Cap 6 ¿Te puedo ver?

2548 Palabras
Estoy en mi oficina en casa, revisando planos, haciendo anotaciones, acotaciones. La luz del sol entrando por la ventana atravesando las cortinas blancas que las cubren, escucho pasos que se aproximan. Finalmente se detienen en la puerta de la oficina. – ¿Necesitas algo? Charly – pregunto sin levantar la mirada – Sí, necesito algo, pero no soy Charly - dice la voz, suavemente. Acariciando cada una de las palabras. Lentamente volteo hacia la puerta, me paralizo cuando veo la imagen que tengo ante mí. Es…Es Esteban. No logro articular palabra alguna, solo siento mis ojos llenarse de lágrimas, me levanto rápidamente para correr a abrazarlo y no se me escape de nuevo. Él me toma entre sus brazos y siento que mi corazón está entero de nuevo. Ninguno de los dos dice nada, estamos solamente ahí, parados en el umbral de la oficina, entrelazados uno al otro. – Te ves hermosa – habla Esteban, rompiendo en silencio que hay entre los dos – no llores princesa, me duele cuando lo haces – esas palabras hacen que mis lágrimas caigan incontrolables por mis mejillas. No puedo decir nada, el llanto no me lo permite. Despierto repentinamente dando un salto. Lágrimas corren por mis mejillas y estoy toda transpirada, mi pijama blanca sin mangas está totalmente empapada. Miro el reloj y no pasan de las 3 am. Me doy vuelta en la cama y trato de pensar que es lo que Esteban necesita. ¿Por qué ese sueño? Creo que va a ser una larga noche… Me levanto a la cocina para tomar un trago de agua. Desde aquel fatídico día, no he podido dormir una noche entera. Ya me acostumbré a dormir un par de horas al día...ya dominé el arte de funcionar con solo 4 horas de descanso al día… como máximo. Hago mi rutina diaria. Levantarme, lavarme los dientes, hacer ejercicio, bañarme, desayunar, ir a trabajar. Pero hay algo diferente aquí. Esteban. No dejo de pensar en él. No me puedo concentrar en la junta de información diaria, no tengo apetito, no quiero ver a nadie, bueno, eso no es nuevo, nunca quiero ver a alguien, me he cerrado por completo desde que no lo tengo a él. Él era mi luz, mi calma, mi todo. Cerca de las 10:30, el timbre del teléfono me saca de mis pensamientos. – Sra Ambroa, tengo una llamada para usted de Emilio Salvarote en la linea 2. – Ok, Ana, gracias. – ¿Hola? – Levanto el telefono para responder – Hola, soy Emilio. ¿Te gustaría hacer algo hoy? No sé qué decir, me molesta mucho no saber qué decir, de hecho, nunca me quedo sin palabras, pero con todo esto de Esteban y Emilio, no sé qué hacer… – Emm, tengo mucho trabajo hoy, ¿lo dejamos para otro día? – Bueno, está bien. Solo espero que no me estés haciendo a un lado… – dice rápidamente – em no, solo tengo mucho trabajo, te llamo después, adiós – cuelgo antes que pueda decir algo. No estoy segura de estar pensando bien las cosas. He analizado una y otra vez el sueño que tuve con Esteban y no he llegado a nada. Me gustaría saber qué es lo que quiere… Mensaje de texto de Emilio *Me encantaria verte pronto, me voy de viaje en unos días y voy a estar fuera varias semanas* Despues de leer el mensaje unas 30 veces, y pensar en qué voy a hacer con todo esto que estoy sintiendo, respondo: *realmente estoy muy ocupada, con decirte que solo tengo 1 hora para comer algo y seguir con el día.* Emilio: *1 hora contigo es mejor que nada, ¿te puedo ver?* Por lo que veo no va a bajar las manos tan fácilmente. Además, necesito seguir viendo si es un buen candidato para lo que quiero. Si no, tendré que regresar con Diego, mi antiguo s*x-pal y no quiero. Confirmo con Ana mi siguiente cita y noto que estoy libre 1 hora. *estoy libre de 1:30 a 2:30 si quieres venir a la oficina y compartir un sándwich de pollo conmigo, eres bienvenido* Emilio: *ahí estare, yo llevo el vino* Me hace sonreír, eso me recordo a alguien…Esteban y su vino. Llegada la hora, tomo mi bolso y me dirijo al comedor de la empresa que queda en el último piso del edificio. Estoy pidiendo un sándwich de pollo cuando suena mi celular. – Ana ¿qué pasa? – Sra. Ambroa, siento molestarla a la hora de su comida pero aquí hay alguien que insiste en que tenía una cita con usted. Le dije que no está registrado pero dice que usted hizo la cita. – ¿Su nombre? – Emilio Salvatore – dice toda apenada y sé que está sonrojada. – Em, sí, Ana, yo le dije que lo vería a esta hora, hazlo pasar al comedor. – ¿Al comedor? – pregunta desconcertada, supongo que es por que nunca me había visto comer con alguien más, al menos en el comedor de la compañía. – Sí, al comedor. – confirmo y cuelgo. Me dan mi sándwich de pollo y me voy a sentar a una de las mesas vacías junto a la ventana. Es un día hermoso, y con el skyline de la ciudad, es aún más espectacular. – ¿Alguien pidió vino y 2 copas para comer? – dice Emilio interrumpiendo mi vista panorámica a la ciudad. Volteo a verlo y quedo sin aliento con esa otra vista que él me ofrece. Chamarra de cuero negra con algunos cierres a la vista, playera blanca entallada, mostrando su trabajado y perfecto torso, un poco mas larga que la chamarra, unos skinny jeans negros y botas del mismo color. – Llegaste – logro decir una vez que recupero el aliento y le doy una sonrisa amable – Siéntate – señalo la silla frente a mí. – Esto parece un restaurante de estrellas michelin y no un comedor de una compañía – dice, mientras mira alrededor y abre la silla para sentarse en el lugar que le indiqué. – Sí, es bastante lujoso, creo que fue hecho para consentir a los empleados y que sientan que su trabajo es recompensado. ¿Qué quieres comer? – le paso la carta de las comidas que ofrece el comedor – pide lo que quieras, yo invito. – digo, tratando de recomponer mis pensamientos y volver a mi cara de poker. Me sigo preguntando por qué tiene este efecto en mí, si he estado con muchos chicos guapos, modelos y famosos y nunca se me aceleró el corazón como lo hace ahora. – Em, dijiste que compartiríamos sándwich de pollo, así que espero que me invites del tuyo. – dice con una sonrisa ladeada, una de esas tantas sonrisas que hacen que se me vaya la respiración. – ¿Es caro? – cuestiona – ¿Qué? – su pregunta me confunde. – Aquí, ¿Es caro comer aquí? – aclara – Oh no, bueno, los empleados de la compañía comen gratis, después de eso, funciona como un restaurante normal. – Me encuentro explicando, cosa que no es normal en mí. Definitivamente Emilio saca ese lado mío que hace mucho había enterrado. – ¿De nuevo vas a comer lo mismo que yo? – Es que confío en tu criterio gastronómico – dice sonriendo y sirviendo vino en las copas – Pensé que bromeabas con lo del vino. – Digo mientras lo veo servir el vino – ¿No te gusta el vino? – haciendo una pausa en el llenado de las copas, levantando la vista hacia mi dirección – No es que no me guste, simplemente no estoy acostumbrada a comer con vino… y menos en el trabajo. – ¿Te meteré en problemas? – No, supongo que solo hablarán un poco de que un amigo me trajo vino y compartió mi sándwich. – Espero que los jefes no se enteren, para que no tengas problemas – No te preocupes por eso – le digo mientras le pasó la mitad de mi sándwich de pollo, el cual es bastante grande. – Entonces, ¿Cómo ha sido tu día hasta ahora? – cuestiona mientras se lleva el sándwich a su boca. – Ocupado – tomo un sorbo de vino tinto, temperatura justa para tomar – Bueno, espero que tengas tiempo para relajarte, el vino podría ayudar con eso – Dijiste que salías del país, ¿Se puede saber a dónde vas? – mierda, ¿Por qué pregunto eso? va a parecer que estoy interesada en él... – A Italia, a ver a mis padres, además, es el cumpleaños de mi hermana menor y quiere celebrarlo con la familia junta, así que estoy obligado a ir. – Qué bien, ¿Por cuanto tiempo te vas? – pregunto mientras como un bocado – Esta vez me voy 3 semanas. Aparte del cumpleaños, tengo que ver lo de un traspaso de propiedad de una empresa de mi padre y quiero ver la forma de expandir el negocio familiar a algo internacional. Quiero iniciar tramites para poder comprar algo aquí... – Ah, que bien, entonces quieres ser hotelero internacional, y ¿Se puede saber qué quieres comprar? – Más o menos. Eso intento, he aprendido mucho de mi padre, pero me falta mucho por aprender. Me gustaría comprar el Hotel Bernard, me enteré que está en venta, y ahora que me estoy quedando ahí, veo que tiene potencial. Quiero hablar con los accionistas de la empresa sobre eso, creo que sería una buena adquisición. – El hotel Bernard es hermoso. Si no convences a los accionistas, te puedo presentar a algunas personas para que te puedan apalancar. – me arrepiento ni bien termino de hablar… Estoy tan acostumbrada a ver negocios en todos lados que me sale natural hablar de estos temas, pero no todos saben quién soy realmente, y me gustaría que siguiera así. De hecho, yo también había pensado en comprar ese hotel. Creo que Emilio tiene buen ojo para los negocios… – ¿Sabes de negocios? – Emilio me mira algo sorprendido – Solo un poco – miento – quizá podría enseñarte una cosa… o dos… – le sonrío guiñandole un ojo – Me gustaria que me pasaras toda tu sabiduría de negocios – me da una sonrisa hermosa, ladeando sus labios – no se si la llamaría sabiduría, de hecho es muy simple, si tienes información y sabes tratar a las personas, tienes el poder. – hago una pausa, debatiendome si seguir con lo que tengo en mente – Por ejemplo, tu compañia de transporte se beneficiaría si contrataras a un experto en conducta humana para entrenar a los vendedores a tratar con clientes descontentos. Se podría decir que es como un juego, si sabes lo que estás haciendo… – Un momento – dice Emilio interrumpiendome por completo, por dentro sé que va a preguntar que cómo sé de su compañía si él no me ha dicho nada… – ¿Cómo sabes que…? – me mira con sorpresa – Si tienes información, tienes el poder… – lo interrumpo, regalandole una gran sonrisa – O sea que ya sabes todo de mí – me mira expectante. Solo le sonrío – y ¿Cómo consigues información? – levanta una ceja – Preguntando a la persona correcta. – me limito a responder. Sé que he dicho demasiado, es hora de cambiar de tema. – Esa fue la primera lección, otro día seguimos con eso – sonrío y le doy el último mordisco a mi sandwich. – Tienes algo aquí, déjame ayudarte. – Emilio sonríe, toma una servilleta y me limpia la comisura de mi boca. Me paralizo al momento que su mano se acerca a mí, me hace sentir un poco incómoda, no estoy acostumbrada a esta clase de demostración de cariño en público. – Para la otra solo dime, no vuelvas a hacer eso por favor, me haces quedar mal – le digo mientras volteo a mi alrededor para ver si alguien nos vió, y para mi sorpresa, la mayoría de los empleados de la compañía está en el comedor. Justo hoy. Ahora. Y no creo que sea coincidencia…supongo que los chismes corren rápido aquí también. Cuando ven que los ví, rápidamente se hacen los locos mirando para cualquier lado…Creo que están sorprendidos de verme con alguien, ya que nunca me habían visto comer con otra persona. Cierro los ojos para calmarme y no gritarle a todos que se largaran. Cuando los abro, mi humor ha cambiado. – Disculpa, no era mi intención, es solo que me gustas mucho y no lo pude evitar – Emilio, ya habíamos hablado al respecto, por favor no insistas o esto termina aquí. - digo mientras lo miro duramente – Bueno, bueno, está bien, disculpa – dice levantando los brazos en forma de rendición – no lo volveré a hacer...por ahora... – Emilio… – Te voy a esperar Paula… – No lo hagas… Emilio hace una mueca, como una media sonrisa y dice – este sándwich sí que estaba rico – y ahora es él el que cambia el tema. – Y el vino lo acompaña muy bien, gracias – digo mientras agarro la copa para tomar el último trago del líquido restante. – ¿Quieres más? – pregunta Emilio. – No, gracias, tengo una cita en 20 minutos y no quiero que el alcohol me nuble las ideas. – respondo mientras miro el reloj. Wow, que rápido pasó el tiempo. – me debería ir a preparar para la próxima cita, te acompaño al ascensor – hablo mientras me levanto y Emilio hace lo mismo. – Está bien, no te robo mas tu tiempo, muchas gracias por dejarme acompañarte hoy. De verdad fue un placer – dice con un tono de voz dulce y me mira fijamente – se me van a hacer eternos las 3 semanas que estaré fuera. Yo no sé qué decir...de nuevo… mierda! Me está pasando muy seguido esto con Emilio, necesito poner mis patitos en línea y ser la Paula que soy ahora. Empezamos a caminar hacia el ascensor y lo siento cerca, me pone nerviosa estar cerca de él, despierta cosas en mi que hace tiempo no sentía. Al llegar a la puerta del ascensor lo despido con un beso, al acercarme, pongo mi mano en su hombro, el cuál se siente fuerte y puedo oler su perfume embriagante, y automáticamente cierro los ojos y respiro profundamente para intoxicarme de su aroma, él, me toca la cintura con una mano, y hace que me ponga más nerviosa. El beso en la mejilla duró más de lo que normalmente dura un simple beso de despedida. – Que tengas buen viaje - digo en un susurro – Gracias Paula, te veo en unos días… – imita el tono de mi voz Entra al ascensor y cuando se están cerrando las puertas, me da una maravillosa sonrisa que hace que mis bragas se mojen. Maldición. Regreso a la oficina y me ocupo en mis asuntos, en eso suena mi celular. Emilio: *De verdad, gracias por dejarme acompañarte, espero con ansias regresar y seguirte acompañando* El mensaje me sacó del trance en el que estaba y me saca una sonrisa… se que estoy cayendo, y no quiero. No puedo. No debo.
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