Cap 5. ¿Qué estás diciendo?

3387 Palabras
Amo esta cafetería. Tiene un estilo hogareño que te transmite paz y calidez, es un lugar tranquilo para poder pasar un rato alejado del mundo en el centro de la ciudad. – Hola – saluda un tanto nervioso mientras se levanta de la silla – te ves muy bien – me da un beso en la mejilla después de decir esas palabras – Hola, gracias, tú no te ves nada mal – le digo sonriendo coquetamente, esta es una faceta nueva en mí. Al momento que se acerca, puedo percibir su aroma a coco y vainilla, el cual es embriagador e inunda mis fosas nasales provocando cosas en mí. Se ve tan apuesto con su camisa a cuadros remangada 3/4 y ligeramente metida en sus jeans azul oscuro y sus convers… estamos vestidos igual!! Su mirada es hermosa, sus labios son totalmente besables y sus manos son... ¡Mierda! ¿Qué me pasa? ¡Nunca coqueteo! Esta no soy yo. “Ok Paula para el tren, estás yendo muy rápido” me digo a mi misma mientras abre para mí la silla que está a su lado y nos sentamos. Llega la mesera interrumpiendo mis pensamientos, y cuando volteo a verla noto que está mirando con cierta insistencia a Emilio… sí, es guapo; pero ¿Ya le puedes quitar los ojos de encima?. ¡Ja! ¿Esos fueron celos internos? – Eh… bi...bienvenidos al gran café, soy Sonia y estaré a su servicio esta noche. ¿Les dejo la carta o ya saben que van a ordenar? – termina la señorita delgada piernas largas, pelo rubio, ojos verdes… muy linda, la verdad. – ¿Y bien? ¿Tienes algo en mente? pregunta Emilio, sin apartar la mirada de mí, ignorando por completo a la mesera. – Ya sabemos que queremos – le respondo. – Para mí, un té frío y una rebanada de apple crumble pie tibio con helado de americana, por favor – pido a Sonia. – ¿De algún gusto en especial su té? – pregunta cortésmente quitando la vista de Emilio renuentemente y fijándola en mí. – De frutos rojos. Gracias. – ¿Y para usted? – hacia Emilio – Lo mismo que ella. Té frío de frutos rojos y apple pie con helado. – dice él mirándola fugazmente y regresando su mirada a mí. – Perfecto, enseguida les traigo su pedido – dice Sonia dando media vuelta y retirándose contoneando sus caderas. – ¿No tienes decisión propia? – Pregunto alzando una ceja. Emilio se echa a reír – la tengo. – se hace hacia atrás en el asiento – es solo que habías mencionado que el apple pie de aquí era delicioso, y me gusta el té frío de frutos rojos – ríe – Casualidad entonces, igual que nuestro atuendo – río en respuesta. – Sí, creo que tenemos algún tipo de conexión – responde – una pregunta – dice acercándose a mi oído – ¿Dejaste a Charly guardado? – sentir su aliento en mi oído hace que se me erice la piel, echando leña a mis ya existentes ganas de follar. – ¿Guardado? – respondo irónicamente – no lo dejé guardado, solo le di la noche libre. ¿Por qué? ¿Lo extrañas? – Me pareció raro que no lo trajeras, eso es todo. Creí que te llevaba a todas partes. – Generalmente lo hace, pero no lo llevo a citas, eso es algo más privado, además, no creo necesitar un guardaespaldas en este momento, también sé cuidarme sola. – le digo, haciendo una pequeña sonrisa de lado. – ¿Guardaespaldas? Pensé que era tu chofer – declara – Chofer, guardaespaldas, asistente, mecánico, electricista… bueno, hace todo lo que necesito que haga. – ¿En serio? – me mira algo asombrado – Sí, ¿Por qué el asombro? – interrogo – No, sólo… es que… – se queda callado – ¿Te quedaste sin palabras? – Solo no entiendo por qué una chica como tú necesita a alguien que le cuide la espalda. – – Es un mundo peligroso para una indefensa mujer como yo – respondo con cierto tono de sarcasmo en mi voz Llega Sonia con nuestras bebidas – en un momento les traigo el pie. – dejando las bebidas en la mesa a cada uno y se retira con gracia, balanceando nuevamente sus caderas de lado a lado. Mientras ambos comenzamos a preparar nuestro té con la cantidad de azúcar necesaria y vertiendo el líquido caliente al vaso lleno de hielo picado, Emilio me mira intensamente, queriendo como queriendo descifrar algo. – ¿Por qué huiste de mí las 2 veces que nos vimos? – wow, qué agallas tiene este chico… preguntar eso directamente. “Huí porque no sé qué mierda provocas en mí que no soy yo cuando estás cerca,” pienso para mí mientras tomo un sorbo del té – ¿Huir?, no, simplemente tengo mil cosas que hacer. Mi vida social es casi nula. – respondo seria, mintiendo, obviamente, bueno, no sobre la segunda parte, realmente no soy una persona muy sociable que digamos. – ¿Y eso por qué? Me dan ganas de contestar “Porque llevo un imperio a mis espaldas y me lleva mucho tiempo pisar cabezas.” pero me calmo y simplemente le digo – ya sabes en donde trabajo, entonces tienes una idea de cuánto debo trabajar para sobresalir entre mis compañeros – miento una vez más. No son compañeros de trabajo… son empleados míos; pero él no se tiene que enterar que soy dueña de todo eso… o al menos todavía no, se asustaría y saldría corriendo o solamente querría sacar algún provecho de mí. – Sí, me imagino que ha de ser una empresa muy competitiva. ¿Te gusta trabajar ahí? – pregunta tomando un trago del té y mirándome directamente a los ojos, con esa mirada tan increíblemente enmarcada por esas pestañas largas y onduladas. Esa mirada me desarma, simplemente me desarma. – Me encanta, siento que trabajar ahí, con todos esos ingenieros y arquitectos saca lo mejor de mí como profesional, me obliga a tener mejores ideas y una creatividad enorme. Realmente me gusta mi trabajo, disfruto de lo que hago. Me hace sentir viva y que sirvo para algo. – eso sí es verdad, cada palabra articulada es completamente cierta. – Sinceramente creo que sirves para muchas cosas, no sé por qué, pero tengo la sensación que eres una caja llena de sorpresas. – dice suavemente – Puede ser. Habrá que descubrirlo – me limito a decir eso. – Me gustaría descubrirte, me gustaría conocerte mucho más – dice con una mirada intensa en sus ojos. Esa mirada que hace temblar hasta el último de mis huesos. Regresa Sonia trayendo nuestros pies. Posicionándolos en la mesa, diciendo – apple pie para ambos, ¿algo más? – pregunta mirando fijamente a Emilio, con una sonrisa que me deja ver hasta sus muelas. – No por ahora, gracias. – contesto, agradeciendo mentalmente por interrumpir en un momento tan oportuno. – Creo que eso es demasiado para una primera cita – digo mientras entierro el tenedor en el apple pie, y mirando fijamente a sus ojos, con una mirada de reprobación total. – Puede ser –, dice levantando una ceja – pero sabes – se acomoda en su asiento incentivandolo a continuar – en mi vida he aprendido a vivir el día, no dejar las cosas para después. Realmente no me gusta preguntarme “¿qué hubiera pasado si?” – Carpe Diem – respondo mientras tomo un poco de helado. – Carpe Diem – repite – No sé qué decir, realmente me impresiona la forma en que tratas de vivir. Tu filosofía de vida, o como le quieras llamar. Entonces, ¿Eres de los que toman riesgos estúpidos solo por vivir la vida? – pregunto seriamente, porque realmente estoy intrigada, puede ser que después de todo sí pueda darme lo que yo necesito. – Delicioso el pie, tenias razón, tengo que aceptarlo. – dice mientras señala el pie con el tenedor y saboreando el bocado – estúpidos no, solo lo que quiero hacer – se encoge de hombros. – Entonces, si quieres ir a saltar de un precipicio ¿vas y lo haces? – cuestiono- – No de ese tipo de riesgos, simplemente no quiero dejar que se me pase el tiempo ni la oportunidad. – ¿Y viste la oportunidad ahora de decirme esas cosas?- digo mientras meto el último bocado del apple pie en mi boca. – ¿Te hice sentir incomoda?, disculpa, no era mi intención, es solo que… realmente me gustas. – luce sonrojado – Sí, me hiciste sentir incómoda. No estoy acostumbrada a esto – y hago un gesto con la mano señalando a los dos. – ¿A qué? – pregunta incrédulo. – A tener “citas” – respondo, haciendo el gesto de comillas con mis dedos. – No sueles salir mucho, ¿no? – No, ya te había dicho, no tengo mucha vida social. – Qué raro, porque parece que te llevas bien con la gente – encuadra su mirada hacia mí – es más, te veo siendo una persona con liderazgo, no sé por qué. – Ah ¿Sí? ¿Te parece? Espero que estés en lo cierto. – si no fuera así, todas mis compañias se vendrían abajo – basta de hablar de mí, cuéntame algo de tu vida – me gustaría saber si me cuenta algunas de las cosas que ya sé de él gracias a Rodriguez. Llega la señorita piernas largas a interrumpir una vez más –¿Todo bien? ¿Desean algo más? Dirigiéndose a ambos – ninguna de las veces que he venido a este café, han sido tan atentas conmigo como ahora que estoy con Emilio. – Todo está bien, gracias – dice Emilio, y por primera vez la voltea a ver – cualquier cosa me avisan – contesta ella alegremente, supongo que es porque por fin obtuvo una mirada de él, aunque sea por unos segundos. – Sí, lo haremos, gracias – contesta él – ¿En que estábamos? – vuelve a mirarme – Me ibas a contar algo de ti, ya que he sido yo la que ha hablado mucho – le digo, tomando el vaso de té de frutos rojos. – Bueno, yo soy el mayor de 3 hermanos, tengo una hermana y un hermano, mis padres viven fuera de aquí, me gusta surfear, como ya lo viste; pero también me apasiona bucear, estar en contacto con el agua. Me gustan los animales, disfruto de un buen libro, mmm, no sé qué más podría decirte. – dice apretando los labios. – Novia, prometida, esposa, amante, amiga con derecho o ¿algo parecido? – pregunto echándome para atrás en mi asiento. – Ninguna de las anteriores. Estuve comprometido hace un par de años – calla y mira fijamente al vaso, removiendo con su pulgar algunas de las gotas que chorrean de él. – ¿Y? ¿Qué pasó? – pregunto, de verdad quiero saber más, esto tengo que averiguarlo. – Pues, no me casé – dice sonriendo Y encogiendo los hombros, evadiendo por completo mi curiosidad. – Veo que no quieres entrar ahí, lo entiendo. – simpatizo totalmente, yo estoy en la misma o peor situación. Solamente me da una sonrisa en señal de agradecimiento por comprender – ¿Hijos? – No, soltero y sin compromiso, bueno, mi único compromiso es mi trabajo, pero de ahí en fuera, libre en todas sus formas. – recompone su postura. Veo que su trabajo es importante para él – ¿Qué es exactamente lo que haces? digo, si se puede saber. – Mi trabajo es encontrar hoteles con gran potencial, adquirirlos y administrarlos. – Viajas mucho con eso, ¿no? – Sí, he tenido la oportunidad de viajar mucho gracias a eso – Bien, me parece bien. Tus padres, ¿En dónde viven? – En Italia, mi padre decidió dejar de trabajar y regresar a Italia para envejecer allá, y por supuesto, mi madre lo siguió. – ¿Vienen seguido? – No, ellos vienen una vez al año, viajan mucho pero por todas partes del mundo. Somos mis hermanos y yo los que los visitabamos seguido a mi abuelo. Bueno, por lo menos 3 veces al año. – ¿Es por eso que estás soltero? ¿por viajar tanto? – Sí y no. Tengo que viajar mucho, a veces por semanas, y no muchas personas lo entienden, además, no es que necesito encontrar a alguien con quien estar solo para estar con alguien. – ¿Muchas primeras citas? – veo como los hielos de mi vaso se golpean entre sí cuando muevo el popote. –¿Te digo algo? No acostumbro a invitar a salir a alguien la segunda vez que la veo – pienso en el informe que me dió Rodriguez, y tiene sentido lo que me está diciendo… por eso solo dos novias. – Conmigo lo hiciste – replico al instante, desviando mi vista del vaso y llevándola hacia su precioso rostro. – Sí, lo hice, porque tienes algo que me atrae mucho. Soy como un insecto atraído a la luz. – eso me hace pensar mucho… es una bandera roja que me hace querer alejarme de él. Mas que nada, porque sé que se puede complicar la relación. – Cuidado – digo en tono de advertencia – ¿Cuidado? ¿Por qué? – No te vayas a quemar – porque sé que no soy buena para él, por lo menos no en este momento. – ¿Por qué dices eso? – pregunta expectante, frunciendo el ceño. Me quedo callada, no sé si realmente quiero seguir con esto. No sé si quiero parar. Me decido y digo – Mira Emilio, pasé un rato agradable contigo, pero de verdad, creo que esto no se tiene que repetir – he decidido parar aquí, él no es el tipo de chico con el que yo haría el trato, él es del tipo de chico que se merece todo el amor de una buena chica, y yo no soy esa buena chica, no para él. – ¿Qué? ¿Qué estás diciendo? – el desconcierto es notable en su voz – Estoy diciendo que no vamos a volver a salir. – tengo que hacer esto, no soy buena para él – solo puedo decirte que no soy buena para ti. – mi corazón cae cuando termino de articular estas palabras, realmente me dolió decir eso, es tan hermoso, me encanta su compañía, y tiene algún efecto en mí que hace que me tranquilice cuando está a mi lado. – ¿No eres buena para mí? ¿Por qué no dejas que eso lo decida yo? – su cara cae, no es el mismo de hace 10 segundos, sé que algo pasó dentro de él. – Me tengo que ir, deja las cosas así, por favor. – No puedo dejar las cosas así, no después de lo que me dijiste. ¿Por qué dijiste eso? ¿Por qué no eres buena para mí? – pregunta insistente. – Emilio, no sé qué decirte, no me aburrí contigo, pasé un buen rato, pero, pero no sé si es conveniente que salgamos mientras estamos trabajando en el proyecto juntos – busco aferrarme de alguna excusa tonta para poder huir de él. – ¿Es por el proyecto? ¿Es por eso que no quieres salir conmigo? - ¡Dios! ¡qué insistente que es! – No es eso, nada que ver con eso, solo que, por el momento tengo muchas responsabilidades y no quiero una distracción, por favor, entiéndeme. – y lo digo con pesar, porque realmente quería tenerlo a mi disposición cada vez que quisiera sexo. – Una amistad, solo te pido eso, una amistad. ¿Crees que puedes hacer eso? – su mirada me desarma, sus ojos soñadores, llenos de esperanza remueven algo en mí. – No lo sé, no sé qué clase de amiga podría ser si nunca voy a estar disponible – dando un profundo respiro – me tengo que ir, necesito terminar algunas cosas. – me levanto de la silla tomando un respiro de seguridad mientras busco en mi bolso la billetera para dejar algo de dinero. – Pau – llama Emilio. Parece estupido, pero el que me diga así, me hace sentir cierta calidez de su parte. Levanto la vista para encontrarme con la de él – ¿Sí? – No te preocupes, yo pago. – la dulzura en su voz me envuelve – otra cosa, ¿Me das tu número de teléfono? Al parecer yo no soy dueña de mí, ya que instintivamente estiro mi mano pidiéndole el celular. Rápidamente capta lo que estoy pidiendo, saca el celular de su bolsillo y me lo da ya desbloqueado. Anoto mi número con mi nombre e inicial y se lo regreso. E ese momento nuestros dedos rozan un poco, haciendo que un pequeño cosquilleo llegue a mi estómago, convirtiéndose en mariposas – ese es mi número personal -digo nerviosamente, mientras me pateo a mi misma por dejar una ventana abierta a lo que ya dije que iba a cerrar. – Gracias, te llamo pronto – me sonríe abiertamente Le sonrío de vuelta y me voy a mi auto. Cuando me estoy acomodando para echar a andar el auto, suena mi celular. Miro el identificador y es un número sin agendar, pero se me hace conocido. – ¿Hola? – contesto – ¿Cuándo te puedo ver de nuevo? – dejo de respirar, es Emilio – Insistente, ¿no? – alzo la mirada y lo veo parado en la puerta del café, viendome. – Te lo dije – soltando una risa juguetona – Voy a pensar que me estás acosando – sonrío. – ¡No, por favor! Todo menos eso. – hace una pausa – Este es mi número, llámame cuando llegues a tu casa para saber que llegaste bien. ¿Sí? – No es necesario que hagas esto – respondo desconcertada. No sé si quiero pasar por todo esto de nuevo, creo que no lo soportaría. – Por favor, Paula – vocaliza susurrando – Está bien, lo haré. – digo igualando su tono de voz. Esto me trae muchos recuerdos. – Gracias, realmente lo apreciaría – Ok, ok, tengo que colgar, adios, Emilio – me despido e inmediatamente cuelgo sin esperar respuesta. Accedi a avisarle a alguien que llegué a casa, ¿Por qué me metí en esta situación? Realmente no quiero tener nada con nadie, no ahora, no nunca… Echo a andar el motor del auto y me dirijo a mi casa. Mientras manejo recuerdo cosas que no me gustaría recordar. Pienso de nuevo en Esteban, siento que lo estoy defraudando, no sé que hacer. Han pasado casi 10 años de eso y sigo sintiéndome como el primer día. No sé si alguna vez lo voy a superar. Cuando llego al departamento me veo a mí misma tentada a llamar a Emilio para avisarle que llegué bien; pero no quiero hacerlo, no quiero tener una relación con él, no puedo tener una relación con él, bueno, en realidad, con nadie. Pero no soy una persona desconsiderada, me dijo que se preocuparía, y yo accedí a avisarle. No soy de esas que rompen promesas. Así que en vez de llamar, simplemente escribo un mensaje y lo envío. Paula: estoy sana y salva en casa No me permito pensar en mí, necesito distraer mis pensamientos. Me meto en la oficina y me dejo llevar por planos sin terminar, medidas y proyectos. Este es mi mundo ahora, esto es lo que me hace bien, esto es lo que me da fuerza para seguir. Me distrae el timbre del celular sonando. Un mensaje de Emilio. Emilio: me da gusto, gracias por dejarme conocerte. Descansa. Sonrió al ver el mensaje y al mismo tiempo siento un pequeño apretón en mi corazón, no sé si estoy haciendo bien esto. No sé si debería hacer esto. ¿Ha pasado el tiempo suficiente? Después de trabajar un rato en la oficina, me voy a dormir. Me siento triste, tengo ganas infinitas de llorar… lo extraño demasiado… Lo único que me ayuda en este tipo de situaciones es una buena sesión de sexo; pero mierda… no tengo con quien…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR