Pone la punta de su pene en mi entrada, haciendo un poco de presión para que entre solo la cabeza, y solo ese acto me da tanto placer. – Oh sí – jadeo – dame más, Emilio, dame más – ruego y él obedece. Comienza a entrar lentamente, abriéndose paso en mí. Su gran y grueso pene entrando casi por completo, haciéndome sentir llena de él. – Ah sí, que rica v***a tienes – suelto, jalando las ataduras que me restringen. Su torso baja hacia mí, su boca sobre la mía, besándome salvajemente. Baja a mis pechos y mordisquea mi pezón y lo lame tan eroticamente para después pasar al otro. Se queda quieto por unos segundos pero yo necesito su movimiento, su roce. Mis caderas comienzan a moverse para tratar de aliviar el fuego que siento por dentro y él lo entiende. Él malditamente lo entiende y se empie

