Cómo bien esperaba, nunca habían comenzado las lecciones. Aunque el profesor se había sentado en el escritorio para comenzar a dar alguna charla, los alumnos picarones típicos, fueron a darle conversación trivial, distrayéndole de la función que debía cumplir. Increíble jugada.
Había sonado el timbre del comienzo de receso, con los ojos un poco cerrados, pasé el puño de mi campera sobre mis párpados. Me incliné sobre mi silla con la intención de agarrar alguna de las correas de mi mochila para buscar el dinero y comprar, pero grande fue mi sorpresa al no encontrarla. ¿Dónde estaba mi mochila?
Levanté un poco más la vista, buscando alguna señal en aquella aula. En el umbral se encontraba Camero, apoyado contra el marco, los brazos cruzados y una gran sonrisa, los hoyuelos bien marcados y el mentón en alto, típica postura de superioridad.
— ¿Qué sucede, chico nuevo? — preguntó con la voz en alto y gracia. — Parece que has perdido algo, ¿puede ser? — soltó una risa grave, inclinó la cabeza hacia el suelo y movió una de las piernas como si estuviese pateando alguna basurita.
— ¿Qué has hecho? — me levanté de la silla de forma un poco brusca. Me preocupaba el paradero de mi mochila. Llegar a una nueva institución y que te escondan las cosas, no hacía buena imagen, hasta me ponía los pelos de punta.
— No me da mucha gana decirlo, total es una broma. — sonríe, levantando los hombros y dándose media vuelta para desaparecer por la puerta.
Caminé hasta la puerta, justo al lado de ella estaba aquel chico llamado Tate abrazado a una chica, enarcó las cejas al verme y automáticamente miró al otro chico, Cameron sólo rodó los ojos y señaló el bote de basura que estaba frente a ellos.
— Estás de broma. — susurré, haciendo movimientos con los dedos para estirarlos.
— Cameron, ese tipo de bromas son buenas entre compañeros, no entre desconocidos. — parecía que Tate tenía algún tipo de conciencia, y por la forma que le había hablado, sonaba más a un sermón a que una broma.
— Ya, pero me molestan los agrandados como él, ya sabes. — levantó los hombros y llevó las manos a su nuca, marcando los músculos de sus brazos.
— Me vale. Es nuevo, este tipo de bromas son un poco desubicadas… — decía suavemente, sonrió y prosiguió — la hubieras tirado por la ventana si querías hacerle pasar un mal rato, no a la basura, ahora tendremos que soportar ese olor en el aula. ¿No piensas? — llevó una mano hacia su frente para masajearla, a la par que abrazaba de los hombros a la otra chica y se iban caminando por el largo pasillo.
— Pero no entiendo, Tate… — levantó la voz Cameron, mientras tanto yo me acercaba lentamente al bote para ver la mochila no muy lejos, casi no tenía nada sobre ella, pero vete a saber que había en el fondo. — ¿Eso es señal de que puedo tirar la mochila por la ventana? — preguntó.
Tate se giró un poco, soltó una carcajada gruesa y contestó: — Has lo que quieras, es tu vida.
— Esto es genial. — dijo Cameron.
Mientras intentaba sacar la mochila, sin tocar ningún desecho, Cameron me dio un suave empujón, no tan fuerte pero lo necesario para apartarme, y rápidamente jaló de una de las correas, dando el aventón para tirarla por la ventana sobre él, y lográndolo.
— Bienvenido, chico nuevo. — invitó Cameron, sacudiendo sus manos como si la labor ya se hubiese terminado, y caminó a la misma dirección que Tate.
Me asomé un poco por la ventana, viendo mi mochila en el patio y un montón de personas alrededor, junto a una secretaria que indicaba que se alejen a la par que la sujetaba.
— Increíble mierda. — susurré contra el vidrio, dando un pequeño golpe contra él y sintiendo mis mejillas arder.
— Pobre chico, Cameron siempre se pasa con sus bromas. — dijo una chica que pasó por detrás mía.
— Deberían echar a Cameron, siempre hace las mismas cosas y nadie lo llama, no está bueno que reciban de ese modo a alguien nuevo. — le respondió otra chica.
— Hey, ¿necesitas ayuda? — preguntó otra, que se había acercado a mí con los ojos preocupados, colocando una de sus manos sobre mi hombro, mirándome con total atención.
Aquella chica era hermosa, tenía el cabello rubio claro hasta el mentón, dividido en dos y unos aretes bastantes largos, los labios carnosos y tintados en rosado acompañado de las mejillas sonrosadas. Era hermosa no importaba por dónde la vieras.
— No le prestes atención a Camero, es un pesado. — sonrió la chica, mientras miraba por la ventana y enarcaba las cejas. — Venga, te acompaño a buscar tu mochila, el receso está por terminar y seguro que tienes hambre. — movió la cabeza a un lado, invitándome.
— Okey, gracias. — sonreí. — Por cierto, soy Jayden.
— Un gusto Hayden, soy Harper. — sonrió y seguimos caminando.
Por lo menos había sacado algo bueno de todo esto: Un grupo de chicas se preocupó de mí, y otra guapa me habló. No era nada malo.
Gracias, Tate.