Socios

2361 Palabras
Bárbara saludó sentándose a un lado de la mesa, los socios de inmediato enfocaron su atención en ella olvidando que la mujer ubicada en la silla de la cabecera era la hermana de Felipe Barrera. Percibió el enojo de su cuñada, sin embargo, con sorna le repitió un frase de cajón que amaba desde que se la dijo su esposo en una de las tantas discusiones que mantuvieron en ese despacho: «Recuerda Marissa, no importa que te sientes en la cabecera, porque el liderazgo estará siempre donde yo me haga». La asamblea de socios dio inicio con los comentarios normales que se daba semestralmente para ver los ingresos y egresos de la pesquera tanto por lo legal como por los envíos extraordinarios, las cifras tras el problema con la caída del cargamento en Elhi y de la muerte del topo de Doncella fueron sufragados y superados con los últimos seis embarques, esto colocó contentos a los tres inversionistas masculinos, la que no parecía muy satisfecha, como siempre, era Marissa. La mujer revisó con minucia los números, luego con un suspiro pidió a los otros que hablaran de la verdadera razón de su presencia en esa oportunidad. Bárbara escuchó con atención y sin ningún tipo de sorpresa la presunción de asumir el rol de presidente de la compañía por parte de alguno de los asociados, aunque tenía el 52% de las acciones, los estatutos determinaban la elección cada dos años, y ella llevaba uno más. —¿Qué es lo que realmente quieres Marissa? Bárbara ignoró a los hombres e hizo la pregunta directa a su cuñada, lo cual descolocó a los otros que, a pesar de exponer lo que supuestamente pensaban, no parecían muy convencidos del plan que la rubia teñida tenía. —Las ganancias son buenas, pero queremos manejar el negocio como es —exteriorizó con tranquilidad mientras devolvía la carpeta con la contabilidad—. Mi difunto hermano mantenía un contacto directo con El Mago, o lo que sea que significa ese alias, por lo visto Carmona es el que ocupó ese papel después de su muerte. —Ha hecho un buen trabajo —reiteró Bárbara a sabiendas que lo que venía no le iba a gustar. —No queremos que siga con ese contacto, muchos lo reconocen en este momento como el encargado de los pagos y no queremos una historia como la de Felipe. La castaña se extrañó por la frase, era una mezcla de advertencia y reproche que le hacía uno de los socios extranjeros. —Esto nos lleva a la segunda parte de nuestra conversación, Bárbara a partir de hoy nuestras acciones tendrán un solo representante, una persona que desempeñará el papel de Carmona —Marissa quería fuera del negocio a Daniel por rencilla de años pasados, él era el único capaz de controlar los gastos exagerados y el derroche que los Barrera hacían del dinero de Felipe, eso había permitido que tuviesen un bajo perfil y nunca se les relacionara con los negocios ilícitos, pero por lo visto se habían cansado de mantenerse en el anonimato. Al ver que la viuda Barrera no le iba a interrumpir o reprochar, Marissa continúo solicitándole a uno de los socios que permitiese la entrada de quien ejecutaría ese rol. La castaña bufó cuando ingresaros dos personas a quienes nunca creyó ver delante de ella en el cargo de dueña de la Pesquera Barrera: German Nereida y Nohora Orozco. No hubo necesidad de presentaciones, los tres mostraron el desagrado de volver a estar frente a frente, después de tantos años. Marissa por su parte sonrió satisfecha por el impacto ocasionado en su cuñadita, la detestaba por la gran vida que se daba sin medir gastos, mientras ella y sus padres tenían que ajustarse el cinturón cada mes. Cuando todos estuvieron de nuevo sentados, la menor de los Barrera dio una explicación sencilla, Nereida era su actual pareja y conociendo el negocio mejor que nadie en cuanto a los envíos no solo de dinero sino también del producto, él sería el encargado de las funciones de Carmona dentro de la organización en ambos flancos, y bajo su cargo estaría Nohora, quien hablaría directamente con los Clanes y con las disposiciones de El Mago al momento del transporte y las rutas. Ignorando la gran alegría de Marissa, Bárbara interrumpió a Nereida antes de que comenzara a decir quien sabe que estupidez. —¿Por qué deseas que Carmona salga del grupo? —la castaña percibía la trampa que se estaba fraguando en la intención de eliminar definitivamente a su amigo. —Nadie a excepción de él sabe la identidad de quien maneja una de las ramas más fuertes del negocio, con cada cargamento se cubre de dinero… —Un cinco por ciento del total de lo que reciben los exportadores, y nosotros sin hacer nada ganamos un 30% —rebatió Bárbara sin exaltarse—. Díganme ¿Cuál es la verdadera razón? Marissa iba a volver a hablar, sin embargo, Nereida tomó la palabra, la explicación fue tan convincente que si ella no supiese que mentía diría que Daniel era un tramposo ladrón, algo que por lo visto hicieron los otros. —Uno de mis colaboradores le ha seguido la pista por meses y cree que Carmona es El Mago —las palabras de German eran precisas y con lo que mostró de Daniel se notaba que Oscar Torres lo tenía en la mira desde hacía años, información que no llegaba ni a un tercio de las funciones que realizaba, y mucho menos a la preparación que tenía para manejarse a su acomodo en este negocio—. Además, sabemos de sus tratos con la sicaria que le llaman Santa. —Una que tengo entendido también contrataste para poder realizar un trabajito hace uno o dos meses. Marissa observó a Nereida que modificó levemente su postura tensándose, un movimiento casi imperceptible, pero fácil de detectar para quien esta entrenado en el lenguaje corporal. Fue el momento de intervenir de Nohora para responder la afirmación de Bárbara, era claro que mantenía la cordura en medio de la cantidad de droga que parecía haber consumido. —El señor Nereida la contrató para recuperar a mi hermano, esa mujer lo reclutó como uno de sus gatilleros y, como pudo escuchar en las noticias, por más que tratamos de sacarlo antes de que atentara contra el candidato Garzón, mi pequeño Gabriel murió a manos de ella por no cumplir el objetivo. Los murmullos no se hicieron esperar, en parte provocados por las lágrimas de Nohora, el poder de convencimiento de German era de admirar, por lo tanto, Bárbara comprendió que no tenía, al menos en ese instante, una manera de negar la solicitud de remover a Carmona de su cargo, así que decidió hacer tiempo. —Los envíos grandes para requerir la ayuda de El Mago no son muy frecuentes, así que les propongo que hablemos con él y que nos pase el contacto —la cuñada de Bárbara quiso intervenir mientras negaba con la cabeza—, en lo que encontró el señor Nereida no hay nada que asegure que es quien dicen, si contrató a esa mujer creo que temía por su seguridad, y por último, según el reporte de Daniel Carmona, mi mano derecha y mejor amigo de mi esposo difunto Felipe Barrera —recalcó la viuda para dejar clara su posición—, anoche el hombre que firma esta investigación le propuso un trato que no veo reflejado en estos papeles. ¿Algo que quieran contarnos? En negocios como los de ellos la verdades a medias significaban traición, en ese instante la que tomó la palabra fue Marissa, por lo visto estaba al tanto de la trampa que habían colocado al ojimiel. —Caballeros anoche en el pago del viaje, el señor Nereida propuso a Carmona unirse a ellos, le dio un plazo de tres días, si acepta confirmaremos nuestras sospechas. Si eso ocurría, sería un triunfo para la hermana de Felipe, llevaba años queriendo quedarse con el transporte y lavado de dinero, así podría manejar a su antojo las ganancias, un capricho donde no tenía en cuenta el riesgo que corría tanto por sus nuevos allegados, como por aquellos que verían en el primer desfalco una razón para liquidarla. Entre los socios masculinos se miraron, el extranjero fue el encargado de transmitir lo que en silencio parecían haber acordado. —En cuatro días nos veremos con la presencia del señor Carmona y esa sicaria a la que llaman Santa, queremos escucharlo, si nos convence continuara con su cargo, si no —Bárbara lo tenía claro, una sentencia de muerte—, él y su guardaespaldas serán eliminados. Se despidieron para salir sin más aclaraciones, la castaña recostó su cabeza en el espaldar de la silla. Así que después de lo que ella escuchó Carmona fue abordado de nuevo, por eso el silencio durante toda la mañana. Mensajeó a Baris, él debía saber como resolver la situación con Daniel antes de que el plazo se cumpliera, cuatro días para entender el trasfondo de lo que acababan de proponerle, debía hablar con la periodista y ganar tiempo, el suficiente para conocer quien realmente estaba detrás de Nereida y Torres. Una pregunta que Carmona también se hacía en la soledad de su apartamento. Daniel después de la conversación con Ministro llegó a su vivienda, una que sin duda ya tendrían vigilada para comprobar su identidad. Cerró las páginas de las cuales sacaba gran parte de la información que le ayudaba a rastrear los envíos de drogas y de dinero, sin embargo, que eran ineficientes para el tráfico que confirmó, con la charla de la noche anterior, tenía Torres y del cual Bárbara salvó a Gabriel. Se asomó a la ventana para ver el mar que desde niño lo había acunado, ahora no estaba en la pequeña casa de pescadores en la playa de Bochica, sino en un apartamento lujoso ubicado en uno de los mejores sectores de Guasaya, era reconocido como un gran ejecutivo y un playboy nato, aunque los más cercanos a él supiesen que la mayoría de sus citas y conquistas no eran sino amigas que querían fama y un poco de fortuna, algo que les trajo a las que supieron aprovecharlo un buen reconocimiento. Miró el reloj con la forma del mapamundi fijado en una de las paredes de la sala, no se había comunicado con Barbar en toda la mañana, y la dejó sola en la junta de socios que sin lugar a duda Marissa lideró para —como siempre— tenderle una trampa y poder hacerse con la empresa. Su amiga debería disculparlo, pero nunca en los años de ser el segundo de Barrera, se le presentó una situación tan penosa, una en la que debía no solo salvar su pellejo sino también encontrar la relación entre Los Mercenarios y el nuevo grupo de narcos que parecía tomar fuerza entre los clanes, el MNTB. Fue a la cocina a servirse un poco de cereal y leche, no quería comer nada, su estómago aún no se recomponía de la sensación de pesadez por ser tratado como un pedazo de carne, cogiendo el pocillo regresó a la sala encendiendo el televisor, necesitaba descongestionar su mente para pensar con claridad, irónico cuando el electrodoméstico estaba diseñado precisamente para abstraer la atención de cualquier cosa y embotar los sentidos. Cambió los canales sin obtener algo que le interesara, nunca estaba en la casa a esa hora, así que no sabía que tipo de programas se transmitían, al fin dio con un especial en repetición, un reportaje de una de la cadenas televisivas más importantes del país. Las imágenes mostraban varias personas en sombras que hablaban de su experiencia en el extranjero, y allí en medio de las voces manipuladas para no ser identificadas por las entrevistas apareció lo que estaba buscando. El timbre del apartamento sonó con el recado de “llegaron las pizzas”, Carmona se levantó del sofá y tan pronto abrió la puerta haló al repartidor para asegurar la salida. —Espero que trajeras una de salami y piña porque la charla que tendremos será larga. El desconocido se quitó la gorra y las gafas para dejar caer el largo cabello castaño, la sonrisa por la bienvenida aliviano la preocupación que tenía por su amigo desde la mañana. —Si me prometes que hay algo más que malta o soda, comenzamos ahora mismo. Esa tarde los hombres de Ministro dieron el reporte básico de las actividades de Carmona, el segundo de Bárbara no había salido de su vivienda en todo el día, por lo visto la persona que llamaban El Mago realmente no era alguien que se dejase ver, lo cual le llenaba aún más de dudas. —Deja de mirar ese computador, si te das cuenta nada ni nadie ha entrado a su apartamento —habló la voz de una persona que no esperaba sino hasta dentro de dos días. —Un repartidor que le dejó unas pizzas, pero a menos que tenga algo más que leche y cereal en ese refrigerador, deberá salir dentro de poco —lo decía con convicción, ya que semanas atrás cuando quiso revisar personalmente el apartamento para elegir equipo que utilizaría para vigilarlo y los lugares donde ubicaría las cámaras a las cuales únicamente él tendría acceso, plan fallido por el viaje a Caridad y los envíos del clan. —Oscar ¿no te habrás obsesionado con ese tipo? —le cuestionó el hombre a su espalda. El moreno levantó los hombros y le dio una sonrisa a su amigo, las cosas hermosas le gustaban, pero las que demostraban ser un reto y eran inteligentes, lo enloquecían. —Estoy con Carmona igual que tu con Bárbara, que, por cierto, según Nereida ha cambiado para bien en estos años. —Eso espero, porque la cuenta pendiente que tengo con ella la cobraré hasta dejarla sin nada. Torres torció la boca, y a él le decía obsesionado, sintió un poco de lástima por la mujer, su amigo acababa de sentenciarla, la diferencia es que esta vez el trabajo lo haría él mismo.
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