Esa noche la cena de en la casa de los Weasley fue de más tensa de lo que pudieran imaginar. Harry volvió a tener la personalidad oscura e introvertida que solía mostrar cada de día de los que vivía en París. Cho comía remilgadamente, pero no dejaba de mostrar una actitud despectiva a la hora de llevarse el tenedor a la boca, como si estuviera a punto de vomitar debido al asco que le causaba la cena que había preparado tan diligentemente la señora Weasley.
Esta, al ver la expresión de la invitada no dejaba de resoplar y murmurar cosas negativas hacia la novia de su Harry. Harry solo se dedicaba a comer, realmente avergonzado con la forma de comportarse de Cho. No entendía por qué, siendo una mujer de mundo y educada, tenía esa actitud tan negativa hacia los que él mismo consideraba su familia. En algún momento tuvo la intención de levantarse de la mesa, tomarla de un brazo, pedir disculpas y largarse de allí.
Pero entendió que eso era lo que realmente su novia deseaba, lograr que él se cansara y se fueran a París. Allí seguramente lo ablandaría con besos y caricias, y todo quedaría olvidado. Y ella ganaría una vez más... Apretó con fuerza los cubiertos. Esta vez no iba a hacer lo que ella quisiera. Esta vez, nada iba a lograr que saliera de la casa de su familia. Pero por ahora se mantendría en silencio.
Por ahora, soportaría los desplantes de Cho… hasta que el vaso se rebasará, y entonces su superficial novia iba a conocer al verdadero Harry. Miró a sus amigos. Ninguno le miraba, al parecer disconformes con la invitada de honor. Ron Y Hermione, tan atentos con él los días anteriores, esa noche ni siquiera entablaban una conversación. Era de suponer si miraba hacia donde estaba su compañera de juegos.
Ginny estaba que ni la calentaba el sol. Hermione y Ron, sabiendo de la personalidad de la pelirroja y buscando mantener la paz, trataban de divertir a Ginny que lo único que hacía era morder el tenedor de la inmensa bronca que le causaba que esa chica estuviera ensombreciendo a su amigo. La actitud de Ginny según ella estaba totalmente justificada. "Estúpida agrandada" pensaba hecha una furia en su interior. No podía entender como Harry amaba a esa mujer tan fría y deseaba tenerla a su lado, siendo tan opuestos.
Luego justificó su relación aduciendo que ellos solo estaban juntos por la química, lo físico… pensó en el imán, y en cómo los polos opuestos se atraen. Aun así no podía entender que esa mujer estuviera junto a Harry en su casa… y de acuerdo a como Harry la estaba mirando, con ganas de ahorcarla. ¿Y ella? Tranquila, demostrándoles a todos que estaba allí haciéndoles el favor de regalarlos con su estupenda presencia. Bufó… ¿Cómo podrían amarse mutuamente, si a simple vista parecían repelerse? Volvía a morder el tenedor. Miraba a Harry y lamentaba la mirada dura de su amigo. No quedaba ni la sombra del alegre muchacho que llegó hace una semana y con el que pasara siete días de constante diversión.
Hermione la distrajo moviendo la mano delante de su cara. Ginny se sobresaltó y la miró. Hermione sonrió. De alguna manera su mejor amiga la calmaba. Le devolvió la sonrisa. Estaba feliz de que Ron haya por fin la haya atrapado, y así esa hermosa amistad que había cultivado con Hermione, en un futuro no muy lejano se convertiría en hermandad. Miró a la novia de Harry. Lástima que el cariño por Hermione, no podía sentirlo hacia la yegua de Cho. Nunca podría verla como una hermana. No por la forma en que hacía sufrir a Harry. Miró preocupada a su otro "hermano." El postizo, el que últimamente la ayudaba a salir a flote cuando soñaba con el bastardo de Riddle. Lo miraba con ternura y pensaba "diablos, Harry, si pudiera hacer un maleficio para cambiar a esta tonta Barbie, y darte una chica que te haga inmensamente feliz…" suspiró.
- ¿Ginny me pasas la ensalada? - dijo Ron. Y ella con la mirada fija en el nuevo huésped, tomó la ensalada y la pasó hacia donde estaba Ron. Instantes después escuchó la risa de todos los presentes, Harry incluido. Al mirar a su pelirrojo hermano, vio como le había alcanzado la ensaladera: Ron tenía toda la lechuga desparramada por la cabeza y los hombros. Ginny solo murmuro un lo siento y luego comenzó a reír. Harry vio la escena y también rió. Y Ginny pensó "Se hizo el milagro", Harry había demostrado que vivía por primera vez desde que su novia estaba a su lado.
Los días siguientes también fueron para Harry igual de aburridos. Se la pasaba detrás de Cho, que solo se dedicaba a leer libros de super importantes autores, que Ginny no cría que la descerebrada oriental los entendiera. Un día la sorprendió leyendo un libro de Osho, y le preguntó cual era el mensaje que dejaba el autor, a lo que la muchacha, roja de vergüenza, solo farfulló una sarta de idioteces que a Ginny se le hizo sacadas de un comentario del Quisquilloso, revista del padre de su amiga Luna Lovegood.
Las noches, para desgracia de Harry, tampoco resultaban las ideales, si de su novia dependían. Cho se la pasaba refunfuñando por la incomodidad de la cama, la dureza del colchón, que la ventana no era lo suficientemente grande para refrescar esa caja de zapatos, que hacía demasiado calor, que la cama es pequeña… y que el agua de la ducha no era lo suficientemente fresca para sacarse el agobio que esa casa le deparaba, etc., etc., etc… Y Harry en un esfuerzo descomunal para no perder la paciencia terminaba durmiendo sobre unas frazadas mal acomodadas, y soportando la dureza del suelo, abrazado a la inexpresiva compañía de una almohada.
Harry estaba seguro que si la forma de ser de su novia, no cambiada al menos un poco, la relación se iría al diablo.
Ginny tampoco la pasaba bien. Las pesadillas volvían una y otra vez noche tras noche, pero sus ocasionales salvadores de sueños, estaban ocupados con sus parejas, por lo que ella había optado por permanecer despierta toda la noche, acurrucada en su cama mirando la luna por la ventana. Se preguntaba por qué tenía que padecer esta cruz de soñar con alguien que ya no podía hacerle nada. Se golpeaba la frente dándose ánimos.
"Vamos Ginevra, es un sueño… ¡tan buena Gryffindor resultaste, te atemoriza un estupido recuerdo! ¡Pero fue uno de los peores! Sí, pero luego luchaste y lo vencimos, porque tu ayudaste a Harry… Aun así, todavía le temo."
Pasaba toda la noche en vela y únicamente con el sol asomando tibiamente por la pequeña ventana, ella lograba conciliar el sueño.