Capitulo 3

2690 Palabras
Casa Blanca, Washington D.C. Viernes, 18 de Mayo, 2018.   —Tomo este mechón y lo paso por debajo de este, luego tomo un poco de acá y lo uno aquí y.... ¡Ah! Boneka soltó su cabello con frustración, estaba intentando hacerse una trenza que mantuviera todo su cabello lejos de cara, pero ya era el quinto intento y menos le resultaba. Se lanzó de espaldas a la cama, colocó la almohada sobre su rostro y de nuevo gritó. Seguía enojada y realmente ofendida por la reacción de Seth la noche anterior cuando ella había salido del cuarto de su hermano a las doce treinta, su mirada parecía estar a punto de incendiar la casa entera aun cuando todo su rostro estaba tan inexpresivo como para que Lucas lo notase. Él estuvo esperando pacientemente fuera de la puerta las cuatro horas que ella estuvo allí en el reencuentro con Lucas, o quizás había ido y venido un montón de veces, de cualquier forma, no había motivos para que él le dijese de esa forma tan brusca, lo que le había dicho justo antes de que ella entrase a su cuarto. —No creo que sean prudentes cuatro horas encerrada en una habitación con un hombre. Boneka se giró hacia él completamente desconcertada. —Es mi hermano, recuerdo que estuviste allí cuando lo explicaron —respondió a la defensiva. —Aun así, ¿por qué tardaste tanto allí dentro? La voz de Seth concordaba con lo que expresaban sus ojos, un enojo floreciente e irracional, sin embargo, no estaba gritándole, por el contrario, su cuerpo reflejaba calma, lo que era aún peor. —No es tu problema lo que yo haga o no —se quejó abriendo los brazos—, estaba reencontrándome con mi hermano, restaurando una relación primordial en mi vida que estaba deteriorándose, deberías estar feliz por ello y mi progreso. —¿Estabas restaurando tu relación? —pareció como si le hubiese dicho la cosa más alarmante del mundo. Boneka se quedó en silencio un segundo analizando y dándose cuenta que aquellas palabras no habían ayudado precisamente. Restaurando una relación. Encerrada en un cuarto. Con un chico. Cuatro horas. En la noche. Eso no sonaba realmente inocente y esperanzador como había planeado. —No me mires así —caminó hasta él—, ¡él solo es mi hermano y lo quiero como tal! —Pero a penas te haz enterado de ello hace unos pocos meses —Yo... él solo... no es como si... —Boneka había dejado de encontrar las palabras exactas. ¿Y cómo podría si Seth estaba de pie a escasos centímetros de ella? Tanto así que debía alzar toda su cabeza para observar su rostro. Había algo que le hacía querer dejarle en claro que solo eran amigos y hermanos nada más. ¿Qué acaso no era obvio? —Solo lloramos sin parar ante los recuerdos de Paris y nada más, ¿está bien? —dijo suavemente. Seth respiró profundo y poco a poco llevó una mano hasta el rostro de Boneka, la caricia le había transmitido una electricidad que encendió cada célula de su piel. Frunció el ceño mirándola a los ojos y sin decir nada más, Seth se giró y la dejó allí de pie en la puerta de su habitación. —¿Lo ves? ¡Estaba celoso! Pero sinceramente no creo que, de Lucas en sí, sino del hecho que Lucas sí puede pasar tiempo contigo a solas y él no —Había dicho Linav unas horas antes cuando la había visitado en la tarde. Con la ayuda de Linav, había terminado un hermoso regalo que había hecho para el cumpleaños de su padre. Era un álbum con fotos de ellos dos desde que era una bebé, sacando del camino a Lanny y dejando a su verdadera familia: Lucas, Julie, Linav y Paris. Luego de envolverlo, lo habían dejado en el escritorio presidencial para sorprenderlo. —Eso no es una opción —se negó Boneka—, estar celoso significaría que está interesado en mí y no es así. —En serio, voy a resistirme a golpearte solo porque podría dejarte un ojo morado que no combinaría en lo absoluto con tu vestido de esta noche, pero no puede ser que estés tan ciega. Luego de una larga discusión donde ella negaba aquello y Boneka realmente no quería hacerse ilusiones con simples hipótesis y especulaciones, habían comido, reído y bromeado como no lo habían hecho en un buen tiempo, Linav era su mejor amiga y esa tarde podía afirmarlo sin duda. Se levantó de la cama y continuó arreglándose para el cumpleaños de su padre. Boneka decidió dejar de lado sus sentimientos por Seth y concentrarse en que se sentía entusiasmada, le gustaba cómo se veía en el vestido y le gustaba arreglarse delicadamente. Ya estaba lista para cuando tocaron la puerta. Sintió un vuelco en su corazón y se apresuró a abrir. —Es que yo solo puedo tener hijos hermosos —expresó Julie admirándola. Boneka respiró al notar que no era Seth. —Bueno, al menos mi madre es hermosa —intentó alejar los recuerdos. Julie y Lucas se encontraban viviendo en la Casa Blanca desde que ella había regresado y había tenido aquellos ataques de pánico y pesadillas. La idea había sido de su padre y lo amaba.Le gustaba el poder desayunar junto a ellos cada mañana o comer en cualquier hora del día. Cuando su padre no estaba por allí, ellos sin duda eran una gran compañía, le demostraban que tenía una familia, que no estaba sola. Estaban reconstruyendo una familia que antes estaba destruida en el interior y no era más que una fachada. —Debemos bajar ya, Boo —informó acomodando un poco su cabello. —Claro que sí. Fue allí que se sintió realmente nerviosa. Era la primera vez que se iba a mostrar tan expuesta al público desde su supuesta muerte, aún después de la recuperación y su estado de coma. Saliendo de su habitación, visualizó a Seth parado completamente derecho a unos cuantos metros. Tomó aire convenciéndose de lo fuerte que era. Resiste, resiste, resiste, ojos verdes, alerta verde, alerta verde, traje elegante color negro... Miró de reojo cuando pasó por su lado, pero él no la miró. Sabía que ahora caminaba detrás de ellas y esperaba no caerse de nuevo. —¿Ya ha llegado mi padre? — preguntó Boneka —No lo he visto el día de hoy. Sus manos estaban temblando. —Así es, por eso he venido a buscarte —explicó Julie—, ha tenido unos asuntos que resolver, ya sabes. En cuanto estuvieron en el gran salón un mal presentimiento se posó en su pecho. Tenía miedo de lo que pudiese ocurrir, el mundo entero sabía lo que había hecho el Coleccionista de Muñecas con ella. Efectivamente, para el momento en el que las puertas se abrieron para ellas, todo se detuvo, así lo percibió como una mala película de drama. Todos los rostros se giraron hacia ella, las luces parecían mas cegadoras entonces, quizás por todos los flashes de las cámaras. Su respiración estaba agitada, estaba ansiosa y atemorizada como siempre que se hallaba en situaciones parecidas, sin embargo, se armó de valor para alzar la careta que construyó por años: Boneka es una chica modelo, feliz y sin problemas que quiere ayudar a su país a toda costa. Aunque sí quería ayudar a su país, eso no era mentira. Quizás por eso Julie había decidido buscarla. —Esa es mi niña — le susurró su madre con una gran sonrisa —. Tu puedes con esto. —Todo lo puedo en Cristo que me fortalece — respondió devolviendo la sonrisa. —Ve con tu padre, está en aquella mesa —le indicó—, acércate, tienes todo el derecho, esta es tu casa y ese es tu padre. Asintiendo, Boneka se dispuso a atravesar la multitud, era inevitable no notar las miradas sorpresivas, llenas de admiración, sorpresa, angustia, incluso asco y lastima, que le brindaban todos los presentes, cada uno con su forma de pensar al respecto. Casi podía oírlos decir: "Es una chica muy valiente, sobrevivió a todo eso", y también "No debe ser la misma, debe estar rota por dentro, pobrecita, ha de estar sufriendo". No era un secreto lo que le había ocurrido. Su padre había tenido que dejar al descubierto que el Coleccionista de Muñecas estaba obsesionado con ella y toda la oscura verdad que venía con ello. Su padre había preferido revelarlo todo él mismo antes que los periodistas o la prensa, cuestionando así su legado. Al menos eso era lo que le había explicado Miranda Fox, la jefa de gabinete. Habían mantenido a Boneka alejada de las noticias y r************* desde el incidente de f*******:, que después le explicaron que solo había sido un chico hermano de una de las víctimas, el cual solo estaba dolido y resentido. Boneka convenció a su padre de no colocar cargos por tan horrible imagen, que ahora se repetía en su cabeza, aun así, se le dio un sermón. Quizás en eso también pensaban los espectadores en aquel momento. De cualquier manera, no dejaban de mirarla. Ella intentaba caminar, pero su respiración faltaba más a cada segundo. Algunos la saludaban y ella se limitaba a devolver el saludo con una mano o con una sonrisa. —Tengo permiso para sacarle de aquí si se siente incómoda. Saltó un poco del susto, Seth se había colocado a su lado. —No fue mi intención asustarla. La mano de Seth ahora reposaba a la mitad de su espalda. Boneka tuvo que realmente esforzarse por mantener la cordura. —Muchas gracias —dijo intentando encontrar su voz—, pero estaré bien. No le miró en ningún momento. Si lo hacía, más crecería el hueco en la boca de su estómago y lloraría. —Entendido. Sin decir nada más, se limitó a caminar detrás de ella y en parte lo agradecía. Divisaba a su padre cada vez más cerca, hasta que alguien se interpuso en su camino. —¡Boo! —exclamó una joven frente a ella. La alegría invadió cada parte de sí. —¡Agnus! Saltó sobre ella prácticamente. La abrazó como nunca lo había hecho. —¡Estás bien! —Dijo ella— ¡Realmente estás bien! —¡Gracias por todo lo que hiciste! —la abrazó con más fuerza— ¡Eres la chica más valiente que he conocido jamás! —No tenía idea de todo lo que realmente ocurría —se separaron—, cuánto lo siento, quise visitarte muchas veces, pero mi padre no quería dejarme. Boneka sonrió. —No me tengas lastima —pidió. —No lo hago, en cambio te admiro, es muy bueno poder verte —repitió ella–, hay muchas cosas que quiero contarte y decirte y preguntarte y saber. Agnus era una chica eléctrica, siempre parecía estar eufórica y un poco de esa energía le vendría perfecto para su despecho. —Tendremos mucho tiempo para ponernos al tanto —Boneka se encogió de hombros—, pero justo ahora, quiero ir a felicitar a mi padre, no lo había visto en todo el día. La expresión de su rostro no pudo lucir más apenada. —Claro que sí, nos veremos en un momento —afirmó Agnus. Sin más demora siguió su camino y realmente agradeció que su padre se fijara en ella. —¡Princesa! —exclamó y abrió los brazos. —¡Feliz cumpleaños, papá! Lo abrazó como nunca antes. —Lamento no haber estado aquí hoy, pero el deber llama —explicó mirándole—. Estás muy hermosa hoy. —Es tu cumpleaños, no debes alagarme a mí. ¿Fuiste a tu oficina ya? Los ojos de su padre se abrieron recordando. —¡Claro que sí! —La sonrisa se desbordó en su rostro— Ha sido hermoso hija. —¿El mejor regalo de todos? —No —dijo serio. Intentó ocultar su decepción. —El mejor regalo es tener a mi hija, viva, rondando por toda la casa y teniéndome preocupado. Su labio tembló, ambos llorarían en cualquier momento. —Me vas a hacer llorar, papá. —Espero que no... —Señor Presidente, Boneka un gusto saludarte —le interrumpió Miranda en calma, pero con insistencia en su voz, como siempre—. Señor, acaba de llegar Alemania. Él miró a Boneka con una mueca asombrada y exagerada. —¿El país entero está aquí? — bromeó. —No, Señor —sonrió—, disculpe, el vicepresidente de Alemania está aquí. —Ya me preocupaba alimentar dos naciones enteras en una noche —hizo otra mueca haciendo reír a Boneka—. Lamento tener que irme, pero nos vemos después de la fiesta. —Te estaré esperando, no te preocupes por mí. —Estás en buenas manos, no tienes nada que temer— añadió acercándose un poco más —. ¿No es así, Seth? —Sí, señor — respondió este a su espalda, alterando sus emociones. —Le he dado autorización a Seth para sacarte de aquí en cualquier momento que sea necesario, no te preocupes por nada — insistió su padre. —Está bien, estoy bien — dijo más suave de lo que planeó. —Hasta luego, chicos, los veré más tarde — sonrió su padre. —Feliz cumpleaños, de nuevo, Señor — dijo Seth. —Gracias, soldado. Te quiero, princesa — seguido, apretó su hombro levemente y tomó camino a continuar con su labor. Boneka no pudo evitarlo, se sentía consternada. —¿Así que hablaste con mi padre temprano y pudiste felicitarlo y yo no pude verlo hasta ahora? — más que una pregunta fue un reproche. Fue obvio que Seth no pudo contener lo satisfecho que se sentía por ello, las comisuras de sus labios se alzaron levemente en una sonrisa complacida y llena de superioridad. —Formo parte de lo que respecta a su protección pues me encargo de la tuya— alzó los hombros —. Ya sabes, él está mejor si tú lo estás. Boneka sentía su rostro arder, por lo injusto que se sentía y el hecho de que Seth le parecía tan guapo. —Aun así, no es justo. —Quizás hubieses podido verle si te despertabas más temprano — habló suave, pícaro de alguna manera y ladeando su cabeza un poco. Boneka abrió los ojos y boca sorprendida y frustrada. —¡Desperté a las cinco de la mañana! — se quejó. —Exacto. Seth rio y retrocedió un paso mirando a su alrededor como solía hacerlo, vigilando el perímetro, buscando amenazas de las que protegerla. —Eres imposible — se quejó Boneka comenzando a caminar a su encuentro con Agnus.   .   Linav se encontró con Boneka en algún momento de la fiesta, esta estaba acompañada de Damián. Ambos se veían completamente enamorados sin lucir empalagosos. Al menos su amiga había encontrado misericordia con el amor, luego de tanto sufrimiento, estaba con la persona que realmente quería. Su padre apenas pudo haber con ella, su trabajo no podía ser más absorbente. —No puedo creer que realmente se haya puesto eso —se burló Lucas —, se ve completamente espantosa, como un espanta pájaros. Todos en la mesa no pudieron evitar estallar en risas, más por la manera afeminada en la que trataba de imitar a una de las mujeres más criticonas del país, que por las palabras en sí. —¡Es que tú no puedes ser más payaso! —se quejó Linav secándose las lágrimas. —Perdóname, querida —movió su mano de un lado a otro—, pero alguien debe ser la policía de la moda en este lugar, es decir, ¿quién te ayudó a vestir? ¿Morticia? Boneka reprimió una carcajada golpeando la cabeza de su hermano. Los demás en la mesa no se contuvieron. —¿Y tú? ¿A quién querías parecerte? — preguntó señalándola— ¿A pitufina? Tamaño tienes, pero te falta el cabello rubio. —Eres incorregible —se quejó pasando una mano por su rostro. —Soy increíble —bromeó pasando un brazo por sus hombros. —Mejor cuida tus palabras, bufón —Habló Damián—, es de mi chica de la que hablaste antes. Sin embargo, él no se notaba para nada enojado. Durante un buen tiempo estuvieron riendo por las bromas de Lucas. La noche parecía hacerse cada vez más larga y tantas personas la estaban sofocando notoriamente. Había intentado controlarse, pero ya no podía hacerlo por más tiempo, las personas seguían mirándola, saludándola de forma falsa, unos inclusive le habían expresado la lástima que sentían por lo de su madre, otros le habían llamado valiente. De cualquier forma, todo lo que estaba ocurriendo no se sentía bien en ningún aspecto. Incluso su mente ya había amenazado con traicionarla ante el hecho de que, por una parte, no era justo que ella estuviese viva en esa celebración, como si nada hubiese ocurrido, como si estuviese faltándoles el respeto a todas las chicas que cayeron en todos esos años. —Voy a descansar —informó Boneka sonriendo y levantándose de la mesa—, disfruten el resto de la velada.  Todos parecieron entender a lo que se refería por lo que ninguno quiso frenarla y ella sencillamente lo agradeció. No podía más con todo eso. Se alejó de la mesa unos pasos. —Sácame de aquí, por favor — pidió sin poder mirarle a la cara. —De inmediato — respondió Seth con premura y firmeza —. Vamos por aquí. Boneka se dejó guiar por su guardaespaldas sin poder mirarlo a la cara, solo observando el camino. En algún punto de la noche había entendido por qué su padre había hablado con Seth temprano dándole la autorización de sacarla de allí. Realmente no era por la autorización, porque era obvio que la tenía, era su guardaespaldas después de todo, era más por no expresar de forma directa que habían ideado un plan para llevarla fuera del salón sin que nadie lo notara y no obtener más atención de la que ya había tenido hasta la hora.  
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