Aliados

2164 Palabras
«El candidato presidencial y que tomó las banderas del fallecido Juan Camilo Gómez antiguo líder del partido de los Independistas, fue agredido por un sicario oculto entre el personal de servicio de la aerolínea. Fuentes presentes en el lugar de los hechos determinaron que el hombre de unos veinte años logró escapar ayudado por otro infiltrado. Las autoridades emitirán un retrato hablado del joven, sin embargo, las fotografías que se obtuvieron del supuesto atacante, lo muestran en un lamentable estado, donde, aparentemente, parecía haberse defendido de un depredador». La periodista dio paso a cabina, entregó el micrófono para aproximarse al personal de servicio del lugar, entre los presentes se encontraba Santa, le pasó el sobre con el dinero a la comunicadora que le retuvo invitándole un café. En la mesa del pequeño restaurante, las dos mujeres hablaron sin miedo a ser descubiertas por algún enemigo después de la noticia que Sara Pedraza dio con las imágenes de Gabriel. —Gracias por la ayuda. —No hay que agradecer, sabes que detesto que coloquen en un pedestal a personajes que se vanaglorian de lo que otros hicieron. —Si quieren evitar un escándalo, los allegados a Garzón dejarán las cosas así —habló Bárbara terminando el expreso que pidió—. Sin embargo, puede que ocurra lo contrario y comiencen a investigar. Sara se quedó mirando a la calle como si esta tuviese la respuesta a la situación con el joven que acosó el candidato, la sonrisa felina dio la esperanza a su acompañante sobre lo que iban a hacer. —Tu amigo no tiene antecedentes, nadie lo conoce, por lo que me mostraste y las imágenes de las cámaras, considero que es menor de edad. La incredulidad de Santa fue visible en su rostro, Nereida no sería tan tonto como para colocar a un inexperto en esa misión, a menos que siempre el objetivo hubiese sido fallar. —Encuentra esa prueba, démosle los cinco días que el médico fijó para darle de alta, y de acuerdo con eso, actuamos. Bárbara miró a Sara, aunque podría decirse que la periodista lo hacía por dinero, la verdad es que desde que empezó a ayudarla en el seguimiento que Carmona acostumbraba a hacer a las “donaciones” que hacían, Pedraza destinaba gran parte del capital a obras de caridad que comprometían niños víctimas del conflicto o con problemas de violencia intrafamiliar. La azabache aceptó la propuesta, se despidieron acordando un mensaje al celular privado de Bárbara si algo surgía. Sara sabía su identidad desde un año atrás, y ni siquiera se inmutó en preguntarle el porqué de sus acciones, con simpleza le dijo que cada uno era libre de decidir si seguir adelante después de una pérdida, o joderse la vida por esta, luego de ese razonamiento no volvieron a tocar el tema. Al llegar a su casa en el comedor le esperaban Carmona Y Gabriel, el joven se veía mejor que el día anterior, pero la ansiedad por salir de allí se reflejaba muy bien en su rostro. Santa le pidió que se marchara a la habitación que le designaron, en unos minutos subiría a charlar con él, Gabriel asintió con resignación saliendo de la estancia, con cuidado se colocó detrás de la puerta para escuchar lo que planeaban esos dos, tal como le pidió Nereida, si quería tener a su hermana libre y viva, debía pasarle la mayor información posible de pelinegra. El joven era consciente que falló en el asesinato, pero bien le dijo German, que, si eso pasaba, su otra carta de salvación era llevarle la verdadera identidad y localización de la gatillera. Dentro del salón Daniel esperó por una indicación al respecto del chico, el silencio de su jefa le mostró que no tendrían una conversación privada, lanzando un pequeño grito de desesperación, partió del lugar cogiendo al fisgón del brazo y llevándolo casi arrastrado a la habitación donde Bárbara pudiese ver el interrogatorio. Gabriel temblaba por lo que le harían, la mujer a la que le decían Santa parecía muy distinta a ese tipo, y lo que menos quería es volver a pasar por lo que le hizo el viejo del aeropuerto, por más que se lavó aún podía sentir sus dedos dentro de él. —Si quieres salir de aquí con vida, me vas a contestar ¿ENTENDISTE? —gritó Carmona que vio estremecerse a Gabriel, los ojos marrón reflejaban el más sincero de los pánicos, pero también en la medida que hablaba notó como se perdían en los recuerdos. Daniel estrelló el arma contra la mesa, esto regresó la atención del pelinegro a él, le repitió las mismas tres preguntas básicas que requería para su identificación y saber realmente de quién se trataba. Gabriel le dio su nombre completo, donde vivía, quienes eran sus padres. Narró como desde hacía cinco años estaba en la casa de su hermana, ayudaba con las funciones del hogar y estudiaba en las tardes en un colegio oficial cercano a la mansión. —Cuando murió el marido de mi hermana, el señor German se hizo cargo de mi educación, hasta hace unos meses que se pasó a vivir a la casa y por la oposición de ella a ayudarlo, la empezó a maltratar. Bárbara veía el sufrimiento del muchacho, pero nada de lo dicho hasta el momento le servía para salvarlo de la cárcel por intento de asesinato, y tampoco para mantenerlo con vida cuando entrase en esta. Era claro que Nereida lo mandaría a callar tan pronto tuviese la oportunidad. Carmona abandonó el cuarto recostándose en la pared del pasillo a fumar un cigarrillo, mientras Gabriel se apretaba las manos y limpiaba de vez en cuando sus ojos. Minutos después el segundo del Clan Barrera ingresó con un interrogatorio diferente al que normalmente realizaban. Bárbara odiaba esa actitud, pero si querían salvarle el pellejo al chico, debían recurrir a cualquier estrategia. —Tu edad y el nombre de tu hermana, dame esas dos cosas y veré si te ayudo o no. —Dieci…ocho —la cachetada en el rostro de Gabriel fue dolorosa incluso para Santa que la veía a través de la cámara. Carmona volvió a preguntar y la escena se repitió dos veces más, y la respuesta del pelinegro fue la misma. —Bien chico, como sigues mintiendo, y veo que estás acostumbrado a los golpes —explicó Daniel encendiendo un nuevo cigarro, el cual dejó entre sus labios para acomodarse al frente de Gabriel y halar su brazo—, entonces cambiaremos el castigo para que digas la puta verdad. Lo primero que cayó en la blanca piel fue la ceniza creando un escozor que fue soportable porque no dejaría marca, sin embargo, cuando lo vio aproximar el cigarrillo dispuesto a colocarlo sobre la piel, Gabriel se dio cuenta que la amenaza era verdad. Carmona volvió el cigarrillo a la boca para darle una calada dejando el rojo encendido del tabaco. —Conocí a Santa cuando la recogí de la calle, al menos tu llegaste con ella —la sonrisa erizó el cuerpo del pelinegro, por lo visto su salvadora lo llevó a un lugar peor al que tenía con su hermana y Nereida—. La diferencia entre los dos, es que ella demostró ser buena para algo más que abrir las piernas y en mi negocio era catalogada como mercancía malograda, pero tú eres diferente. Gabriel tragó en seco, sabía de qué hablaba Carmona, lo escuchó varias veces en las reuniones que tenían Christian, German y ese tipo al que le decían Ministro. La tétrica voz se escuchó de nuevo, esta vez el cigarrillo si sería colocado… —¡Dieciséis! TENGO DIECISÉIS, Y MI HERMANA ES NOHORA OROZCO CIFUENTES. —No te creo —susurró Daniel dando una nueva calada al cigarrillo. —Mi maletín, mis papeles y su foto —pronunció con temor y con los ojos llenos de lágrimas— ¡por favor, no lo haga! Bárbara corrió por la maleta del chico que estaba en su poder desde el día anterior, buscó desesperada lo que necesitaba, en la billetera se encontraba el documento de identidad y una tira de fotos donde la que fue su amiga en la universidad se veía riendo junto al ojimarrón. La puerta se abrió y dio paso a su hombre de confianza. —La casa está en Maltería, ella se encuentra en la habitación principal. —¿Te habló del bebé? —cuestionó Bárbara repasando con los dedos la fotografía de Nohora. —Lo perdió por los golpes de Christian, no puede volver a quedar embarazada. Carmona la vio quebrarse por el sentimiento de impotencia por no haber separado a su amiga de ese tipejo, conocía la historia y sabía que si Murat Sinisterra no le hubiese hablado como lo hizo en aquella tarde, ese episodio humillante todavía la atormentaría. —Comunícate con la periodista, yo me ocuparé del candidato. Fue a la puerta, antes de salir le indicó donde estaba Gabriel y le recomendó explicarle la situación, si iba a vivir bajo el mismo techo que ellos, era bueno que el joven supiese hasta dónde tenía libertad. Bárbara se recompuso y le hizo caso al ojimiel, Carmona era como un hermano mayor para ella, conocía de la relación filial que mantenía con Felipe, por eso no dudaba nunca en hacerle caso y más cuando le hablaba de esa manera. Daniel encendió el coche para salir rumbo a la Clínica, estaba furioso, los Mercenarios eran una plaga, pero Bejarano y Nereida, junto con el Ministro correspondían a fichas dentro de la organización, necesitaba conocer el dirigente de esa banda de criminales, todo negocio tenía un código y ellos lo ensuciaban con lo que hacían. De repente su mente lo llevó a quien podría darle esa información y ayudarle con el caso de Gabriel sin dar la cara, estacionó a un lado de la carretera, envió un mensaje y esperó por la respuesta que le llegó prácticamente de inmediato con una dirección. Arrancó para encontrarse con quien, si manipulaba correctamente, podía ser una ficha clave en la venganza de Bárbara y el descanso en paz de Felipe. El capitán Solano marcó la salida dirigiéndose a su apartamento, el mensaje de Carmona le extrañó por el nombre del candidato Garzón en este, ordenó al conserje dejar pasar al hombre que se presentaría como Reinaldo Jiménez, era un testigo y subiría desde el parqueadero, el guardia de seguridad conocía el trabajo del rubio y realizó los respectivos preparativos, media hora después el sonido del timbre le mostró al elegante caballero que se introdujo en su departamento sin siquiera saludarle. Tras una charla que parecía más un informe policíaco, Stephano Solano analizó las pruebas que el castaño le entregó. —Es mentira todo lo que dices, además, si tienes a este chico debes entregarlo. Carmona apretó los puños sin perder la expresión de su rostro, por lo visto se equivocó con el capitán, Stephano era un convencido de que las palabras y las buenas formas estaban ligadas a lo que mostraban las pantallas. —Pido disculpas por quitarle su tiempo, y sobre el chico, así lo tuviera a mi lado, jamás se los entregaría, no merece estar en una cárcel siendo la víctima. Solano lo detuvo al ver como caminaba hacía la puerta, con un suspiro le pidió los datos del joven para comprobarlos, no prometía nada, pero lo que estuviese en sus manos lo realizaría. Daniel le pasó la fotografía del documento de identidad del joven, agradeció con una mueca y salió del lugar. El detective se conectó al centro de datos de la Registraduría logrando lo que necesitaba, aunque no era la idea, consultó el nombre de Garzón en las investigaciones de la policía, y obtuvo varios vacíos en casos donde se veían vinculados jóvenes de diferentes estratos, aunque todos mayores de edad, por lo visto, quien le colocó la trampa quería más que asesinarlo tener las pruebas para controlarlo. Imprimió la información para dirigirse donde su superior, Durán analizó los datos prohibiéndole utilizarlo contra el candidato, para todos, el hombre tuvo un atentado, sus gustos si no le molestaban a su esposa no tenían por qué salir a la luz pública. Stephano ni siquiera se dio cuenta en qué momento fue sacado de la oficina del jefe Durán. —¿Estás bien bro? —observó a Murat negando con la cabeza. —Creo que necesitamos trabajar de otra manera, y tú y yo tener una conversación muy sincera. «…antinarcóticos capturó y dio de baja al sicario que el día de ayer atentó contra el candidato presidencial Constancio Garzón. El jefe Carlos Durán promete continuar con las investigaciones para determinar quiénes están tras este suceso. En declaraciones a los medios, esto fue lo que dijo: —Se presume que es una venganza por lo acontecido con Sergio Doncella, los clanes del narcotráfico en Colbia y el grupo de sicarios a cargo de la mujer conocida como Santa, son nuestro objetivo militar…».
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