Sera bajó las escaleras con cuidado. Bajar las escaleras con un vestido no era pan comido. Un movimiento en falso y rodarías por las escaleras como un barril. Santiago y Freya entraron al pasillo justo cuando ella llegaba al último escalón. Sus mechones castaños caían en cascada por sus hombros en exuberantes ondas. Sera sonrió. —Te ves impresionante. —Gracias, cariño —dijo Freya antes de mirar a su esposo y decir: —Ves. Así es como se halaga a una mujer. —Santiago se limitó a mirarla sin expresión alguna. —Y no solo te ves, te sientes hermosa —elogió Freya a Sera. Sera se sonrojó antes de murmurar un silencioso gracias. —¿Dónde está Nate? —Freya lo buscó con la mirada. —Estoy aquí —dijo Nate mientras bajaba las escaleras ruidosamente. Su mirada recorrió a la pareja, solo para posa

