Cuando ella volvió después de almuerzo, yo estaba trabajando en la presentación de la empresa “Mares”, algo extraño había con esa presentación, pero como no podía concentrarme por pensar en las últimas palabras de Carolina, no lograba descubrir lo que era. Debo decir que, aparte de no poder concentrarme por las palabras de Carolina, me costaba saber que estaba ahí y no poder verla, hablarle, tomarla en mis brazos y llevarla a casa, conmigo. No la miré en toda la tarde, primero, porque no podía caer en la tentación de hablarla si ella pensaba que yo era el peor hombre que pisaba la tierra, y segundo, porque no quería que siguiera asustada de mí, no quería otra secretaria, la quería a ella, y si debía callarme la boca y no mirarla ni hablarle más de lo necesario, lo haría. Seguí miran

