15 de febrero 2022.
“Le quedaba según la app de su móvil, unos diez minutos por llegar a las afuera del pueblo de Carrión de los Céspedes”, pensó Greta mirando el cielo, “y ya estaba amaneciendo.”
No había pensado salir tan temprano ese día, pero le había sido imposible de volverse a dormir después de que la despertara de nuevo esa voz, la del dueño de los ojos de colores diferentes, suplicándole que no lo dejara.
Había vuelto a soñar esa noche con las fotos de las mujeres muertas, viendo de nuevo entre ellas la de la chica asesinada en la casa abandonada de Albaida del Aljarafe. Nada de las imágenes que mostraban habían cambiado, pero si había algo nuevo en los márgenes blancos que enmarcaban las fotos, ahora habían aparecido escritas en ellas fechas.
Las fotos se habían ido repitiendo en su sueño durante toda la noche, como si las estuviera viendo en una diapositiva. Una tras otras se habían sucedidos en círculo sin que pareciera que aquello se acabaría, hasta que de pronto, sin previo aviso, habían sido interrumpidas por la imagen de una mirada que mostraba mucho dolor a través de unos ojos color miel uno y verde el otro, y la de una voz rota por el llanto con acento extranjero, que le suplicaba una y otra vez que abriera los ojos y no lo abandonase.
Ahí, en ese instante, obedeciendo al hombre de sus sueños, fue cuando ella despertó, sintiendo un sentimiento de pena y anhelo muy grande en su corazón por querer reconfortarlo. Deseaba poder decirle que jamás lo dejaría, pero sabía que no podría hacerlo.
Desde ese momento, las cuatro y media de la mañana, no había vuelto a dormirse. Se sentía tan mal emocionalmente que de verdad parecía creerse que era ella la destinataria de tan emotiva y desgarradora súplica. “¿Pero eso no era posible, verdad? Ellos no se conocían, porque ahora sabía que él existía de verdad. Si antes podía haber albergado dudas con respecto al parecido de las voces, con su reciente noche llena de pesadillas dónde lo había vuelto a escuchar, estaba completamente segura que era la misma voz la de su sueños y la del hombre que habló dentro del coche, junto a la casa en ruinas de la escena del crimen. Era demasiado rebuscado pensar que existiera otro hombre con la misma voz y además que coincidieran ambos en tener el mismo acento estadounidense” se dijo.
Se sentía como en una montaña rusa con sus emociones, estaba eufórica de saber que él era real y no un producto de su imaginación, asustada, porque aquello significara que las fotos de las mujeres también lo fueran y aterrada, porque si todo era real, entonces las fechas que había visto en su sueño, escrita en el marco de cada foto, significaban que habían más mujeres que morirían en el futuro. Concretamente tres victimas más. Por eso no había podido permanecer más acostada en su casa. Ese último sueño había cambiado todo sus planes que tenía trazado para ese nuevo día
Recordaba muy bien las fechas en su mente y las había apuntado en su cuaderno de notas. Eran cinco fechas distintas, cada una escrita en una foto. A tres fechas aún no habían llegado en el calendario y las otras dos, ya las habían pasado.
Una de las dos fechas que habían dejado atrás en el tiempo, junto con la foto en la que estaba escrita, correspondía con el día de la muerte de la mujer de Albaida del Aljarafe y con el lugar reflejado en la foto de la escena del crimen. La otra fecha, un poco más antigua que la anterior, y la primera cronológicamente, correspondía según su consulta en Internet, al día de la muerte de la mujer encontrada muerta en Carrión de los Céspedes.
Ayer, tenía la intención de sacar fotos de la escena del crimen de la víctima de Carrión y de interrogar a los vecinos y familiares de la mujer muerta, para saber más información sobre ella, pero todos sus planes habían cambiado con la nueva información que le habían aportado sus sueños. Ahora solo quería saber si el escenario donde se había cometido el crimen de esa mujer de Carrión, se correspondía a la foto que tenía gravada en la mente, con la fecha en la que habían asesinado a la mujer. Tenía un fuerte presentimiento de que así iba a ser.
La voz femenina de la asistente de navegación, sacó a Greta de sus pensamientos e hizo que prestara más atención por donde iba. A lo lejos, suspendido sobre la autovía, se acercaba una señal azul informativa donde podía leerse el nombre del pueblo de su destino. Una flecha en el margen inferior derecho, indicaba que había que coger esa salida para llegar hasta allí.
☆☆☆☆☆
El tono de mensajes del móvil sonó y la pantalla de este se iluminó sobre la mesa del despacho, indicándole a Axel que alguien le había mandado uno e intuyendo al mismo tiempo quién podía ser.
Se encontraba en la oficina de Ricardo, mirando de nuevo por centésima vez los archivos de los demás casos de las mujeres asesinadas en Estados Unidos, intentando encontrar algo nuevo que se les hubieran pasado por alto las anteriores veces y que les aportara información fresca sobre el autor de los asesinatos. Pero al igual que en el pasado, esta vez tampoco parecía que fuera a descubrir nada nuevo.
Miró la hora en su reloj de muñeca, “las ocho de la mañana, la hora en la que ella se iba a trabajar” pensó mirando ahora su móvil, confirmándose sus sospechas de que era el conserje cumpliendo con el acuerdo entre ambos, de mantenerlo por teléfono informado sobre todos los movimientos de ella. “Estaba seguro de lo que pondría el mensaje, que Greta acababa de salir hacia su trabajo.”
“ Greta. Por fin sabía cómo se llamaba ella” pensó, feliz de escuchar de nuevo lo bien que sonaba su nombre al decirlo. Llevaba toda la noche repitiéndoselo en la cabeza y aún siendo ya de día, seguía haciéndolo.
Sonriendo, cogió el móvil.
Hacía una hora que estaba en el despacho, no había logrado dormir muy bien esa noche, emocionado y feliz al saber tanta información sobre ella que le había proporcionado el conserje.
Cansado de dar vueltas en la cama, había optado por irse a trabajar y volver a revisar todo lo que tenía sobre los asesinatos , nombre Estadounidense con el que habían apodado a ese asesino serial, porque todas sus víctimas presentaban múltiples cortes por todo el cuerpo, hechos por una cuchilla de afeitar.
Pasada una hora, seguía igual a como había empezado, no había descubierto nada nuevo aun que le ayudara a avanzar en el caso.
—MI SOBRINO ME ACABA DE INFORMAR QUE EL COCHE DE ELLA NO ESTÁ EN EL APARCAMIENTO Y QUE NO SABE CUÁNDO SE HA MARCHADO CON ÉL —fue la seca frase que ponía el mensaje del conserje.
—¡¡Joder!! —exclamó frustrado, mirando la pantalla del móvil. Había creído que a partir de ese día y con ayuda del conserje, sabría los horarios de salida y entrada de Greta de su casa, incluso creía tener controlado cuando cogiera el coche y el lugar al que se dirigiría. Le había ordenado al conserje que intentara averiguarlo siempre que pudiera.
El enojo y el enfado comenzó a surgir en su interior.
“¿Cómo no pudo darse cuenta ese inútil del sobrino, que ella salía con el coche? Le hubiera encantado tenerlo delante en esos momentos para gritarle a gusto unas cuantas cosas.”
“¿Dónde habría ido Greta con su coche?”
Según uno de los datos que ayer le había contado el conserje, ella casi nunca utilizaba su coche para trabajar, solía coger los de la empresa que tenían a la disposición de los periodista. “¿Significaba eso que hoy ella se había tomado el día libre? Según la información que le había transmitido su conserje, ella descansaba los domingos solamente y hoy era martes ” recordó. “¿Qué sería lo que tenía que hacer que se había ido tan temprano?” se preguntó pensativo. “¿Estaría relacionado con el asesinato de la mujer de Albaida, la noticia que ella estaba investigando?” Un presentimiento le decía que así era.
Inquieto se levantó de su asiento y caminó pensativo por el despacho. No quería verla involucrada en ese caso, no se sabía nada sobre el asesino, ni siquiera si este conocía de antes a las víctimas, por lo que saber que ella se entrevistaría con gente cercana a la mujer asesinada y que alguno podía ser el asesino, lo llenaba de miedo.
—¡Maldición! —exclamó en voz alta Axel, golpeando la mesa del despacho con su mano al sentirse en esos momentos impotente, mientras se abría la puerta del despacho sin que antes llamaran a ella.
—¡Disculpe, lo siento! —se excusó mortificada la agente, que en esos momentos se encontraba en la puerta cargando una pila de papeles, con una expresión de tierra trágame en su rostro—. ¡Creí que no había nadie y….
—¿Puedes hacerme el favor de llamar a la puerta la próxima vez, aunque pienses que no hay nadie en el despacho? —la interrumpió Axel, mientras se erguía en toda su estatura, para recuperar un poco de autoridad que seguro que estaba perdiendo ante los ojos de esa mujer. —Estoy seguro que en el futuro nos evitaríamos ambos de esa manera, más momentos vergonzosos —le comunicó, molesto porque de nuevo lo había cogido en una situación censurable la misma persona. La cara de la muchacha se encendió como un tomate de la vergüenza, seguramente estaba recordando su primer encuentro en ese mismo despacho.