un poco asombrada. –Jane estuvo anoche en mi casa y nos dijo que habías llegado de Boston. Había olvidado por un momento que mi hermanita aún era la novia de Ander, el hermano de Portia, debí imaginarme que lo diría. Me hubiese gustado conversar más con ella, pero tenía que irse y quedamos en vernos en la noche en el reencuentro y yo nunca había deseado más que llegara un momento como ahora deseaba que llegara la noche para poderla volver a ver.                                
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