Cap 7. ¿Lo conozco?

2668 Palabras
Es sábado por la noche, y Rebe no deja de invitarme a salir con ella y Euge, obviamente no acepto, ya que socializar, no es lo mío. Después de un par de sesiones de autoplacer en la ducha con mi ultimamente mejor amigo, el señor Venoso, me voy a la cama, un poco más relajada, después de los eventos de esta semana…un par de idas a surfear, juntas, firma de proyectos, adquisición y fusiones de empresas, etc. No dejé de fantasear con Emilio mientras que el señor Venoso hacía su trabajo. Sus manos, sus brazos, su abdomen, esa deliciosa V que lleva al lugar más feliz que puede haber en un hombre. Antes de acostarme, miro el reloj, 10:30pm, lo tomo y pongo el despertador a las 5:30am por si llego a dormir hasta esa hora, cosa que dudo porque sé que no voy a dormir más de 4 horas. Abro el acolchado, lista a terminar este día, cuando suena un mensaje en el celular. Diego *¿Estás disponible?* Veo el mensaje y automáticamente sé qué es lo que quiere. Sexo. Diego es uno de mis ex compañeros sexuales. De hecho, ha sido con el que más tiempo duró el trato. Casi 3 años. Aunque hace tiempo se terminó nuestro contrato, nos seguimos viendo y cogiendo de mil formas de vez en cuando, siempre y cuando él esté libre de compromisos. Es difícil encontrar a ese alguien con quien hagas un click s****l, no siempre se encuentra a esa persona que sepa lo que hace en la cama. Hombres calientes, hay muchos, en cada esquina puedes encontrarlos, pero a alguien que sepa utilizar su m*****o, sus manos, sus labios, su lengua y hacerle sentir a la mujer placer verdadero… muy pocos. Diego es de esos pocos. Con su 1.79m de estatura, trigueño, ojos color miel, buen cuerpo y sobre todo, buen m*****o, podría decir que es excelente amante. Dudo en responder el mensaje. Sí. Necesito desesperadamente sexo real, necesito esa liberación orgasmica, necesito sentir esa electricidad corriendo por mi cuerpo al momento que llego al climax. Yo misma me genero orgasmos, pero no es lo mismo un juguete s****l a sentir un verdadero falo entrando en mí entre besos, jadeos y gemidos. Mientras leo el mensaje, me encuentro pensando en Emilio y al mismo tiempo me pregunto por qué pienso en él en este momento, si yo sólo quiero sexo y él aún ni sabe de mis planes. Tomo el teléfono y respondo. *¿En dónde y en cuánto tiempo?* Y es así. El compañero s****l. Sin saludos, ni flores, ni detalles. Sólo sexo, desenfrenado y caliente. Sexo sin comprometer los sentimientos. Diego *Cuanto antes mejor. En el lugar de siempre* *Perfecto. En media hora estoy ahí* Respondo y me levanto a cambiarme el pijama. Busco un bralette de encaje color petróleo y la tanga que hace juego, es lo que me gusta usar cuando tengo este tipo de encuentros. Me pongo una blusa blanca traslucida con un short de vestir n***o de talle alto que se amarra a la cintura y unos tacos altos para completar el look. Me arreglo un poco el cabello y salgo en busca de lo que tanto he estado anhelando, una buena cogida. Después de unos minutos de manejo, llego al edificio acordado, nuestro lugar de encuentros clandestinos. Un departamento que Diego compró hace tiempo, pura y exclusivamente para nuestros encuentros, solamente él y yo tenemos llave. Yo no quiero que venga a mi casa y tampoco quiero ir a la suya, no necesito que alguien nos vea juntos y tener problemas por eso. Busco la tarjeta de ingreso en un compartimento secreto del auto y entro al lujoso edificio. Esperando el ascensor en el espectacular lobby empiezo a pensar en lo que estoy haciendo. Mientras subo al penthouse pienso que si Emilio estuviera en la misma situación que yo estoy ahora, a punto de coger a otra persona, no me gustaría en lo absoluto. Y automáticamente me sorprendo de sentir esta clase de pensamientos, ¿Qué son? ¿Celos? ¿Qué mierda me está pasando? Me pregunto una y otra vez. Eso, por un lado, hace que esté más decidida a acostarme con Diego… Al principio tenía mis dudas, pero no puede ser lo que estoy sintiendo, la única forma que tengo de evitar estos sentimientos, es estando con una persona por la cual no tengo ningún sentimiento afectivo...más allá de la amistad. Parada frente a la puerta del departamento, tomo unos cuantos respiros profundos y paso la tarjeta por el escaner para abrir la puerta. – bip – hace la puerta indicando que tengo acceso y al abrirla me recibe una espectacular vista de la ciudad que hay desde aquí. El departamento está decorado de una forma muy varonil. Es todo madera, azul marino con detalles cobre. Mi equipo de diseño sí que es bueno. Entro y veo a Diego parado al lado del reproductor de música, supongo que quiere ambientar el lugar. No voy a negar lo sexy que se ve con esos jeans colgando de sus caderas, dejando ver su abdomen plano ligeramente velludo, aunque sin la deliciosa V marcada, esa que tanto me gusta de Emilio. ¡Maldición mujer! Deja de pensar en Emilio. Voltea a verme cuando nota que he entrado. Sonríe, dejando el control remoto sobre la repisa y camina hacia mí. Se acerca sin dejar de ver mi cuerpo, sus ojos dilatados revelan su deseo. Me toma de la cintura y me susurra al oído – te ves hermosa – y sin perder el tiempo entierra su rostro en la cavidad de mi cuello, besando ese punto sensible en mí, haciendo que salga un pequeño gemido de mi garganta. Ladeo mi cabeza para darle más acceso, empiezo a sentir cómo en mi interior se va formando ese deseo de sentirlo dentro de mí. Sus manos se mueven sin control tocando cada centímetro de mi cuerpo. Una de sus manos pasa por mi trasero, dándole un fuerte apretón, su otra mano en mi espalda baja, acercándome más a él. Pongo mis brazos alrededor de su cuello, mientras su boca tatúa besos desde mi clavícula, pasando por la mandíbula, llegando a mi boca. Sus besos son salvajes, hambrientos, sedientos, podría decir que agresivos. Muerde mi labio inferior, y yo hago lo mismo cuando sus dientes me liberan. Comenzamos a caminar hacia la recamara, sin separarnos. Mis manos bajan por su pecho hasta llegar al borde de su jean. Sin romper el beso salvaje, desabrocho el botón del pantalón y bajo el cierre y él hace lo mismo, me quita el short y saca mi blusa. Veo sus ojos brillar a la vista de la ropa interior que traigo. Sé que el bralette es su prenda favorita, y a decir verdad, la mía también, me hace sentir sexy. Se relame los labios y sus manos comienzan a trabajar en quitar mi ropa interior, cierro los ojos y me dejo llevar por las sensaciones que estoy sintiendo en este momento. Diego acaricia uno de mis pechos, mientras su boca viaja al otro. Lamiendo, mordiendo, chupando fuerte, para luego, hacer lo mismo con el otro. Mis dedos se enredan en su cabello n***o y tiro mi cabeza hacia atrás. Jadeos y gemidos son el principal sonido que hay, acompañado de la suave música de fondo. – Acuéstate – ordena Diego, y lo hago. Noto que saca el preservativo de su bolsillo y lo tira sobre la cama, se quita el pantalón y el bóxer, dejándome ver su erección a todo su esplendor. Se echa sobre mí y me sigue besando como si no hubiera mañana. Con él siempre ha sido así, todo intenso, y a decir verdad, no me importa, no estoy buscando caricias, ni suavidad. Sólo sexo, y él sabe darmelo. Baja lentamente por mi cuerpo con sus besos. Se estaciona en mis pechos de nuevo, me arqueo cuando muerde uno de mis pezones mientras pellizca el otro, la sensación es extaciante. Sigue su camino, pasando por mi ombligo, dejando rastros de sus dientes por mi abdomen y llegando a mi vulva. Yo le doy acceso a mi monte de venus totalmente depilado abriéndome para él – me encanta esta vista – declara alzando la mirada y nuestros ojos se encuentran. En ese preciso momento Emilio se me viene a la cabeza. Mierda. Concentrate Paula, concentrate. Cierro los ojos cuando Diego pasa su lengua por la entrada de mi entrepierna y suelto un gemido fuerte. Sabe lo que deseo, sabe que una de las cosas que más disfruto es el sexo oral. Chupa, lame, muerde, como si fuera el dulce más rico del mundo – sabes a gloria – dice, y mis manos van a su cabeza y empuño su cabello mientras la cara de Emilio se viene a mi mente. ¡Carajo! Trato de sacudirme el pensamiento y concentrarme en lo que estoy haciendo. No logro hacerlo, así que me imagino que Emilio es el que está ahí abajo, dándome placer con su boca, bebiéndose todo mis jugos sexuales y me exito mucho más. Emilio mete uno de sus dedos en mí mientras me sigue devorando como un lobo hambriento de mí y me arqueo por la sensación que me está dando, muerdo mis labios para no gritar de placer. Chupa, succiona, y muerde mi clítoris al tiempo que introduce dos dedos en mí y con la otra mano agarrando uno de mis pechos con fuerza. – estoy cerca – logro decir entre jadeo y jadeo. Deja mi clítoris por un segundo para mordisquear cada labio de mi intimidad, yendo y viniendo de un lado a otro, mezclando mordiscos, lamidas y besos, disfrutando cada centímetro de mí – dime lo que quieres – escucho la voz de Emilio decir entre lamida y beso en mi parte baja, vuelve a mi clítoris y lo devora como si no hubiera mañana – sigue, sigue así – susurro, disfrutando esta sensación de ser poseída por él. Vuelve a meter dos dedos en mí y succiona el clítoris – ah sí, así – y ya no puedo más – me voy a venir – digo al tiempo que abro más las piernas, dándole acceso total a mí. Segundos después me vengo en mil explosiones. Cuando estoy bajando de esa montaña rusa orgasmica, abro los ojos poco a poco para ver la cara de Diego viniendo hacia a mí – mi turno – dice sonriendo y es ahí cuando recuerdo que no estoy con Emilio, es Diego. Me besa apasionadamente, dejándome sentir mi sabor en su boca, antes esto me excitaba más, pero ahora, mi cabeza se ha ido a otro lado, se ha ido a Italia, en donde hace casi dos semanas está Emilio. Diego agarra el pequeño paquete plateado y lo abre, sacando el preservativo y poniéndoselo. Se posiciona de rodillas en medio de mis piernas y abriendo un poco mis labios, comienza a enterrar lentamente su grueso m*****o en mí, al tiempo que veo su cara y su mirada en mi rostro. – Necesitaba esto, te necesitaba, te extrañaba – dice cerrando los ojos y suspirando, mientras entra por completo en mí. Se me hace extraño que diga esas palabras ¿Me necesitaba? ¿Me extrañaba? A lo mejor estoy pensando demasiado. Yo estoy excitada, sí, caliente, sí. pero ya no es lo mismo. En el momento que abrí los ojos y vi que no era Emilio quién estaba entre mis piernas, se fue toda la magia. Diego se tira sobre mí con sus antebrazos a mis costados y comienza a entrar y salir de mí a la vez que besa mi cuello, mi oreja y mis labios. Ese buen amante que siempre dije que era, ya no lo siento, hoy, solo quiero que termine para poder irme...y terminar definitivamente con estos encuentros. – Date vuelta – me dice y yo obedezco al instante, no quiero ver su cara, necesito imaginarme la de Emilio. Emilio en mí, es lo único que pienso, cogiéndome en todas las posiciones posibles...pero me pregunto ¿Cómo será su desempeño en la cama? ¿Qué tipo de amante será?. Después de unas cuantas arremetidas, escucho un gruñido fuerte y unas cuantas embestidas más y sé que Diego ha terminado. Por fin me puedo ir. Sale de mí y se acuesta a mi lado, pasando su brazo por detrás de su cabeza. – ¿Estás bien? – me pregunta – te sentí rara Sonrío – Soy rara – digo sin dejar ver lo que realmente siento. Porque esa es mi especialidad, guardarme todo. – Es verdad – responde con una risita contenida. – ¿Todavía no tienes un s*x-pal? – pregunta. – no, no estaría aquí si lo tuviera… ¿recuerdas? – Claro, es verdad. ¿No tienes nada en puerta? – No había visto potencial en alguien, hasta hace poco – respondo mientras me levanto de la cama buscando mi ropa para vestirme. Necesito irme de aquí. – ¿Lo conozco? - pregunta interesado. Volteo a verlo con una ceja levantada – ya sabes las reglas. Sin nombres – le digo mientras me pongo la tanga – tenemos muchos años haciendo esto. Creo que esta es la última vez que nos encontramos. – declaro, mientras me termino de vestir. Lo que acaba de pasar me ha abierto los ojos, no necesito seguir teniendo este tipo de encuentros con él, sospecho que él tiene otros motivos para seguir viéndome, y realmente no me interesa. – ¿Por qué dices eso? ¿ya no te satisfago? sabes que me lo puedes decir – dice apresuradamente. – Por favor, no hagamos esto ahora. Después hablamos. – digo al tiempo que me pongo los zapatos y salgo para irme. Cuando estoy a punto de llegar a la puerta de entrada, siento su mano sobre mi brazo. – Espera, no te vayas. – Volteo a ver en donde tiene su agarre y levanto la mirada para encontrarme con sus ojos suplicantes. Al momento que se da cuenta de la dureza de mi mirada, suelta su mano rápidamente. – lo siento, no fue mi intención...so...sólo no quiero que te vayas así – me dice mientras se pasa sus manos por su cabello. – No vuelvas a tocarme – digo entre dientes, en verdad, ese arrebato me enfadó – te dije que hablábamos después, y después será, ahora tengo cosas que hacer – termino de decir, abro la puerta y salgo del departamento. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué me está pasando? ¿Qué le pasa a Diego? Nunca había actuado así. Llamo al ascensor repetidas veces mientras no dejo de pensar en que, una noche que se supone que tenía que terminar con buen sexo y relajada, la termino confusa y encabronada. Se abren las puertas del ascensor, entro y mantengo oprimido el botón de cerrar puertas. Cuando están a punto de cerrarse por completo, veo a Diego intentar pararlas, pero no lo logra. Llego a la planta baja y camino rápido al auto, deseando que Diego no me haya seguido hasta aquí. Me subo rápido al auto y me voy a casa. Me doy una ducha rápida para sacarme el olor a él, a Diego. Antes no me importaba, pero ahora quiero borrar sus besos de mi piel. Después de unos minutos más, me voy a la cama a procesar lo que ha pasado. El reloj marca la 1:25 am. – Después de todo,sí me va a servir la alarma – digo. Veo por última vez el celular y veo que hay notificaciones. Diego *13 llamadas perdidas* Diego *5 mensajes nuevos* Emilio *1 mensaje nuevo* Se me paraliza el corazón por un momento al ver el mensaje de Emilio. Borro los mensajes de Diego sin siquiera abrirlos, no quiero saber nada de él por ahora. Abro el mensaje de Emilio. *Espero no despertarte. Sólo quiero desearte un buen domingo y decirte que voy a regresar el miércoles a la noche. ¿Desayunamos el jueves?*
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