La puerta se cierra tras de mí y enseguida me doy cuenta de que lleva maletas abiertas con ropa colgando. Montones de ropa en el suelo cerca de él dan la impresión de que vive con la ropa dentro y ni siquiera ha lavado nada. La lavandería de Trudy está a la vuelta de la esquina, pero ¿quizás está acostumbrado a una tintorería o algo así? —Aquí tienes. Adrian me quita las bolsas de la mano y se pone a desempacar cosas sobre lo que queda de la cómoda desordenada. Hay cajas de pizza vacías apiladas en la mesa de la esquina y la basura rebosa. No es forma de vivir para nadie, pero para alguien como Adrian —con su BMW y su Rolex— tengo la sensación de que vive muy por debajo de su nivel habitual de lujo. Me acerco al refrigerador, escuchándolo revolver con las compras, pero no le presto aten

