Tate Jackson

722 Palabras
    Abrí la pesada y metálica puerta grisácea. Viendo al conjunto de secretarios y algún que otro profesor, caminando alterados, con velocidad por el miedo a que suene la campana y no estén presentes en sus respectivos salones, dejando a los típicos alumnos molestos en su propia libertad, siendo capaces de romper una pared.     — Permiso. — susurré con la cabeza gacha y mordía mi mejilla interna teñida de rosado. — Jayden Grey. — me nombré, esperando respuesta de un adulto responsable, si así le podíamos llamar.     — El alumno nuevo. Ven, pasa. — me dijo una de las secretarias, dejando su escritorio libre y moviendo una silla con el pie al pasar, sentándose ella en su respectivo lado de la mesa y señalando con la cabeza que era libre de acompañarla     Mientras esta sacaba algunos papeles de una carpeta color madera, una roja reposaba sobre la mesa. El tono llamaba mi atención, mis ojos se fijaron en ella, y entre un par de movimientos entre los papeles, por arte de magia se abrió la tapa, un expediente estaba suelto por lo que ajusté todavía más la vista.       Mi atención, como siempre, era increíble. Aquel expediente era del chico que me había cruzado minutos antes, podía ver como se señalaba con tinta fluorescente el nombre, “Tate Jackson” no era malo para un chico un tanto peculiar. No podía ver mucho de la foto en el papel, solo la piel bien señalada y un poco de movimiento, como si la tinta no hubiese sido mucha logrando que se imprimida lo que quiera.     Devolví mis ojos a la mujer frente a mí, ahora tenía medio cuerpo encorvado buscando entre los cajones del escritorio algo, no me importó mucho lo que sea, sólo me quedé al molde mirando mi alrededor con expresión neutra y haciendo algunos pucheros aburridos. Mentalmente me discutía sobre si ver mejor el expediente, pero decidí que era cosa innecesaria, ¿para qué?     — Y dime, ¿por qué decidiste cambiarte de institución? — preguntaron de golpe, pegué un pequeño saltito en la silla por la sorpresa. Volví a mirar a la secretaria, ahora tenía los codos sobre la madera con algunos papales bajo el codo y no muy lejos una lapicera, su rostro estaba ubicado entre sus manos y me miraba con total atención, siguiendo cada paso que hacía con los ojos. Un poco tétrico.     — ¿Disculpa? — respondí en forma de pregunta, no había escuchado muy bien, y me sentía un poco nervioso bajo una mirada tan atenta, por favor es innecesarios esto.     — ¿Alguna razón en especial por el cambio?, aquí dice que tu familia se mudó recientemente, ¿es verdad? — sonrió. Si lo dice un expediente, será por algo, ¿no? Acaso era tonta o se hacía, no quería empezar con malas vibras el primer día, suficiente tuve con todo el mini escándalo de antes.     — Sí, es correcto. Nos mudamos sin ninguna razón en especial, sólo… quisieron. — confesé, sacando importancia al asunto.     — ¿Te molesta o algo parecido, la mudanza? — su cuerpo cambió de posición, ahora sujetaba la lapicera y movió un poco los papeles, como si empezará a escribir un par de cosas en él.     — No, la verdad que no. Me daba muy igual. Considero poco relevante hablar de ellos. Sólo se mudaron, y los acompañé. ¿Hay algún tipo de problema? — la mujer sonrió y negó con la cabeza — Eso esperaba, tengo un expediente muy bueno, mis notas son respetables y mi conducta bastante buena. No veo razón para seguir hablando de esto. — estiré el cuello a un lado, y la volví a mirar. La mujer frente a mí bajo la mirada, tiró una de las comisuras de sus labios a un costado y siguió escribiendo.     — Disculpa, — dijo luego de unos segundos. — no era mi intención hacerte sentir incómodo o algo parecido, sólo preguntaba para terminar el formulario de la consejera. — moví la mano de mi regazo, dando señal de que no había importancia en el asunto. — Ya está, el resto lo terminaré luego. Ven, te acompañó a tu salón de clases. — se levantó rápidamente y señaló con la cabeza para que la siguiese.     — Enhorabuena, gracias. — dije irónicamente, levantándome y marcando bien el ruido de la silla contra las baldosas. Agarré mi mochila del suelo y la seguí. No tenía intenciones de despedirme del resto de vejestorio dentro de esa sala.
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