Capitulo 6

5030 Palabras
Hubiese preferido que su primera aparición en público fuese en la visita al Monumento para las víctimas del trágico evento de su vida, pero el equipo de su padre no creía que esto fuese una buena idea. Luego del incidente de f*******:, ocurrido casi un mes atrás, una gran controversia inundó el país, unos a favor de Boneka y otros no, como era evidente. En base a eso, Miranda le explicó a Boneka: —No quieres marcar tu vida con este incidente, tú quieres y necesitas salir adelante. Puedes darles tus respetos a las víctimas no dejando que sean olvidadas, teniéndolas en tu corazón y viviendo a plenitud, buscando no hacer daño sino ayudar. Así que, no debes mostrarte en público por primera vez tan expuesta como estarías si vas a ese monumento. Ve a este evento, demuestrales a las personas que lo que quieres ahora es seguir adelante ayudándo a los demás, que eso es lo que quieres hacer con tu vida, que no vas a desperdiciarla en cosas vanas, sino en aquellas que marquen la diferencia, luego podrás ir y te apoyaremos. Su padre había estado de acuerdo con esto, él afirmaba que no quería que la recordasen como la chica del incidente, sino como una joven influyente que era, que la apoyaría en todos los proyectos que quisiera emprender con este objetivo, incluso una mejora al monumento. Pero Boneka sabía perfectamente que lo que querían era hacer una evaluación, ver cómo reaccionaba la opinión pública, querían asegurarse que el día en que ella se presentara en el monumento, no se presentaría una manifestación en su contra o alguna revuelta. Pues a pesar de que Boneka había estado yendo constantemente a la iglesia, no había sido divulgado, los miembros de la misma, sus hermanos en Cristo, eran discretos y personas realmente confiables. En todo aquel tiempo, la prensa no se había enterado de sus idas a la congregación y era algo que agradecía. Sumergida en ese análisis, no le había dirigido la palabra a Seth en todo el recorrido y lo ag­radecía, ahora que estaba calmada era consciente de que las últimas palabras que le había dicho eran completamente estúpidas. ¿Pero qué podía hacer? Seth alteraba sus nervios lo suficiente como para no dejarla pensar. La voz de Seth se escuchaba casi indignada para el momento en el que el edificio KidsNow se hizo visible: —¿No habían dado la orden de que hubiese poca prensa?  —espetó. Boneka se movió un poco para visualizar mejor el lugar. —Así es, Ventura —respondió Josh—. De hecho, hay poca prensa. —Eso es más de lo que poca, significa. —He visto el triple de esto antes, creo que estás exagerando, Guardaespaldas —Boneka intentó mantenerse seria mientras giraba a verle. Seth alzó ambas cejas mientras la miraba como si hubiese dicho algo completamente fuera de serie. —Lo exagerado está sobrevalorado cuando de usted se trata. Abrió sus ojos asombrada. —Posiblemente, pero esta cantidad de prensa es algo que puedo manejar. —Como doctor le digo que no va a ser capaz de manejarlo, esto es demasiado para usted. Boneka sintió que algo dentro de ella explotaba. —Eso no significa que sepa todo de mí, ¿usted es doctor? No me interesa, puedo manejarlo y usted está siendo un idiota justo ahora, un idiota completamente exagerado y lo suficientemente ciego como para no ver que soy capaz de soportar cuanto se me atraviese en el camino, y justo ahora me estoy preguntando como es que no cargo una ballesta conmigo para clavar una flecha en su frente. En ese punto, Boneka ya sentía su rostro arder de ira, su cuerpo estaba completamente de frente a él y este tenía los ojos entrecerrados en su dirección. —Está actuando impulsivamente, habla así porque está aquí en la seguridad de este carro, acompañada de sus dos guardaespaldas —Seth le hablaba como un padre cansado de regañar a su hija —, está en su zona de confort, pero en cuanto salga de este auto puede que se desplome por el impacto de tantas miradas y preguntas, y sabe bien que no terminará cuando entre a ese edificio. —Prefiero soportar las indignantes e interminables preguntas de esos reporteros que seguir escuchándole decir que soy una niña indefensa —la irá estaba nublando sus pensamientos— ¡Como desearía que ni siquiera fueses mi guardaespaldas! Seth se quedó mirándola serio durante un instante, luego soltó una fuerte respiración cerrando los ojos y masajeando su sien. —No voy a discutir contigo. Esa sencilla frase hizo que el enojo que sentía Boneka se encontrase reemplazado por una profunda nostalgia. —Pero si ya lo has hecho —susurró. La misma frase se la había dicho él unos meses atrás cuando se encontraban en la cabaña en la que se habían refugiado, luego del ataque en casa de Tessa y de que Damián resultase herido. Recordó que minutos después de su discusión, ella había tenido que recurrir a Seth para que la ayudase a tranquilizarse por la noticia recibida, este la había abrazado e incluso entrelazado su mano con la de ella para darle fortaleza. Por más que quisiese, estaba segura de que algo así no sucedería esta vez. Sintió un ligero peso caer sobre su rodilla, no necesitó ver para saber qué era, Seth había colocado su mano allí era un hecho, sin embargo, con miles de emociones atravesar su cuerpo, Boneka miró al lugar en cuestión intrigada y fascinada al mismo tiempo. —Lo siento —susurró él esta vez—. Solo no quiero que algo te suceda y estoy más nervioso yo de lo que tu lo estás, por lo que puedo ver. Todas las defensas de Boneka se fueron al piso, sintió su rostro relajarse pero el enojo aún seguía presente, no quería ceder tan fácilmente, quería mantenerse firme. —Me estás subestimando —su voz era más suave de lo que planeó—. No cometas ese error de nuevo, no soy la misma chica de hace unos meses, no me trates como si fuese una niña de cinco años, Seth. La discusión se había tornado un tanto más personal, se sentía extraño hablarle tan directamente. Por otro lado, al decir aquello, una nueva idea pasó por su mente. Seth la estaba viendo como una niña y eso no era lo que quería. —Puede que sea menor que tú, pero bien sabes que he pasado por más de lo que se esperaba, así que déjame salir de aquí para que pueda superar mis miedos. Seth sonrió levemente con la mirada fija en los ojos de Boneka. Esta se estaba resistiendo a las terribles ganas de abrazarle. —¿Ya han terminado de discutir y no discutir? —Habló Josh desde el asiento delantero. —No creo que terminen nunca —dijo Andrew esta vez. —Bueno, listos o no, ya las personas se están empezando a preguntar por qué no bajamos —continuó Josh. Fue entonces cuando Boneka se dio cuenta que el auto se había detenido. —Espero continúen con el mismo animo más seguido —respondió Boneka mirando a la multitud a través de la ventanilla. —Estaré detrás de usted, Señorita Boneka —expuso Seth retirando la mano. Y así como la conversación se había vuelto un poco más personal, ahora se había terminado. Tomando una profunda respiración miró hacia arriba. Ayúdame, Dios mío. No puedo hacerlo sin ti. Oró en su mente hasta que la puerta fue abierta para ella por Josh. Salió del auto, dio unos cuantos pasos y supo que durante un momento, todos en el lugar parecieron detenerse, de hecho era lo que había sucedido. Todos los reporteros alrededor y todas las madres, padres, niños y adolescentes en el lugar se detuvieron observándola con atención. Miró sobre su hombro derecho y pudo observar a Seth, este parecía estar analizando a profundidad todo lo que ocurría en el lugar. Aquella actitud de su parte la hizo sentir segura. Retomó su paso y fue cuando todo estalló, los periodistas se acercaron a ella hasta donde Josh se los permitía, cada persona en la estancia se movió para observarla mejor, notaba las cámaras a su alrededor y los rostros sorprendidos de cada espectador. Se sintió como una extraña especie en extinción, admirada por algunos, cotizada por otros, amada por algunos e indudablemente despreciada por otros. —Boneka, ¿cómo has podido superar el hecho de ser la causa de tantas muertes?  —captó la pregunta en medio de las muchas otras. La tristeza quiso invadirla, pero se resistió. —Dios, gracias a Él estoy viva, y fue quien hizo que saliese de toda depresión —respondió mientras seguía avanzando a paso lento. —¿Entonces confirma haber caído en una profunda depresión? —otro preguntó. —Sí, durante los dos primeros meses después de que desperté. Boneka intentaba mantener la compostura, intentaba fervientemente no caerse en el profundo pozo de recuerdos que cada pregunta conllevaba. —¿Su miedo a las flores era porque estas eran la firma del asesino? —No voy a negarlo, aún no me gustan. Faltando unos cuantos metros para llegar a la entrada del lugar, visualizó a la promotora de aquel evento acercándose a ella con rapidez y mirándole avergonzada. La mujer, que creía era Fiona Loren, tenía el cabello castaño claro, no era mucho más alta que Boneka y tenía una contextura gruesa. La elegancia se desprendía de ella a pesar de estar utilizando la misma camisa verde manzana con la frase "Niños ahora, grandes mañana" que Boneka utilizaba. La gracia que portaba Fiona la impresionaba. —Realmente es un gusto y un placer tenerte aquí —dijo animada abriendo sus brazos—, me siento honrada. Boneka decidió aceptar su abrazo, ignorando así las incesantes preguntas de los periodistas. Seth y Josh se encargaron de formar una barrera y mantenerlos al borde. Ahora sentía que podía respirar. —Es para mí un honor ser invitada —respondió Boneka alejándose un poco y sonriéndole con gusto. —¡Boneka! Se dice que fuiste abusada, ¿es eso cierto? ¿Tienes algo que decirle a las niñas que han sido violadas y maltratadas en casa debido a tu trágica experiencia? La pregunta de uno de los periodistas se escuchó completamente fuerte sobre las demás, tanto que Boneka no pudo evitar girarse en busca del hablante, no encontrándole al final sino en cambio, encontrando la mirada alerta de Seth. Aquello la había impactado como una bofetada. —¡Oh, mi anhelada Boneka! Denalio vino a su mente cubriendo su boca, oliendo cada parte de su cuello en un intento desesperado por tenerla aquel día en el que la había encontrado en la cabaña, saliendo completamente destrozada emocionalmente al descubrir que sus padres no eran los que siempre creyó. —No sabes cuánto tiempo tuve que esperar para este día. Casi sintió los labios de Denalio sobre su piel produciéndole una angustia letal, un sentimiento que la quebraba por dentro. Lo recordó tirar la toalla fuera de su cuerpo, pasar sus manos por ella, recordaba que aquello parecía estar quemando su piel acabándola. —¿Boneka? —Fiona colocó una mano en su hombro sacándola del trance en el que había entrado— ¿Estás bien? Te llevaré dentro. Fue allí cuando se dio cuenta de lo agitada que estaba su respiración y de cómo todo el lugar parecía haberse puesto en pausa de nuevo, todos los ojos observándola expectante excepto por Seth. Este la miraba como si estuviese a punto de cargarla en sus brazos y sacarla de allí. —Disculpe, pero Boneka estará realizando una rueda de prensa cuando esté lista —habló Fiona casi regañando al sujeto en cuestión—. Agradeceríamos un poco de discreción y prudencia ante una chica que ha pasado por suficientes cosas, una chica que está enfrentando sus miedos, mostrándose al mundo de nuevo con la esperanza de ser aceptada y en cambio, miren cómo ha sido recibida. Sintió cómo la mujer tomaba su brazo y la halaba con delicadeza, pero a la vez con premura, como si estuviese haciéndole huir y ella no quería eso, durante mucho tiempo había huido, ahora se suponía que era libre. Los recuerdos quisieron inundar su mente, pero recordó a Tessa diciéndole que debía obligarlos a irse, resistirse, recordar que Dios la había limpiado, la había hecho libre. —Sí —dejó salir deteniéndose en seco—, sí viví una muy trágica experiencia. Al decir aquello Fiona le miró confundida, no importándole caminó un poco para enfrentarse por completo a los periodistas. —Creo que ni siquiera pueden imaginarse lo trágica que fue tal experiencia — explicó tomando todas sus fuerzas para no derrumbarse—. Perdí personas importantes en medio de toda esa travesía, dos grandes amigos, una chica asombrosa que era como de mi familia y mi madre casi al mismo tiempo. Tal como ustedes sufrieron perdidas memorables, cada una de esas chicas que fue víctima de un psicópata que me quería a mí. Miró al cielo un instante, pidiéndole a Dios toda la fuerza y fortaleza para decir lo que debía decir. —No hay un nombre y edad de esas chicas que no sepa, durante todos esos años el asesino me quería a mí, por lo que al ser secuestrada, sí, fui abusada. Las miradas de todos los presentes fueron de lastima, algunos estaban confundidos. —Pero fue más de forma psicológica y emocional que física, y realmente creo que es la peor forma de ser abusada, porque se queda en tu mente, se queda allí arraigado a tu corazón, destrozándote cada vez que te ves al espejo o cada vez que tienes un momento de felicidad —tragó el nudo en su garganta resistiendo las lagrimas –. No es fácil atravesar el después de una situación como esa, creo que es peor que el durante y la verdad es que no hubiese podido salir de allí si no fuese por un ser que todos hemos dejado de lado, este es Dios. Aún todos seguían tomándole fotos, grabando lo que ella estaba diciendo y no era fácil estar delante de todas esas personas. —Jesucristo murió por nosotros para hacernos libres de todo dolor y culpa, pero también resucitó demostrándonos que es más poderoso que la muerte y que para él no hay nada imposible —sonrió inconscientemente con lágrimas en sus mejillas—. Así que para todas aquellas personas que puedan estar experimentando algo remotamente parecido o que han sobrevivido a una experiencia como esta, solo quiero decirles que no hay lugar tan oscuro del que Dios no pueda sacarte, solo debes disponer tu corazón, y quizás va a ser difícil y un proceso lento y confuso, pero vale la pena, puedo decir que estoy aquí hoy, es por su misericordia. Miró a cada persona frente a ella, consciente de todas las polémicas que su declaración traería. —También funciona para cualquier situación que puedan estar pasando, así que, por ahora, solo puedo decirles que mi proceso no ha terminado, aún hay cosas que me duelen, pero es mucho más llevadero por su ayuda —alzó sus manos un poco para que pudiesen verlas—. Que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.   .   —Debo admitir que los callaste a todos — dijo orgullosa Fiona—, sin duda eres asombrosa.   Ya se encontraban en un ascensor que las llevaría al tercer piso. —No sé cómo he tenido la fuerza para decir aquello —Boneka se encogió de hombros—. Dios es grande, es lo único que sé. Fiona la miró con ojos suaves y una gran sonrisa. —Si alguien puede darles esperanza a estos niños, eres tú. Boneka sonrió sin mirarla, solo podía pensar en que quizás ya estaba encontrando el motivo por el cual padeció. Las puertas del ascensor se abrieron, salieron primero Stand y García, luego Fiona y ella, seguidas por Josh y Seth. El pasillo que atravesaban no tenía más de cinco metros de largo por lo que pronto Stand se encontró frente a ella justo al lado de la puerta, ahora que lo analizaba mejor, este debía ser contemporáneo con Seth. —Es un honor tenerte aquí —habló Fiona de pronto—. No sabes lo mucho que nos ha ayudado tu presencia a recolectar parte de los fondos para esta gran casa, año tras año. Tenemos un violín dispuesto para ti si deseas deleitarnos un poco con tus dones. Lo último lo dijo un poco apenada como con miedo a estarle diciendo algo equivocado, Boneka pensó en la noche anterior y lo orgulloso que su padre había estado al verla tocar, incluso Seth estaba bastante impactado. —Lo haré con gusto —respondió al fin. —Estamos listas entonces —Fiona le sonrió a Josh—. Bienvenida una vez más a la Gran Casa KidsNow, con algunas remodelaciones. Y así, las puertas se abrieron para ellas. Por un instante la luz la cegó y para cuando sus ojos se acostumbraron, la multitud comenzó a aplaudir. Ella no supo cómo responder ante ello, solo sonrió y continuó su camino a través de la multitud acompañada de Fiona. Pudo entonces visualizar el lugar, este estaba repleto de parejas nerviosas y ansiosas, niños pequeños y grandes, pero ninguno pasaba los trece o catorce años, todos vestidos con hermosos uniformes caminando de un lado a otro mirando expectantes a cada adulto del lugar, era un escenario emocionante. Sentía la esperanza irradiando de cada persona como una gran luz. Los niños estaban vestidos con camisas similares a las que ella y Fiona portaban, los varones utilizaban un color azul intenso y un pantalón n***o que de alguna forma los hacía ver elegantes, y las niñas poseían una blusa igual pero de color fucsia y unas faldas negras que llegaban, curiosamente, hasta sus rodillas, junto a unos zapaticos cerrados del mismo color de la blusa y sus cabellos estaban recogidos en una trenza que caía en sus hombros. Todos se veían hermosos. Al seguir caminando pudo ver que también había chicos que daban la impresión de ser mayores, pero estos estaban vestidos con camisas blancas independientemente si eran varones o mujeres, y todos llevaban pantalón. —¿Por qué hay chicos con camisas blancas? —preguntó Boneka. —Son los que tienen de quince a diecisiete años —explicó Fiona—, es más duro para ellos y de alguna forma esperamos que los noten más. Entendió Boneka que todos lo que llevaban una camisa verde manzana como la de Fiona y ella, eran parte de la organización. El salón parecía tener el tamaño de dos canchas de baloncesto y estaba realmente lleno. Las paredes eran de un hermoso color azul con nubes blancas dibujadas a lo largo y ancho de ellas, el techo poseía pequeñas estrellas que parecían iluminar el lugar, había grandes ventanas lo suficientemente altas como para que ningún niño pequeño pudiese caer por ellas por accidente y el piso era de madera, el lugar era realmente acogedor sin dejar de ser elegante como siempre lo había sido. De pronto, dos niñas se colocaron frente a ella, estas no podían tener más de diez años de edad y no podía evitar pensar lo familiares que le parecían. Ambas eran muy hermosas, eran muy blancas y una era rubia y la otra tenía el cabello tan n***o como el de ella. —¡Boneka, te extrañamos mucho! —exclamó la pequeña rubia lanzándose sobre ella en un abrazo. —Nos contentamos mucho cuando supimos que estabas bien— la otra niña, de cabello tan n***o como el suyo se unió al abrazo. Boneka sabía que las conocía, pero no entendía por qué no lograba recordarlas. —Son hermosas —correspondió su abrazo. Las niñas se alejaron con una gran sonrisa en sus rostros. —¡Ya está sana, Boneka! —Saltó la rubia— ¡Mírala, ya no tiene esa barrigota de antes! —Mira —señaló la chica de cabello n***o—, aquí tengo el collar ¡aún lo tengo! ¡Casi lo pierdo, pero lo guardé como me dijiste! Sin más, la chica de cabello n***o mostró el objeto guindando en su cuello. Era una cadena de plata con una esfera blanca que brillaba como el primer día que lo vio. Las lágrimas se asomaron en los de Boneka ante la felicidad que sentía y ante el recuerdo que se precipitó en su mente. —¡Dios mío! ¡Pero si son Ali y Kathy! ¡Ustedes están aquí! ¡Están muy grandes! Ahora fue ella la que se lanzó sobre las dos niñas envolviéndolas en un fuerte abrazo. —Están hermosas —agregó sin soltarlas—, están sanas, no las reconocía, lo siento. Habían pasado unos tres años desde que las había visto por primera vez en una de sus visitas a uno de los hospitales, no recordaba exactamente cual, pero sí sabía que esas niñas habían llegado de milagro hasta allí. Ambas eran hermanas y huérfanas, no tenían dónde vivir y la mayor de ellas, Ali, la chica rubia, estaba muy preocupada por los dolores que su hermana Kathy tenía, no se sabe exactamente cómo lo lograron, pero llegaron al hospital. Ali tenía aproximadamente unos ocho años y la menor, Kathy, unos seis para ese entonces. Resultó que Kathy tenía un gran parásito en su estómago, y al parecerse tanto a Boneka, con el cabello n***o azabache y una piel muy blanca, una conexión se dio entre ellas. En uno de esos días, Boneka le entregó ese collar y le pidió que nunca lo perdiese, ese collar había sido de Ashlee. Boneka siguió visitándolas aún después y pidió que una casa las recogiese. Pero no debían haber llegado a KidsNow mucho tiempo atrás, quizás durante su escape, el año anterior recordaba que Fiona le había dicho que muchas casas pequeñas se unirían a ellos, quizás de esa forma habían llegado hasta allí.  Le habían informado a Boneka que las niñas habían sido llevadas a una casa para niños huérfanos y ante todas las cosas que acontecieron después, Boneka no pudo seguirlas visitando. —Gracias por lo que hiciste por nosotras —dijo Alice—, estamos muy bien ahora. —¿Las tratan bien aquí? — preguntó mirándolas a ambas con lágrimas en los ojos. Las niñas asintieron con rapidez. —Nunca hemos estado mejor —dijo Kathy, sus ojos brillaban, el entusiasmo era más que evidente— ¡Hasta me regalaron una muñeca! —Me asusté mucho cuando dijeron que ya no estabas —explicó Alice—, pero resultó que estuviste enferma un tiempo, pero mira, ¡ya estás bien! —Ahora quiero devolverte esto —Kathy llevó las manos hasta la parte trasera de su cuello. —No —la detuvo—, quiero que lo tengas y así nunca me olvides. —Nunca te olvidaremos —sonrió Kathy—, no nos olvides tú. —No lo haré —afirmó—, si algún día necesitan mi ayuda, saben dónde vivo, y no tengan miedo de acudir a mí. ¿Entendido? —Entendido —dijeron al unísono. —Alice, Kathy, Boneka necesita continuar —Habló Fiona amablemente—. Ya se encontrarán con ella después, ¿está bien? —Está bien —Dijeron al mismo tiempo. —Serán las mejores diseñadoras del mundo —dijo Boneka mientras las abrazaba de nuevo. Recordaba bien que las niñas estaban fascinadas con la ropa y todo lo que tuviese que ver con ello, ese era su sueño. Cuando las niñas se apartaron Boneka continuó caminando mientras secaba las lágrimas de sus ojos. —Estaban muy emocionadas cuando les dije que vendrías. Fiona colocó una mano en su hombro. —Quiero mucho a esas niñas, ¿Nadie ha solicitado llevarlas? Son de lo más preciosas. —Sí, pero por separado —suspiró—, siempre quieren a una o a la otra y yo no quiero separarlas. —Después de todo lo que han vivido no creo que puedan soportar perderse entre ellas —Boneka realmente anhelaba ayudar a esas dos niñas—, espero que en el nombre de Jesús, una pareja las escoja a las dos hoy. —Tenlo por seguro —Fiona se detuvo frente a las escaleras del pequeño teatro—. Ha llegado el momento, estaba pensando que tocaras al final de la tarde. —Me parece excelente. Fue entonces que Fiona subió  los tres escalones y ella la siguió, al detenerse a su lado, dirigió la mirada a Seth. Este se encontraba de pie en el último escalón junto a Josh, el cual era más ancho que Seth pero no más alto. Sin embargo, los hombros de Seth eran lo suficientemente anchos como para dar introducción a unos bien tonificados brazos y una espalda ancha. ¡Y ese traje! Pudo notar una leve sonrisa en sus labios, se veía contento y sorprendido al mismo tiempo, sentía como si él la estuviese mirando orgulloso ante algo que ella pudiese haber hecho. Boneka le sonrió de vuelta. —Una vez más quiero agradecerle a todos los presentes por venir —comenzó Fiona sacándola de su momento—,como ya hemos dicho y ustedes bien saben, este evento de hoy es realizado para que muchos de ustedes puedan conocer a estos preciosos niños y hacer a alguno parte de su familia. Se escucharon aplausos y gritos de júbilo. KidsNow era una gran organización dirigida a cuidar, proteger, recoger y respaldar a los niños desamparados. Era una de las más importantes organizaciones en ese momento y de la que Boneka era parte, he allí el por qué de que hubiesen tantas parejas en el lugar. Boneka podía distinguir personas de diferentes nacionalidades, estaba emocionada por esos niños y realmente estaba pidiéndole a Dios que una buena familia acogiera a Kathy y Ali. —Con nosotros se encuentra una joven muy especial para nosotros, nuestra querida Boneka Kallen —anunció aplaudiendo mientras todos le seguían—, ella nos demuestra el apoyo que tiene el Estado mismo a esta organización, y nos da el hono­r de ser el primer evento público en el que hace presencia luego de casi medio año de ausencia, Bienvenida Boneka. Dando unos pasos al frente, Boneka sabía que era su turno para hablar. Hacía mucho tiempo que no cumplía con esa función y los nervios comenzaron a aparecer. Observó a las personas presentes en la habitación, los niños poseían grandes sonrisas en sus rostros, algunos estaban de pie junto a alguna pareja, algunos aun estaban asustados, pero todos en la habitación la miraban expectantes. —Hola a todos —comenzó—,  es para mí un honor haber sido invitada aquí, realmente estoy muy contenta y emocionada por ver cómo hay personas que piensan en darle la oportunidad de una vida mejor a niños que realmente necesitan una mano que los impulse a salir adelante. Suspiró, el discurso que había planificado se había borrado de su memoria. Sonrió y alzó sus manos. —Estoy aquí porque siento que esta acción que se lleva a cabo hoy es una de las mejores muestras de que aun queda algo de amor en la humanidad, tanto por parte de la organización KidsNow, como por parte de cada uno de estos matrimonios que, independientemente de cuáles sean los motivos que lo impulsaron a adoptar, están no solo abriendo las puertas a sus hogares sino también las puertas de sus corazones.    »No sé como esto de ser padres pues, yo no lo soy, pero puedo notar que muchos de ustedes intentan encontrar el niño o la niña ideal o indicado para llevar a casa, pero sinceramente creo que no se trata de encontrar al perfecto, creo que se trata más de encontrar a ese niño o niña con el que sientan una conexión, un deseo de dar amor, de querer darle lo mejor. Creo que esto se trata más de amor, de misericordia y gracia, así como Dios. Él nos demuestra ese amor y misericordia en cada día cuando despertamos, en cada vez que respiramos, incluso cuando al final de día llegamos sanos y salvos a casa, cuando puede que hayamos hecho cosas indebidas, cuando no lo merecemos realmente, pero nos da nuevas oportunidades solo por su gracia, solo porque Él nos ama, así que, piensen en ello ahora, y después que encuentren a ese hijo o hija que están buscando y han anhelado, porque, no es solo tener a un m*****o más en la familia, no vayan a llevar a un niño a casa si no van a realmente amarlo y a tenerle paciencia, adopten a alguien hoy porque dar amor sea lo que realmente quieren. Todos empezaron a aplaudir y la mano de Fiona reposó en su hombro con una gran sonrisa, seguido, la abrazó.   .   La tarde transcurrió rápidamente y para el final de esta, la mayoría de los niños ya andaban con las parejas que habían decidido adoptarlos. Estaba realmente contenta y todo parecía ir tan perfectamente bien que temió que fuese a acabar en algún momento. Tocó una melodía suave en su violín y con esta se despidió y se retiró luego de tomarse un par de fotos. En el camino de regreso a casa, no dijo palabra alguna, ni a Josh, Andrew, menos a Seth. No tenía palabras para decir, solo quería disfrutar de lo bien que todo estaba yendo. Observaba el cielo entendiendo que Dios tiene un tiempo para todo, quizás solo debía estar alejada de Seth para acercarse a Dios y finalmente valorar y apreciar aún más la presencia de Seth. Según Jamie Sullivan de Un paseo para recordar, la película, sin sufrimiento no hay compasión. Y tenía razón, si Boneka no hubiese vivido todo aquello no sintiese la gran necesidad de ayudar a los demás, sentía un ferviente deseo de dar amor, de extender su mano al caído porque comprendía que estar en el suelo dolía y destrozaba. —Sana y salvo en casa, señorita Boneka —habló Josh ab­riendo la puerta para ella. —Gracias Josh, gracias incluso por cuidarme durante todos estos años —seguido, le dio un corto abrazo sabiendo que Josh se había sorprendido. —No hay de que, es mi trabajo —respondió con una sonrisa—. A pesar de que casi lo pierdo cuando escapaste —bromeó. Boneka sonrió y negó con la cabeza caminando de espaldas. —Lamento eso —lo señaló —, voy a compensarte por ello. —Tranquila, yo me lo voy cobrando poco a poco — bromeó y Boneka supo que se refería a su actitud de la mañana. —Saludos a Mary Anne y a los gemelos — agregó finalmente girándose a la puerta. Seth sostenía la puerta para ella, su ceño estaba fruncido y sus labios entreabiertos. Su semblante parecía decaído. —¿Mary Anne? —preguntó casi en un susurro. —Si —se encogió de hombros—, es su esposa. Se detuvo frente a él examinando su mirada, había algo en ellos, parecía tristeza o confusión, no estaba realmente segura de poder descifrarlo. —¿Por qué? ¿Ocurre algo? — quizás no debía preguntar pero lo hizo. Seth la observó durante un instante, luego sacudió la cabeza y finalmente sonrió. —Ninguno. Boneka sabía que algo no estaba bien, había algo más, algo que se había desatado con ese nombre. ¿Tendría Seth una chica llamada así? ¿Ya su corazón estaba ocupado por alguien llamada Mary Anne? Confundida, entró a la casa y avanzó a través de los pasillos. No quería derrumbarse luego de un día tan hermoso. No podía, ni debía, pero había pasado a estar enojada con Seth por tener a alguien cuando ella solo pensaba en él y lo tenía a él... aunque realmente no lo tenía. Él caminaba detrás de ella y quería girarse y enfrentarlo, pero su corazón estaba muy conmocionado ante la idea que no pudo hacerlo. Solo quería avanzar a su habitación y así lo hizo. Abrió la puerta y un grito salió de sus labios. Habían dos personas sentadas en su cama, pero al observar mejor, llevó una mano a su pecho soltando una exhalación. —¿Qué sucede? ¿Está bien? —Seth apareció inmediatamente detrás de ella—. Lo siento, buenas noches, Señor Presidente, Señora Julie. Ella los miró no muy convencida, aún intentaba pasar el susto. —Buenas noches, Seth —respondió su padre. —Los dejaré solos —Su guardaespaldas salió de la vista. —Me han dado un susto de muerte —se quejó Boneka mientras sonreía y se acercaba a ellos. —Lo siento, hija, quería sorprenderte —se disculpó su padre colocándose de pie.  Ella los abrazó a ambos. Se quedó allí más tiempo del que debería, pero le parecía curioso pensar en cómo era que tenía a sus verdaderos padres frente a ella.
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