Durante los días que siguieron Bárbara, Carmona y Baris buscaron la mejor estrategia para obtener los resultados que esperaban. Gabriel comenzó a ser instruido en el manejo de armas de fuego y blancas, el muchacho no podía trabajar con ellos si no tenía la destreza para defenderse por sí solo.
El día que decidieron dar el paso necesario para localizar al líder de Los Mercenarios, Bárbara se dirigió a la oficina de Narcóticos, envuelto en una montaña de libros, con el lápiz en la boca y escribiendo con otro en lo que parecía una libreta, recordó el día que conoció a Murat en ese semestre que perdió la materia por culpa de la profesora Liliana.
Los pasos retumbaron en la biblioteca, Sinisterra levantó la cabeza para encontrarse con la mujer que fue su primer amor, con una sonrisa le dio la bienvenida.
En los años que estuvo lejos de Colbia se acostumbró a tenerla como ese hermoso e intocable recuerdo del amor imposible, tuvo parejas de todo tipo, mujeres bellas, astutas, inteligentes, pero por alguna razón nunca se sintió completo, tratando de romper el ciclo se propuso dejar de pensar en Bárbara, y entonces, llegó Selena.
—¿Me oyes? — cuestionó la castaña moviendo la mano frente a la cara de Murat—. Sé que no eres el responsable, sin embargo, no me he podido comunicar con Solano y esto es importante.
—Vuelve en una semana.
La respuesta no le agradó a Bárbara, eso trastocaba sus planes, de por sí el tiempo que estimaron para finalizar el asunto de Baris y su secuestro era de máximo dos mes a partir de esa conversación, el hombre sabía que demorar más “perdido” equivalía que el caso se fuese enfriando y que devolviesen a su hijo a las actividades que normalmente realizaba.
—¿Tu lo suples por el momento? —el pelinegro asintió, trabajaría como soporte de la investigación, aunque no pudiese estar vinculado a esta de forma directa, según Durán su juicio podría nublarse debido a la relación con Baris—. Si es así, te tengo una invitación para que compruebes que no tienen que sospechar de mí.
El viaje en lancha fue conectarlo con el pasado, Murat al llegar a un remanso se sorprendió de ver la magnifica construcción en medio del bosque nativo. La mujer sonrió satisfecha por la expresión de su invitado, dándole la bienvenida a la Camaronera El Edén.
Los trabajadores dieron la bienvenida a la bióloga exponiendo lo ocurrido en la cosecha de las piscinas, esa noche tendrían la faena en las más grandes y se esperaba que la producción cubriera la cuota del semestre.
Bárbara fue hablándole de la situación en el sector de cultivo de crustáceos, y porque la importancia de que los resultados fuesen favorables. Verla en el rol que tantas veces quiso él ejecutar le dio nostalgia.
Su retiro fue más por el impulso de no complacer a Baris cuando lo llevó a la fuerza de regreso a Elhi, al llegar ya tenía cupo en la universidad, la propuesta de varios apartamentos para que eligiera uno y, por si fuera poco, una reunión con su madre biológica para conversar sobre su relación.
Sinisterra sintió pena por el recuerdo del berrinche que armó, durante un mes no habló con Doncella ni con Baris, se sentía confundido y defraudado, no era el niño que debía estar con su padre porque así estaría seguro, ya era un hombre hecho y derecho y por lo visto ellos no lo habían entendido, al final, como siempre, fue Sergio el que dio el primer paso para la reconciliación y que pudiese encontrar su verdadero camino.
Al entrar a la casa principal que cumplía la función de oficina en el primer piso y que mantenía esa parte lejos de la zona de vivienda familiar, vio que la vida le sonrió a Bárbara después de todo lo vivido en la universidad, una recompensa más que afortunada para la chica.
A las seis de la tarde comenzaron la cosecha, fue delicioso volver a esa rutina que le exigía a su cuerpo a mantenerse en movimiento sin la zozobra de recibir un balazo y morir. Los hombres contratados para el trabajo arrastraron las canastas que se iban llenando, mientras otros con linternas revisaban que no quedasen enterrados camarones sanos en el barro, la voz de Bárbara se alzó indicando el punto muerto del estanque, con una motobomba el agua fue retirada y con esta salieron varios crustáceos de buen tamaño. Terminaron a medianoche, cansados se dirigieron a la casa para tomar un buen baño y dormir, antes de despedirse la castaña le informó que empezarían labores a las seis de la mañana, debían ir a la procesadora.
Murat sonrió por la seguridad que mostraba Bárbara, esa que tenía antes de lo ocurrido con Moriña, el difunto Felipe Barrera consiguió levantarla de las cenizas, una punzada en su corazón le mostró la fea cabeza de los celos, él debió ser quien le brindara esa oportunidad, sin embargo, aún tenía segundo chance, y no la desperdiciaría.
Bárbara entró a su habitación para asearse, la cosecha dio lo esperado, un triunfo para su empresa, esa que estaba limpia de cualquier negocio ilícito, se quitó la ropa metiéndose a la ducha, el agua que caía limpiando la molesta capa de barro y agua salobre le dio a pensar sobre la razón de trabajar tanto, la imagen de Gabriel se posó en su mente, no tenía descendencia, y no quería tenerla, una decisión que tomó después de las experiencias amargas que tuvo en el amor, por eso y pensando que en cualquier momento podría morir, recapacitó en lo hablado hace meses con Carmona, debía dejar su fortuna en manos de alguien.
Daniel le propuso adoptar juntos, no porque la amara o sintiera una atracción hacía ella, sino porque él estaba en su misma posición, años de trabajo junto a Felipe le dieron la posibilidad de ahorrar una nada despreciable riqueza que, al igual que la suya, se perdería.
Salió secándose el cabello, el sonido del celular mostró el nombre de su segundo, contestó para escuchar lo que decidieron con Baris respecto a poner a Solano de su parte.
—El Coronel dice que él hará lo que tu digas, ¿a qué le temes?
—Si me ayudó con lo del candidato fue por afinidad con Gabriel, es un hombre demasiado… —Bárbara le escuchó murmura dos o tres palabras que autocorregía de inmediato, hasta que con un suspiro nombró la que creyó apropiada—, demasiado correcto y eso es un problema. Te aseguró que, ante el primer dilema moral, elegirá ser el policía perfecto.
La carcajada de Bárbara enfureció a su amigo, estaba visto que ella no creía en sus motivos, por lo cual optó por cambiar el tema, lo mejor era atacar por el mismo lado.
Nombrar a Murat fue un golpe bajo, pero efectivo. La viuda narró lo ocurrido en el día, si la idea de Baris era que lo conquistara para tenerlo de su lado, lo iba a hacer.
—Sabes que me juré no enamorarme de nadie después de la muerte de Felipe —no quería volver a ser lastimada—, si Sinisterra nos apoya junto con Solano, tendremos la oportunidad de salir bien librados de la cárcel, tu verás si quieres seguir en el negocio.
—Entré en esto por mi amigo, conoces lo que pienso de amasar dinero por el gusto, además, si todo sale como esperamos, la casa en la playa con los veinte perros y treinta gatos que tendré me espera en la bella isla a la que iré a vivir.
Bárbara pudo imaginarse la pose de diva de su amigo— Gracias por permanecer a mi lado Daniel.
—Los dos lo amábamos y es necesario darle un buen final, uno como el que Felipe quería.
Se despidieron con la consigna de hablarse tan pronto hubiesen tenido contacto con el policía, Baris se reuniría con él en el apartamento del hombre, y ella por su parte debía mover bien sus fichas para poder acercarse a Murat, tarea difícil porque iba a jugar con una persona que demostró en algún momento que le ofrecía una sincera amistad, pero no podía echarse hacía atrás, no cuando estaban tan cerca.
La semana pasó con rapidez, lo asuntos de la pesquera y el trámite de lavado de activos mantuvo a Daniel ocupado, así como Baris enfocó su energía en adiestrar a Gabriel, el pobre chico parecía un zombi cuando se sentaba a la mesa, comía casi dormido y luego se iba a su habitación, Baris era un completo dictador en ese campo, bien que lo conocía, no en vano su capacitación también la realizó con el pelinegro.
El día que regresaba Solano llegó, Gabriel no tuvo entrenamiento, recibió las indicaciones de Carmona y la hora a la que debía llegar al muelle, se despidieron para dirigirse con Baris a la vivienda del Capitán.
Stephano entró a su apartamento encendiendo la luz de la sala, los quince días en la selva lo tenían agotado, Durán supo vengarse por joderle el teatro al candidato Garzón, aunque no podían meterse en política, todos sabían que era la única manera de escalar dentro de los cargos que les acercarían a ser ministros en el gobierno, y para los más osados, crearse una carrera para llegar a la presidencia.
Dio unos cuantos pasos percatándose del olor a comida que salía de su comedor junto con la leve conversación de dos hombres, nadie tenía el ingreso a su apartamento a menos que él diera la orden, sacó el arma de dotación y entró apuntando a quien dejaba un plato en la mesa, bastó un “hola” y su atención se distrajo siendo con facilidad despojado de la pistola y tendido en el suelo con su atacante pisándole la axila y torciéndole el brazo.
—Lamento presentarme de esta manera, pero me gustaría conversar mientras cenamos Capitán Daniel Stephano Solano Amato.
Escuchar su nombre completo le dio tiempo de reconocer la voz de quien lo tenía inmovilizado, exhaló sin poder reprimir una sonrisa de completa felicidad.
—Claro que si Baris, y por el olor sé que no cocinaste, así que me arriesgaré.
Al soltarle, Sinisterra se alejó con una expresión de picardía, Carmona no daba crédito a como esos dos en vez de sentase, comenzaron una especie de batalla donde por lo visto el mayor sería el vencedor. Con calma sirvió una copa de vino e inició la ingesta de alimentos, poco le importaba el derroche de testosterona que esos hacían, conocía por el mismo Baris que eran amigos, había podido enterarse de parte de la relación en esa semana, aunque lo principal en ese momento era saber cómo reaccionará el castaño a la propuesta de ser su aliado.
Diez minutos después entre risas y chistes de mal gusto se sentaron a la mesa, Carmona ya empezaba el postre, odiaba las cenas largas a menos que fuesen necesarias, y ni que decir de las sobremesas, eran imposibles si sólo trataban temas insulsos, el tiempo para él era importante, por eso se sentía fastidiado por lo ocurrido.
Al finalizar Daniel pidió permiso para ir a la sala, debía realizar varias llamadas para supervisar los envíos y entregas de esa noche, el aeropuerto estaba custodiado por varios oficiales apostados por las falsas pistas que habían rondado, Gabriel lo esperaba en donde se efectuaría la verdadera entrega, sin embargo, el chico aún estaba en periodo de prueba así que no podía arriesgarlo, tanto por el plan como por la reacción de Bárbara si le pasaba algo.
Miró el reloj, informó a Baris que se marcharía, luego determinarían lo que debía hacer en caso de que Solano aceptara su propuesta.
Los ojos del castaño lo vieron con burla, detalló su atuendo, nada fuera de su lugar, se despidió enojado por cómo se llevó la reunión, cerró la puerta para dejar a los policías conversar con calma.
—Esa es la historia —concluyó Sinisterra casi una hora después—, Sergio y yo siempre fuimos conscientes del riesgo que corríamos, y por más que me duela su partida, sé que la única manera de honrarlo es concluyendo el caso y limpiando su nombre.
—Y ¿tu hijo lo sabe? —negó con firmeza, Murat necesitaba estar limpio en esa situación, si los conectaban, las personas de las cuales sospechaban dentro del departamento de Narcóticos no podrían ser atrapadas.
La decisión no era fácil, le pidió pasar a la sala, de inmediato sus ojos se posaron en una parte del sofá, Baris se dio cuenta que Carmona era más astuto de lo que creía, la edad y la experiencia no se improvisaban.
—Aceptó con la condición de que, si fallamos, yo debo desaparecer, y lo que te pido es definitivo.
—No te preocupes, si en algo es experto Carmona es en desaparecer personas.
El trato fue cerrado con un estrechón de manos, todo estaba listo para la fase dos del plan.