Capitulo 5

2094 Palabras
Su padre no se reunió con Boneka luego de la fiesta, mucho menos a la mañana siguiente. No estaba molesta, si algo conocía bien era que el trabajo de su padre le consumía, había salido de viaje y no le habían dicho a dónde, eso era suficiente para saber que había ido a saludar a soldados que estaba a punto de mandar a una guerra. Ser la hija del presidente a veces no era tan agradable. Se despertó temprano para buscarle, pero ya se había ido, Lucas había salido con un par de amigos luego de que Julie, les explicara que había decidido irse a honduras la mañana siguiente para dar ayuda humanitaria junto a una organización de viejos amigos, ella era doctora, pero Denalio nunca la dejó ejercer correctamente, y que lo haría porque la verdad era que el congreso y la opinión pública la estaban atacando tanto que necesitaba un respiro lejos de allí, y dar un tiempo hasta que se calmaran las cosas, Boneka entendía perfectamente y la apoyaba. Ella por su parte, se dirigiría a un evento de caridad, este sería en la casa para niños huérfanos de KidsNow, una de las más grandes organizaciones enfocadas en los niños desamparados. Parejas de todo el país irían a conocer a los niños para llevarse luego uno a casa, era emocionante. Aquella sería su segunda gran aparición en público en mucho tiempo y estaba nerviosa por ello. Le habían informado que no habría reporteros en el lugar, al menos no tantos como para que pudiesen sofocarla. Era sábado por la mañana y sentía sus parpados más pesados que nada, sin embargo, debía asistir al evento. En realidad, no era obligatoria su asistencia, podía quedarse en casa, pero quería asistir, claramente por ayudar en el mismo y porque quería volver a sentir toda la emoción que eso llevaba, pero también por un motivo un poco egoísta. Boneka quería tener cerca de Seth, y en vista de que este se encontraba obligado a acompañarla a todo lugar y quedarse cerca de ella siempre que estuviesen fuera de la Casa Blanca, decidió que indudablemente tenía que ir. Le asustaba el hecho de cómo pudiesen mirarla, la noche anterior las miradas se habían tornado sofocantes, sin embargo, al pensar que Seth estaba cerca sentía que encontraba el oxígeno. Esa mañana sentía más que nunca que cuando él no estaba a la cerca, ella no se sentía cómoda, sentía que algo le faltaba. Cuando Seth la guio por los pasillos y la hizo pasar de forma desapercibida, no hubo contacto entre ellos, ni muchas palabras tampoco. En cuanto llegaron al ala residencial, Boneka no pudo evitar correr directo a su habitación para ocultar la vergüenza que sentía por dejarse saturar por las personas. Estaba apenada con Seth, con ella misma y sus familiares que la vieron escapar del lugar. Pero de verdad, no podía soportar estar allí más tiempo. A pesar de ello, no se había vuelto a sentir vacía, todas las heridas en su vida iban sanando poco a poco con las enseñanzas de Tessa. Boneka sabía que Dios la estaba reconstruyendo, estaba acabando con los espacios vacíos en su vida, estaba perfeccionando cada área y eso era lo mejor que le podría ocurrir. Boneka se quedó de pie en la puerta del área oculta al observar a su guardaespaldas de pie al lado del auto. Utilizaba un traje n***o que encajaba a la perfección con sus hombros y resaltaban sus increíbles ojos verdes, enmarcando su rostro con el cabello ahora corto y muy bien peinado. No lo había visto desde la noche anterior, al salir de su habitación minutos antes, quien estaba al lado de su puerta esperando había sido Josh, quiso preguntar con Seth, pero se contuvo. No obstante, Josh la conocía bastante, así que le había dicho: —Puedo leer la interrogante en tus ojos. Ventura está revisando los últimos detalles de tu salida de hoy. —¿Es la primera vez que Seth me deja a tu cuidado mientras estoy durmiendo? — No pudo evitar sentir una angustia en su interior, la cual intentó disimular. —No, esta es la tercera vez, pero no ha sido por largos periodos de tiempo — respondió Josh tranquilo. —Define largos. —No más de veinte minutos. Boneka había pasado todo el recorrido intentando calmarse ante esa idea, estuvo cuarenta minutos fuera del rango próximo de Seth, era nada de tiempo comparado a todo aquel en el que sí estuvo, no era nada por qué alarmarse, además, Josh también estaba perfectamente calificado para protegerla, pero una parte de ella lo hacía, una parte de su mente estaba abrumada ante la noticia y espantada de alguna manera. En todos esos años Josh no identificó la mayor amenaza... no podía ir por ese camino. He allí la razón de la profunda calma, tranquilidad e impacto de ver a su guardaespaldas. Apartó la vista cuando la de Seth la encontró. —De nuevo con tu centinela, Boo. Miró a Josh de forma significativa, quería golpearlo ahora. Este captó lo que ella quería expresar, pero solo se rio por ello y caminó hasta el auto. —¿Te dio muchos problemas? — La voz de Seth fue neutra, no le dejó distinguir si era una broma o era en serio. Boneka no pudo evitar mirarle, este fijó sus ojos en ella y, aun así, no podía descifrarle. —No consideraré su angustia por estar fuera de la visión de su centinela como una ofensa, así que no, ningún problema — el tono de voz de Josh la hizo saber que este se estaba quejando y a la vez bromeando. Dejó de hacer contacto visual con Seth para mirar a quien acababa de hablar y abrió los brazos con su rostro lleno de intriga. —Pero, ¿qué te sucede hoy? ¿Estás en mi contra? — No bromeaba, se sentía expuesta por Josh, él no podía estar dándole esa información a Seth, que, aunque cierta, no la ayudaba realmente. —Ya, muy bien, vámonos — se rio complacido abriendo la puerta y subiendo al puesto de copiloto. —¿Es cierto eso? — preguntó Seth. El aire abandonó sus pulmones y no encontró aliento suficiente para una respuesta inmediata, todo lo que pudo hacer fue concentrar su atención en el auto a varios metros a su derecha, el que era usado para ocasiones de bajo perfil, quizás debió quedarse en casa. —Es hora de irnos — respondió Boneka al fin y caminó con la mirada fija en el suelo. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Un paso a la vez. Se repetía intentando no caerse, estaba terriblemente nerviosa por varias razones. Cuando visualizó los zapatos pulidos de Seth se detuvo alzando la vista lo suficiente como para darse cuenta que la puerta del auto no estaba siendo abierta para ella. Casi pudo bufar un poco frustrada, sin embargo, se limitó a respirar profundo y extender su mano para abrirla. Seth interceptó su mano en el aire. Fue entonces que su cabeza dio vueltas. Las piernas de Boneka habían comenzado a temblar y cada fibra de su cuerpo había entrado en alerta. Cuán bien se sentía su mano cubriendo la de ella, parecía como si fuese lo que estuviese destinado a ser, como si el lugar de ella se encontrase allí, cerca de él. Alzó la mirada para toparse con la de Seth, con un nuevo nudo apareciendo en su garganta, con el corazón agrietado por la insistente necesidad no satisfecha de lanzarse a sus brazos. —Lo siento —musitó él soltando su mano como si le hubiese dado corriente. Todo su cuerpo se quejó por el fin de su tacto. Sus ojos verdes parecían un bosque en tempestad, parecía como si hubiese algo oculto tras ellos. —Señorita Boneka, solo quería decirle que no es obligatoria su asistencia —expuso determinado—, si quiere quedarse en casa, está perfectamente bien, se puede entender que no esté cómoda con personas a su alrededor, no tiene que ir. La mirada de Seth parecía estar suplicándoselo, pero el énfasis en el último no y el tono de su voz le indicaban lo contrario, produciendo que una especie de ira apareciera en su cuerpo. —¿De qué está hablando? —Preguntó indignada—Pareciese como si fuese más una orden que una sugerencia. Quizás Seth solo quería que se quedase en casa para así no tener que verla pues ella estaría encerrada en su habitación como era costumbre cada sábado y él podría liberarse de verla. Seth exhaló con fuerza y rascó su ceja mirando al suelo. Ella observó cada movimiento en cámara lenta. Luego de un instante de vacilación, Seth fijó su mirada de nuevo en ella. —No quiero que vaya. La seguridad en sus ojos verdes y la firmeza en cada palabra se sintieron como una bofetada en su rostro, tanto que tuvo que dar un paso hacia atrás para no caerse del impacto. —¿Disculpa? ¿Quién te crees que eres? Él cruzó los brazos sobre el pecho y de nuevo miró a otro lado frunciendo el ceño. —Soy su guardaespaldas, señorita Boneka y, por lo tanto, el encargado principal de velar por su seguridad —su rostro ahora no parecía reflejar ninguna emoción—, por tal motivo, pienso que este lugar no es seguro y no debería asistir. Genial, él tenía un punto. —Eso no le da motivo para hablarme como si pudiese darme ordenes —se cruzó de brazos también—. Quiero ir a este evento y vas a llevarme, tú eres quien debe ocuparse de mi seguridad a donde sea que vaya, tu trabajo no es mantenerme encerrada aquí para que nada pueda pasarme. —Encerrada no sería suficiente. —¿Atada sería mejor para ti? —Indudablemente. Cuando las comisuras de los labios de Seth se alzaron un poco, supo de inmediato que la frase que había dicho había sido un tanto malinterpretada. —No voy a quedarme aquí mientras el tiempo sigue pasando —repuso inmediatamente—, ya ha pasado la mitad de un año, no planeo esperar que pase más tiempo para enfrentarme al mundo real otra vez. Ya no se sentía tan enojada como antes, la pequeña broma que había compartido con Seth la había calmado. Él solo asintió y abrió la puerta para ella, haciendo una señal con su mano que se subiese al auto. —Si digo que debemos irnos, no te separas de mí hasta estar aquí de nuevo —expresó de nuevo de forma calculadora, fría y hasta distante. El enojo apareció de nuevo en sustitución a la tristeza de una realidad donde Seth no quería verla. —Este jueguito tuyo de intentar asustarme para que me quede en casa, no va a funcionar —expresó moviendo sus manos obstinada—, no me voy a creer eso cuando realmente lo que quieres es no verme en todo el día como cada sábado ocurre porque me quedo en mi habitación, hoy voy a salir, si no quieres verme, solo renuncia de una buena vez. Su cerebro no había filtrado lo que era suficiente para decir, se dio cuenta de lo estúpida que había sonado en el momento en el que Seth la miró confundido y antes de que este pudiese responderle, ella se subió al auto y cerró la puerta de un tirón. Se cruzó de brazos con la respiración completamente agitada, estaba molesta con Seth por querer apartarla y consigo misma por ser tan estúpida como para sentirse ofendida. —Buenos días, Andrew —espetó al chofer—. Voy a matarte, Josh. —Buenos días, Señorita —respondió Andrew. —¿Mañana agitada? —preguntó Josh juguetón. Para cuando lo observó, pudo notar una sonrisa plantada en su rostro. Obviamente se refería a su discusión con Seth. La puerta contraria a ella se abrió y él se deslizó dentro, quedando a menos de un metro a su derecha. —Definitivamente —respondió mientras Seth cerraba la puerta. —¿Listos? —preguntó Andrew. —Listos —habló Seth —. García y Stand nos siguen. —¿García y Stand también vienen? — preguntó alarmada — ¿No vienen Smith, Montreal y Tyson también? ¿Pero cuántos guardaespaldas crees que necesito para esto? Seth la miró con una ceja alzada y todo el resto de su rostro sin expresión. —Todos los que yo quiera asignar, pero estuve a punto de traerlos a ellos también. —Debes estar bromeando. —No lo está, tuve que convencerlo de que no sería muy bien visto tantos guardaespaldas para un evento infantil — afirmó Josh entretenido. —Tú, definitivamente, le debes agradar a mi padre. Eres igual de exagerado e imposible— bufó para cruzarse de brazos y mirar por la ventana. El auto se puso en marcha y Boneka estaba reuniendo toda su fuerza de voluntad para no voltearse y mirar a quien estaba a su lado. Era menos de un metro lo que los separaba y ella sentía como el calor emanaba de él y la abrazaba de alguna manera. No quería eso, no quería estar enojada con él, mucho menos quería que la pared entre ellos se volviese cada vez más gruesa y alta, de forma que no podría verlo y mucho menos escucharlo. El aroma que desprendía tampoco ayudaba en lo absoluto a mantener sus pensamientos en otro lugar. Debía esforzarse el doble para que el nudo de su garganta bajase y finalmente desapareciera.
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