- Vaya, vaya… pareces modelo salido de una revista muggle – Harry rió - debes tener una larga lista de francesillas, suspirando por ti – Dijo riendo Ginny. Harry le sacó la lengua divertida y le ofreció el brazo para acompañarla al jardín. Cuando llegaron, todos los hermanos al verlos rompieron en aplausos, vitoreando a la festejada.
- ¡Viva la princesita de la casa! – Exclamó Charlie a lo que todos los hermanos, incluido Harry, lanzaban silbidos de afirmación.
- ¡Ya, basta payasos! – solo dijo Ginny y se dedicó a saludar a los presentes. Harry iba haciendo lo mismo. Allí se encontraban Charlie y su esposa Tonks, cuya insipiente barriga ya hacia ver la llegada de un nuevo Weasley. Bill y su esposa Fleur, que al ver a Harry no pudo resistir a la tentación de hablar con él en francés y Harry respondió respetuosamente. Fred y George, - ¡vaya esto si que es sorprendente! – dijo Ginny al saludar a sus "novias" Hannah y Alicia. Los gemelos no podían dejar de tener las mejillas sonrojadas, algo impensado porque los gemelos no se avergonzaban de nada- También, y para sorpresa de Harry, Ron se dejó ver, y por supuesto estaba al lado de Hermione. - Hasta que apareces hermanito… – dijo Ginny en tono de reproche.
- Harry – le dijo este ceremonioso, y alargando su mano. A lo que Harry abrió los ojos, lanzó una carcajada y lo atrajo hacia él para darle un abrazo.
- ¡Donde dejaste al cabeza hueca de Ron! – Su amigo se rió y respondió al abrazo – Es un gusto al fin verte amigo.
- Lo mismo digo, amigo – sonrió – Perdona que no haya estado aquí cuando llegaste, pero… – hizo señas con los ojos hacia su castaña acompañante, y Harry entendió.
- Harry como estas, realmente se te extraña – Hermione lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.
- ¡Si, seguro! – dijo divertido, cosa que hizo enrojecer a Hermione – a ver si lo sueltas un poco. – Hermione rió. Se dirigieron a la mesa, donde los platos ya estaban servidos.
- ¿Y dónde está tu adoradisima Cho? – dijo Ron, sirviéndose una pata de pollo y atragantándose. Harry miró a Ginny. Esta se hizo la distraída y miró para otro lado.
- Eh… Está trabajando, y no podía venir. Creo… creo que lo hará uno de estos días… - dijo encogiéndose de hombros. O al menos eso esperaba.
- ¡Ey, ustedes dos! – dijo la madre Weasley, mirando a los gemelos, y señalando unas varitas de broma que explotaban en la cara, pintándolas de colores. La victima a su lado, Tonks… pero ella reía divertida – no quiero que dejen sus travesuras por ahí.- Los demás rieron. Harry agradeció la interrupción pues no tenía ganas de dar explicaciones. La velada le sirvió para ponerse al día con las noticias de la familia. La vida de todo el mundo mágico ahora trascurría con relativa tranquilidad, gracias a Harry que ayudado por sus amigos y algunos miembros de ED, habían tenido una dura batalla final, al finalizar el séptimo año, y Voldemort se había convertido en cenizas. Claro que existían algunos locos que todavía creían que él volvería, por lo que el ministerio estaba en alerta permanente.
Harry la pasó bien, con sus entrañables amigos, charlando y rememorando épocas pasadas. Reía divertido cuando Ron recordaba las veces que peleaba con Hermione. Harry se burlaba de él, junto a Ginny de cómplice, cuando comentaba con la intencionalidad de molestar a su amigo, que había visto a Krum en Paris, y que le mandaba muchos besos a Hermione. Ron ponía cara de ogro celoso y Hermione se hacía la indiferente. Harry y Ginny se pellizcaban para no reír a carcajadas.
Una vez culminada la cena, brindaron por la graduación de la menor de los Weasley. Fue cuando su papá le dio permiso para ir de vacaciones con Ron Y Hermione. Ginny estuvo muy contenta con la noticia y más cuando Harry le devolvió la gentileza que ella tuvo al regalarle el crucifijo de plata. El joven sacó del bolsillo un pequeño paquete plateado. Los demás miraban expectantes el regalo. Ginny rompió el paquete y encontró una cajita de terciopelo bordo. La abrió impaciente y luego sus ojos castaños se abrieron como platos y miró a Harry a punto de llorar de alegría.
- Es, es… ¡gracias Harry! – y se abalanzó hacia el muchacho para abrazarlo. Él correspondió contento – realmente es… - levantó del estuche una fina, pero resistente cadena de oro de la que colgaba, un dije que asemejaba la forma de una cruz, toda de oro engarzada con diamantes, pero que al centro tenía una esmeralda.
- ¿Te gusta? – dijo divertido
- ¡Si! Claro, como no me…- la muchacha no tenía palabras. Nunca había tenido una joya tan valiosa – Anda, ayúdame a ponerla - Harry tomó la cadena y la rodeó con sus brazos para prender la cadena en la nuca. Ginny le dio un beso en la mejilla – Gracias, pero no… - Los demás miraban felices. Harry la tomó del mentón.
- No hay nada que no pueda darle a mi mejor amiga… – y le dio otro beso. Ginny podía sacarle la mejor sonrisa. Desde el momento en que comenzó a interactuar con ella Harry siempre imaginó que si su madre viviera, sería exactamente igual a su amiga, no solo físicamente sino también en su carácter. Si, su madre seguramente sería, alegre divertida, comprensiva, y compañera, al igual que la muchacha que lo miraba sonriente. Quizás por eso se llevaban tan bien. Con ella no tenía que fingir, no tenía que esconder sus verdaderos sentimientos. Podía odiar y amar, reír y llorar en frente de ella y no se sentía vulnerable, ni débil. Era por eso que la quería tanto, como a una hermana.
La cena culminó cuando los mayores de los Weasley partieron con sus compañeras a sus respectivas casas. Incluso los gemelos tenían departamento propio, así que cuando el reloj les dijo que eran las diez de la noche, solo quedaban en el jardín, Ron, Hermione, quienes se quedarían unos días, antes de irse a la playa; Harry y Ginny, que competían en saber la mayor cantidad de nombres de estrellas y constelaciones.
- Esa es la osa mayor – decía Ginny.
- No, no lo es – decía Harry haciéndola enojar, aunque la pelirroja tuviera razón.
- ¿Ya maduren, quieren? – decía Hermione, abrazada a Ron. Harry Y Ginny la miraban torciendo los ojos y riendo.
- Perdón, hablo la señorita madurez – dijo Ginny
- Ginny… - Dijo Ron en reproche.
- Uy, Gin, mejor no nos metemos con la dama porque su caballero andante, blandirá la espada de la justicia sobre nosotros – más risas, Ron incluido.
- Bueno, Ronald, me voy a dormir – dijo Hermione y se levantó, mirando a Ron para que la siguiera. Harry y Ginny lo miraron para ver qué hacía, El pelirrojo estaba avergonzado, así que se quedó sentado.
- Buenas noches Hermione… – dijo sin mirarla. Hermione, lo miró como para matarlo, y sin más se fue.
- Creo que tendrás problemas, Ronald – dijo Harry aguantando la risa. Ginny no la ocultó en lo absoluto. Ron suspiró resignado.
- No puedo dormir con ella aquí… - y se puso rojo, se dio cuenta que estaba Ginny. – digo…
- No te apenes hermanito, yo se que Hermione y tu ya pasaron la etapa de los besos – Harry se atoró con cerveza de mantequilla y Ron ocultó su vergüenza en su botella.- Pero creo que a mamá no le gustaría encontrarlos ya sabes cómo…- y torció los ojos riendo.
- Mira Ginny, hay cosas…
- Ron, Ginny sabe mas cosas de las que crees, estoy seguro que sería una muy buena consejera sentimental, si quisiera.
- Harry, no es cierto, lo que pasa es que…- se puso roja – a veces se me hace fácil aconsejar, pero yo, tengo enormes problemas para encontrar mi alma gemela…- los dos amigos se atragantaron de los celos fraternales que salieron a la luz.
- ¡Y espero que los sigas teniendo Ginevra! – dijeron los dos a la vez.
- ¡Que se traen ustedes! – dijo ofuscada – ¿creen que me quedare soltera de por vida?
- Media vida si me preguntas – dijo Harry sonriendo. Luego viendo que la pelirroja cambiaba la expresión a una seria, decidió hablar de otra cosa – y Ginny… – Esta lo miró desafiante – ¿qué piensas hacer? ¿Digo estudiar?
- Bueno tengo varias opciones… – dijo tomando de la botella de Harry – ¿auror? No ya hay dos en la familia – Harry y Ron suspiraron aliviados. Ella era muy buena, pero no la querían viviendo el peligro que ser auror implicaba. – ¿Sanadora? No, no se me dan bien las pociones… aunque, no se. – suspiró - Bill me ha dicho que destrabar hechizos en Egipto da buenos dividendos. El y Fleur trabajan allí, así que la escuela de Egipto es una buena opción, aunque…
- ¿No tienes nada decidido aun? – dijo Harry quitándole la botella – Ginny ya deberías…
- Bueno señor "tengo mi profesión resuelta desde hace años" – Harry rió – no todos son como tu. Los hay indecisos…
- Como tú – dijo Ron. Ginny se levantó.
- Con ustedes es imposible hablar – les dio un beso a ambos – mejor me voy a dormir. Buenas noches – y sin mas se metió en la casa.
- Qué carácter que tiene esta chiquita – dijo Ron sonriendo – realmente compadezco al idiota que se fije en ella.
- No seas malo Ron, Ginny es muy especial. Nada que ver con el común de las chicas. – Ron lo miro extrañado. Por un momento pensó que a Harry le gustaba su hermana – Tiene su carácter, por supuesto, pero es una chica con la que se puede hablar. – Recordó a Cho. De lo único que hablaba su novia era de ropa, viajes, música, bailes, todo tan superficial como su vida –
- Si, supongo que tienes razón – Recordó a Hermione y de sus aburridas pláticas sobre lo leído en libros, - Creo que si no fuera mi hermana, me enamoraría de ella – Harry rió.
- ¡Depravado!
- ¿Qué hay de ti? – Harry lo miro extrañado – Ginny no es tu hermana.
- Si lo es, y fin de la discusión. –
Luego hablaron de Quidditch, hasta que el reloj dio la medianoche. Decidieron irse a dormir, prometiéndose mañana compartir más tiempo. Harry fue a su cuarto asignado, y se cambio la ropa. Era una noche calurosa, pero una brisa fresca la hacia soportable. Dejo la ventana abierta para que el aroma del jardín lo embriagara. Estar allí era una paz infinita. Pensaba en las veces que no durmió en Paris a causa del ruido insoportable del tráfico. Se puso solo el pantalón del pijama y se acostó. Respiro profundamente, pensando "al fin en casa". Se quitó los lentes redondos dejándolos en la mesa contigua a la cama, y tapándose con la rustica sabana, se durmió. Soñaba plácidamente estar en un campo de Quidditch jugando su deporte favorito, con la agradable compañía de sus amigos, gritando, riendo y festejando cada jugada espectacular que realizaban, cuando escuchó desde las gradas que Ginny lo llamaba insistentemente, casi con desesperación.
También sintió como una bludger tan insistente como la voz de la pelirroja lo zamarreaba y lo hacía caer de la escoba. Se despertó, precipitadamente y vio una sombra difusa, que no podía distinguir, debido a la falta de sus anteojos, parada al lado de su cama