Luego de cambiarse y ponerse un par de jeans viejos y una remera algo holgada y desgastada, Harry se dirigió a los jardines de la casa para ayudar con los preparativos. Ginny, Charlie y Bill, no paraban de gastarle bromas respecto a lo "estupendamente crecido" que estaba, de lo increíble de sus músculos abdominales, lo increíble de su altura, cuando pensaban que solo iba a crecer solo dos pulgadas… bromas a las que Harry respondía con solo bufidos, pero que al final reía junto a ellos.
Luego de desnogmizar el jardín, tarea asignada al huésped y Ginny, y que estos para divertirse hicieran una competencia, la cual ganara Harry, como decía Ginny sólo por un puñetero gnomo, cortaron el césped. Harry pasaba la cortadora. Molesto en un momento imaginó que el aparato estaba bajo los hechizos del señor Weasley, porque luego de unas cuantas vueltas, comenzaba a emitir unos sonidos extraños, parecidos a un motor ahogado, e instantes después, comenzaba a escupir pasto hacia el que la usaba. Ginny comenzó a reír y escuchar esa risa tan contagiosa, corroboró sus sospechas. Pero ya era tarde, Harry estaba verde, pero de los restos de la grama. Bufó molesto mientras escupía pasto, y trataba de arreglar la máquina infernal.
Ginny había hecho un párate a sus asignaciones en busca de sándwiches y jugos para los trabajadores. Charlie y Bill, aprovecharon para ir a sus casas a almorzar, por lo que Ginny y Harry decidieron comer debajo del árbol que estaba cerca del estanque. Ginny estiró en el suelo un pequeño mantel donde dispuso los platos con los emparedados, la jarra y vasos con zumo de calabaza. Harry se lavó las manos en el estanque mojándose el cabello, y dejando chorrear el agua. Cuando llegó cerca de su amiga se sacudió mojándola completamente, Ginny, lejos de enojarse por la actitud de su amigo, le tiró con un sándwich, riendo a carcajadas. Harry se recostó en el árbol, apoyado en el hombro de Ginny.
- ¡Vaya, estos emparedados están riquísimos! – dijo mordiendo uno de jamón y queso – dile a Molly que le agradezco… - suspiró complacido - realmente me moría de hambre.
- ¡Ey, desagradecido! – dijo ella sonriente - yo hice los emparedados, porque mi madre se fue al pueblo. – Él la miró interrogante - necesitaba insumos de urgencia.
- ¿Así que estamos solitos, ángel? – dijo sonriendo y moviendo las cejas, haciéndose el seductor.
- Oh, vamos, Harry… - dijo chasqueando la lengua - ¿crees que tú me harías algo? – Harry rió, y se enderezo para tomar zumo. – si como no… tú haciéndote el pervertido conmigo. - agregó dándole un suave codazo cariñoso.
- ¿Dime linda, Ron no se dejará ver por aquí? – preguntó.
- No lo sé… – respondió, tomando jugo – Últimamente mi hermano es muy impredecible… - y luego lo miró - ¿Qué hay acerca de Cho? – Harry se puso serio y tomo un pastel de carne, lo metió en la boca y tardó en responder.
- ¿Qué hay con Cho? – dijo devolviéndole la pregunta.
- Tú sabes… ¿por qué no te acompañó? ¿Va a venir más tarde? – la pelirroja parecía detective.
- No, no va a venir – dijo secamente y con la mirada perdida en el estanque. – Tiene cosas que hacer… y las cosas le están yendo demasiado bien en Francia, por lo que casi todo el tiempo está ocupada… - Ginny pareció entender porque no preguntó más. Luego Harry suspiró profundamente – Realmente extrañaba el aire de la madriguera… el campo es un lugar para permanecer, no solo para pasear. París es una ciudad que nunca duerme.- Esto lo dijo con reproche-
- Pero Harry, debes ser increíblemente divertido salir todas las noches. Asistir a todos esos clubes, pubs, discos – Harry la miro sorprendido. – la gente que viene y va… los museos, los castillos… bailar, pasarla en grande…
- No pensé que te gustara ese ritmo de vida – Ginny se sonrojo.
- No, no pienses mal, – le acarició el cabello mojado – pero de vez en cuando…
- Si, tienes razón, pero cuando vives con la reina de las fiestas… - Entonces, Ginny comprendió que eso era lo que le molestaba de Cho.
- Harry no tenía idea que tú y Cho estaban mal… - Harry la miró a los ojos. Y por un momento se le pasó por la cabeza que ella podía hacer legeremancia. O quizás era tan transparente su mente que ella podía adivinar lo que sentía.
- No es eso…
- Vamos Harry, te conozco mejor que a Ron. No puedes negarme que tu y tu novia están en crisis. – ella rió nervioso, para salir de ese momento tan incómodo.
- ¿Leyendo Psicología barata de revistas muggles, Ginevra? – dijo enderezándose nuevamente, y tomando un pastel de chocolate. Ginny chasqueó la lengua – No, no estamos en crisis, solo que a veces, creo que no tenemos los mismos… - la miró – a veces… no congeniamos con alguna que otra opinión… eso es todo.
- Harry, - dijo con un tono suave y acariciándole la mano - sería aburrido que ella y tú hagan, sientan y piensen las mismas cosas. Mira a Ron y Hermione…
- ¿Qué hay con ellos?
- Oh, por Merlín, tú has cursado la escuela junto a ellos… sabes cómo son cada uno – dijo - Son el día y la noche y si somos honestos nunca, en mi más loca imaginación, hubiera pensado que esos dos terminarían juntos. – rieron - ahí las ves, no pueden estar el uno sin el otro. Se complementan. – lo miró inquisitivamente - ¿Qué hay de tú y Cho? De seguro deben tener alguna cosa en común… algo que los complemente y… - él la interrumpió.
- ¿Cómo quieres que lo sepa, si no congeniamos ni siquiera en nuestros horarios? – Ginny abrió la boca para decir algo, pero prefirió permanecer callada. Harry no soportando esa mirada de compasión de su amiga, se levantó y acercándose al estanque, comenzó a tirar piedras al agua – cuando estoy en casa, por la mañana, ella está de compras o en los centros comerciales, o con amigas. Y cuando estoy en casa a la noche, y quiero pasar un rato con ella, hablar… o simplemente estar, Cho quiere ir a las discos, y pasar de fiesta en fiesta. – la miró algo desilusionado - y yo no quiero eso Gin… no me gusta esa vida demasiado superficial.
- Eso está bien, digo, que no te guste su ritmo de vida, pero… ¿Y alguna vez trataste de decírselo, Harry? – El la miró. Tenía razón. El nunca lo discutió con su novia. Negó con la cabeza – Entonces, querido amigo Harry, creo que deberías mandarle una lechuza diciéndole que se venga para aquí. – Se detuvo un momento – aunque nosotros no le caigamos bien.
- ¿Qué dices?
- Vamos Harry, no hay que ser adivina para saber lo que piensa tu querida noviecita de nosotros.
- Yo… - Ginny rió, Harry entonces sin pensarlo y con ganas de divertirse, la alzo ignorando los ruegos de Ginny para que la suelte.- Ya está bueno de psicoanalizar mi vida, y soportar tus consejitos de nena sabionda… ahora a lo que vine, a divertirme. - y sin mas se tiró al estanque con ella en brazos, y chillando divertida.
Harry decidió seguir los sabios consejos que le diera Ginny y después de terminar las tareas que le asignaran, le mandó a Cho una lechuza, diciéndole cuanto la extrañaba, y lo estupendo que sería pasar unos días juntos, e invitándola para que viniera a su lado en cuando pudiera.
Ya por la tarde el jardín estaba espectacularmente bello, para festejar a la menor de la familia. Harry y todos los hermanos Weasley se habían esmerado mucho en dejarlo en óptimas condiciones para la cena. La enorme mesa familiar estaba vestida con un mantel blanco, y a lo largo de ella habían puesto floreritos con jazmines y fresias, las flores favoritas de Ginny. Todo el perímetro estaba iluminado por farolitos blancos y amarillos, dándole al jardín un aspecto cálido. Harry se había desaparecido de la madriguera, llegando a tiempo para darse un baño y cambiarse.
Cuando bajó, Ginny lo esperaba cerca de la chimenea de la sala. Estaba a ver de Harry bonita. Tenía un vestido veraniego de color blanco y se había atado su larga cabellera rojiza en una simple coleta. La chica lo miró y silbó como aprobando la elección de Harry: jeans azules oscuros y camisa blanca, algo transparente cuyos primeros botones estaban desprendidos hasta el pecho dejando ver un crucifijo de plata que colgaba de una gruesa cadena a su cuello, que Ginny le había regalado cuando había terminado la escuela. Completaba el atuendo con zapatillas de lona negras. El cabello como siempre ha alborotado.