Se dio cuenta de que estaba balbuceando. Hizo una pausa, respiró hondo y continuó: —En cambio, por alguna razón, se aferró a todo eso de su novio y siempre preguntaba por él cada vez que hablábamos por teléfono, lo cual era bastante. Después de la primera semana, llegó un punto en que se me hacía más difícil inventar cosas que no contradijeran lo que ya había dicho sobre él—.
—Ya veo—, dije. Aunque claramente no lo entendía. —Continúa—.
—Hablé con Tracy al respecto y me sugirió que sería más fácil usar a una persona real como mi novio imaginario—, continuó Annie. —Las mejores mentiras se basan en la verdad y todo eso. Entre que yo te conozco y trabajo contigo aquí, y lo que Tracy sabe de ti a través de Matt, pensó que eras un buen candidato. Además, no sé si lo recuerdas, pero conociste a mis padres—.
—Así es—, dije, recordando que habían venido para el Fin de Semana de Padres poco después de que Annie empezara su primer año. No la conocía muy bien entonces, pero como yo era gerente, me los presentó. —Los trajiste el año pasado para enseñarles dónde trabajabas—.
Había sido una reunión breve, pero parecían simpáticos. —¿Qué tal si pasamos a cómo llegamos al punto de invitarme a casa para Navidad?—
—Ya casi lo consigo—, dijo un poco a la defensiva. —Siendo sincera, era muy probable que mi madre no sobreviviera a los procedimientos. Pero, como un talismán, se aferró a la idea de que, si lo hacía, te llevaría a casa por Navidad. Cada vez que hablábamos, me preguntaba, así que pensé que no estaría mal darle un poco de esperanza. Pensé que si no lo superaba, no importaría. Si lo lograba, el hecho de que ya no tuviera novio sería insignificante en comparación. Simplemente inventaría una historia sobre nuestra ruptura y punto—.
—Pero no rompimos, ¿verdad?— Tuve que reprimir una sonrisa ante lo absurdo de lo que acababa de decir.
Annie suspiró profundamente. —Cuando volví a casa para Acción de Gracias, solo quería hablar de ti. Había invertido muchísimo en la lucha contra el cáncer, y sentí que su objetivo de que te llevara a casa por Navidad era tan importante que no tuve el coraje para hacerlo. Tenía miedo de cómo la afectaría si rompíamos—.
—¡Al carajo con el cáncer!— dije con tristeza, sabiendo perfectamente lo que podía hacerle tanto al cuerpo como a la mente. —Entonces, ¿cuál era tu plan B? Porque hasta finales de la semana pasada, iba a casa de Izzy durante todas las vacaciones de invierno—.
—Lo sé, y siento mucho que hayas terminado—, dijo. Aunque no supe si realmente lo sentía. —Le dije a mamá hace un par de noches que pensaba que quizá te estabas enfermando, y como ella tiene el sistema inmunitario comprometido, sería mejor que no vinieras conmigo. Ni que decir tiene que no le sentó nada bien. Así que, sabiendo que probablemente ya no tenías planes para Navidad, decidí preguntarte si querías venir conmigo. Aunque me llevó un par de días armarme de valor para pedírtelo—.
—Aunque ya lo sabías, diría que no—, dije.
—Sí, pero sentía que te debía la verdad—, dijo encogiéndose de hombros. —La culpa por lo que he estado haciendo estos últimos cinco meses me está afectando un poco. Decidí confesar y ver qué pasaba—.
No pude contenerlo más y comencé a reír.
—¡Prometiste que no te enojarías!— protestó Annie, con los ojos llenos de lágrimas.
—Annie, no estoy enfadado—, dije, intentando controlar la risa. —Todo esto parece el argumento de una película de John Hughes. Y no es muy buena, la verdad—.
Eso la hizo sonreír un poco. —Lo sé, pero solo intentaba apoyar a mi mamá y perdí el control de la situación—.
—Eso es quedarse corto—, dije. —Pero digamos, por si acaso, que estoy de acuerdo con esa idea descabellada tuya. ¿No es un poco tarde para coger un vuelo a Arizona? Nochebuena es en cinco días—.
Annie sonrió tímidamente. —Sí, bueno, mi papá nos consiguió boletos de regreso en noviembre después de la buena noticia de mamá. Volaríamos el 23 y regresaríamos el 26—.
—Entonces, salimos a ver a tu familia durante cuatro días, fingimos ser una pareja feliz, ¿y luego qué?— pregunté.
—Luego, unos meses después de nuestro regreso, y estoy completamente segura de que mi madre está emocionalmente preparada, terminamos—, respondió Annie. —Pero acordamos seguir siendo amigos. Nadie es el malo—.
—¡Qué maduro de nuestra parte!— dije.
Miré a Annie; sus ojos color avellana parecían esperanzados, pero noté que los nudillos de ambas manos se le habían puesto blancos de tanto apretar la mochila. Quizás había subestimado el desgaste mental que todo esto le había causado en los últimos meses. Sabía cuánto dolía perder a un padre. Yo había perdido a los dos. Mamá había muerto de cáncer, pero estaba convencida de que, indirectamente, también se había llevado a papá. Si hubiera podido hacer algo para cambiarlo, lo habría hecho sin pensarlo. Pero era demasiado tarde para hacer algo por mis padres, o por mí mismo. Pero tal vez podría hacer algo por alguien más. Además, no era como si fuera a hacer otra cosa por Navidad, y con la nieve acumulándose afuera, la idea de pasar unos días en la cálida y soleada Arizona no sonaba tan mal.
—De acuerdo, me apunto—, dije, notando el alivio inmediato que pareció invadir a Annie. —Pero si vamos a hacer esto, vamos a tener que arriesgarnos a fondo—.
—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó ella.
—No podemos llegar sin estar preparados e intentar engañar a tus padres para que crean que estamos juntos. Se darán cuenta si fingimos—, le expliqué. —Te has pasado los últimos cinco meses contándoles todo sobre una relación que en realidad no tenemos. Así que, durante los próximos tres días, tendrás que ponerme al día de todo lo que hemos estado haciendo desde que empezamos a salir en agosto—.
De repente, pensé: —¿Qué hemos estado haciendo exactamente? ¿Hemos...? ¿Sabes?— Empecé a tartamudear un poco.
Annie entendió rápidamente lo que intentaba preguntar. —No, todavía no nos hemos acostado—.
—Gracias a Dios—, dije demasiado rápido, y entonces noté el ceño fruncido de Annie. —Sin ánimo de ofender. Eso solo habría hecho que las cosas se pusieran un poco incómodas con tus padres—.
—Entonces, ¿los próximos tres días?— preguntó Annie, volviendo al punto que intentaba plantear.