La trampa

2941 Palabras
Los tres días de plazo pasaron más rápido de lo que esperaban, Baris revisaba con atención la información que le entregaron a Bárbara de Carmona, conocía a Marissa y a los padres de Felipe, los cuales a pesar del ritmo de vida que llevaban, siempre habían comprendido la importancia de mantenerse en un perfil que les ayudase a pasar desapercibidos por la ley. Depositó los papeles en la mesa, a pesar de la importancia del encuentro entre Santa, Daniel y Torres, su cabeza ahora estaba sumergida en lo que Bárbara le había contado del desliz con Murat. Baris conocía a su hijo y sabía a la perfección que nunca se acostaría con alguien si no le llamaba realmente la atención, por lo visto ese giro le complicaba bastante la situación. Deseaba conversar con él, decirle la verdad de todo lo que estaban viviendo y porque Sergio expuso su vida de esa manera tan ilógica, pero tenía responsabilidades en donde cualquier paso en falso equivalía dañar la investigación de años. Escuchó la voz de Gabriel solicitándole permiso para entrar, el chico se había convertido en una gran compañía, en esos días recapacitó sobre su labor de padre, tal vez si hubiese pasado tanto tiempo con Murat como el que había compartido con el ojimarrón, su relación fuera mejor, en instantes como ese extrañaba a Doncella, él siempre supo manejar mejor los temas que él no se atrevía a tocar con su hijo. El joven Orozco saludó explicando la agenda del día, le entregó la Tablet con información recolectada sobre los sitios de reclutamiento que tenía Ministro para las mulas y los servidores sexuales, el muchacho procuraba mantener la calma, pero se le estaba complicando relatar lo encontrado. Baris sujetó su mano pidiéndole que se tranquilizara, con un tono más familiar le felicito por la rapidez con que aprendía, pero también le dijo la importancia de saber si llegado el momento sería capaz de aplicar el entrenamiento recibido. Gabriel respiró profundo, era verdad que cuando atacó a Garzón lo hizo por instinto de supervivencia, Baris hablaba de conservar la sangre fría para agredir por cumplir una misión. Ante el incomodo silencio, ambos decidieron revisar el reporte de las instituciones donde Torres tenía infiltrados a los cazadores, estas eran de fácil acceso para un estudiante que quisiera vincularse en cualquier época del año, necesitaban conocer el modus operandi del reclutamiento, de ahí que era vital introducir a Gabriel, Orozco sabía que su aporte salvaría, sino a todas las víctimas, si a varias que veían en la propuesta de dinero e independencia una oportunidad de conseguir sus sueños. Eligieron uno al azar, con pequeños cambios en el aspecto físico del muchacho, podían lograr el objetivo, por su parte Baris ejercería el papel de acudiente con esas características que convertirían al menor en un blanco fácil para los trabajadores de Ministro. Acordaron empezar los trámites cuando Solano entregará los documentos falsos de Simón Cortes Galindo para matricularlo en la opción escogida, ahora solo quedaba aguardar por los resultados de la reunión entre Carmona y Torres. Una que comenzó a las diez de la mañana con Santa caminando al lado de su supuesto jefe como si fueran la pareja del año. El encuentro Oscar Torres lo fijó en uno de los club náuticos de Guasaya, Daniel vestía una camisa de lino hueso sin botones que dejaban ver una gargantilla con un pequeño dije que tenía un símbolo celta, un pescador de algodón atado por un cordel a la cintura y una sandalias de cuero a juego con el color celeste del pantalón, gafas de marca vidrio azul y el cabello chocolate imposible de definirlo en un peinado, llamaron la atención de varias de las mujeres presentes que arrugaron el ceño al ver a la pelinegra que le acompañaba; el mesero ofreció una copa que aceptó llevando a los delgados labios rodeados por la sombra de la barba el cristal mientras con los ojos buscaba a la razón de que estuvieran allí. —Te dije que no vinieras vestido de esa forma —dijo la ojiverde bebiendo un poco del jugo que le llevaron en cambio del licor. —Tú no te quedas atrás, te ves demasiado provocativa con esa ropa querida guardaespaldas —Santa sonrió divertida por el intento de elogio. Su vestido en algodón blanco tenía dos aberturas laterales y unas mangas muy amplias con el escote en forma de V decorado con un encaje floral, llegaba a medio muslo y deja ver a la perfección que debajo de este sólo se encontraba un sugestivo traje de baño de dos piezas. —Por eso te quiero, eres el mejor dando cumplidos —nótese el sarcasmo. La pareja sonrió brindando entre ellos, Carmona ofreció de nuevo su brazo a la chica para movilizarse en el lugar sin ser abordados por algún pesado, fue cuando lo divisaron en una de las carpas frente a la playa de los yates, el tipo se besaba con una chica rubia que manoseaba con lascivia, uno de los hombres que al lado de Torres avisó de su presencia, los ojos de ratón de Ministro se enfocaron de inmediato en Daniel que alzó la copa como saludo. Despachando a la muchachita con una nalgada, se irguió para invitar a Santa y al ojimiel a subir al bote de lujo que por lo visto les esperaba. Tan pronto estuvieron dentro, la seguridad de Torres iba a proceder con la requisa, una que su mismo jefe detuvo riendo con cinismo. —Con esa ropa a menos que la traigan en el culo, no creo que tengan armas. —Gracias —susurró con una mueca Carmona, su malhumor salía a flote tan pronto como veía al pelinegro. Santa observó el espacio haciendo un conteo del número de personas con ellos, en caso de un enfrentamiento tenían las de perder, ocho contra dos no era un aliciente para mostrarse irascibles, en cuanto a las rutas de escape, aunque podían ganarse un disparo, la mejor salida sería el agua, algo que confirmó cuando el motor del barco sonó y comenzaron a alejarse de la playa. Ministro analizó a la mujer, por lo visto era cierto que se convirtió en el brazo armado de El Mago, pregunta que fue confirmada por Daniel quien se sentó en la silla de la popa del yate. Exhaló resignado y tomó la pose indiferente que —por lo que había notado— era la que mantenía el interés de Torres en él. —La organización encontró inconsistencia en su propuesta, ya que en la asamblea de socios a la señora Barrera le dijeron que los responsables serían otros —Torres no perdió la sonrisa, pero si tensó su cuerpo con la frase del ojimiel—, si acceden a la propuesta bien sea con usted o con los otros, yo estoy incluido, y esa es una de sus condiciones. Oscar procuró no manifestar su enojo por el trato que aparentemente Nereida propuso en la Pesquera, sin perder la hipócrita sonrisa les aconsejó relajarse mientras llegaban a la isla donde quedaba su propiedad, una vez allí hablarían del trato. Pidió permiso y se retiró. Santa comentó a Carmona lo poco que pudo ver del barco, siguiendo la recomendación de su anfitrión, se dedicaron a recorrer la cubierta hasta llegar a la proa, donde se encontraba un cómodo lugar para broncearse, pero también permitía ver la cabina donde Torres se movía de un lado para otro mientras mantenía un teléfono satelital en su oído, por lo menos el primer punto de su plan se había completado, sembrar la duda en el pelinegro fue más fácil de lo que creían, ahora venía la segunda parte. Oscar oía las excusas de Nereida, su supuesto amigo una vez pasado el shock por la pregunta sobre lo dicho por Carmona, trató de explicar la razón de nombrar a Nohora y a Marissa como encargadas de lo que hacía el segundo de Bárbara Barrera. —German parece que olvidas que manejo las rutas de las dos mercancías que ofrecemos, ¿por qué crees que le pedí ese cargo? —“El que mucho abarca poco aprieta”, Ministro, no abuses y menos con este tipo, conozco tus gustos. El pelinegro soltó la carcajada, ¿sus gustos?, nadie podía determinar cuáles eran “sus gustos”, solo una persona lo conocía lo suficiente, por eso confiaban uno en el otro sin reserva. Las palabras de Nereida se perdieron cuando se percató de lo que ocurría en la proa, Carmona quitaba con delicadeza el vestido de su guardaespaldas depositando pequeños besos en su cuello y espalda, la mujer se sentó abriendo las piernas para pedirle al ojimiel sentarse entre ellas, tragó en seco cuando lo vio quitarse la camisa, fue cuando recordó las palabras que detuvieron el insulto que pensaba propinarle al traidor de German, «yo estoy incluido». —Mañana estaré en la reunión con los socios de la pesquera —Nereida alegó que no era necesario, él tenía otras obligaciones—, y German, sobre mis gustos, no te preocupes porque bien que conozco los tuyos amigo, así que evita pasarte de listo conmigo. La llamada se cortó haciendo que Nereida lanzará el teléfono en el escritorio bastante enojado, estaba convencido que Carmona no asistiría a la dichosa reunión con Oscar y podría mover las fichas como lo tenía planeado. Encendió la computadora, debía concretar a Durán para que capturara a Santa en la reunión de la Pesquera, por eso debía mantener la calma, nada fácil cuando el número del líder del grupo se mostró en la pantalla, contestó para recibir una orden que no debía discutir. Colgó sintiendo un poco de pesar por confirmar lo que desde años atrás Christian le dijo, y que Nohora le recordaba cada vez que la tomaba, Oscar siempre será el preferido, sin embargo, toda relación tenía un punto de quiebre y él lo iba a encontrar, porque estaba claro que en ese mundo no existían los amigos. La mansión de Torres quedaba en una de las islas del archipiélago cercano a Guasaya, la zona de las viviendas de descanso de los hombres ricos del país mezclados con los delincuentes que se camuflaban como empresarios. Oscar se aproximó con dos pasamontañas que fueron colocados en la cabeza de Santa y de Carmona con permiso de ambos, el no mostrar resistencia equivalía que eran conscientes que la privacidad en esos instantes significaba seguridad. Santa reconoció el choque del agua sal con la dulce, el ingreso a uno de los estuarios que se encontraban en dos de las islas del archipiélago, eso reducía considerablemente el área de búsqueda. La velocidad del yate disminuyó permitiendo escuchar lo que sucedía en las orillas, aunque difícil de distinguir supo que la seguridad comenzaba desde el ingreso a ese canal, un brazo de las corrientes de agua dulce que corrían en el islote y que lo más seguro había sido modificado para que la nave se movilizara sin problema alguno. El ruido de una puerta, y unos minutos después les quitaron la restricción visual. Descendieron del yate, solicitando las escasa pertenencias que llevaban, su billetera, celular y el bolso de mano de Santa, quien pregunto con curiosidad la hora de regreso a Guasaya, Torres explicó que lo harían a las siete de la mañana, esto les daría el tiempo para arreglarse e ir a la asamblea en la pesquera, sin más los invitó a pasar al comedor, uno que se mostró tras una tallada puerta de roble que por lo que pudo percatarse Santa era una constante en las otras estancias de la casa, caminaron hasta el lugar donde cuatro guardias se apostaron, mientras ellos eran invitados a la mesa. La conversación casual amenizó el almuerzo, en el momento de servir el postre, un teléfono satelital fue colocado en ante Carmona para que se comunicara con El Mago, limpiando las comisuras de su boca cogió el aparato marcando el número que los conectaría con la persona que necesitaban. En Guasaya Baris alzó el auricular tan pronto como Solano se lo indicó, la voz de Carmona avisando que Ministro se encontraba con él fue seguida del ruido de una silla corriéndose y unos pasos que ganaron tiempo para la triangulación que Solano hacía de la llamada. —Señor ¿Mago? —cuestionó Torres recibiendo una risotada para después decirle que por el momento podría denominarlo así—. Bien, quiero oír sus condiciones, y yo después daré las mías. —Desea colocar el altavoz, quiero que Carmona oiga lo que acordaremos—. Aunque con desconfianza el pelinegro aceptó no sin antes ordenar a sus subalternos dejarlos solos, Torres alejó un poco la silla donde se encontraba para poder cruzar las piernas y conversar con más comodidad, la apariencia que daba a su invitado era de una superioridad que, la verdad, para el ojimiel el tipo no poseía. La voz de Baris modificada se oyó en la estancia—. Lo que nos sostiene en el negocio es nuestra confianza en unos pocos, usted y sus amigos quieren entrar a ser parte del trabajo que durante años la organización realiza, pero demostraron que no son leales al interior de su Clan, le preguntó ¿Para qué desean absorber el Clan Barrera? Torres comprendió que el dichoso Mago era algo parecido a un territorio independiente, con códigos muy diferentes a los de otros clanes. —Requerimos las rutas y un ingreso constante que permita manejar y soportar la otra rama de nuestro Clan. Solano sonrió con esa respuesta, instó a Baris a realizar la pregunta que los pondría en manifiesto si los Mercenarios y el clan MNTB eran el mismo. Torres miró a Carmona que encendía un cigarrillo sin inmutarse por la conversación, y menos cuando confirmó lo que El Mago cuestionaba. —Agradezco su sinceridad, quiero que le quede claro que cada uno de los movimientos que hacemos son legales, sino esto hace mucho se hubiese venido al piso, en los bancos reconocen a Daniel Carmona como nuestro hombre de confianza, ¿desean pertenecer al grupo?, él va incluido en el paquete. —Su cabeza tiene precio desde hace dos años, puedo matarlo en este momento y no podrán hacer nada. La risa al otro lado del auricular le molestó, más cuando vio al ojimiel correr el plato de comida y sentarse en la mesa colocando una de sus piernas sobre esta, mientras la otra quedaba balanceándose, Torres detalló cada movimiento de Carmona como una amenaza. El hombre era mucho más alto y acuerpado que él, pero eso no lo intimidaba, era el aire de suficiencia que le daba aquella pose que adquirió en lo que llevaba el cigarro a la boca, y exhalaba el humo con una mueca, algo que puso de manifiesto un lado muy diferente al del seductor que por dos años había seguido. —Percibo que lo entendió, además, si él falla, que lo dudo, Santa no dejara tu casa en pie, ¿te arriesgas? Baris esperaba por una respuesta positiva, lo que acababa de decir era verdad, Carmona era cruel y la manera como Ministro lo había tratado en esas semanas le hicieron merecedor a una muerte donde sufriría cada insulto, pero también sabía lo calculador y frío que podía comportarse por el bien de la cruzada que con Bárbara iniciaron el día del asesinato de Felipe, ¿Qué pasaría cuando lograran su objetivo? —Hablaré con mi Clan, pero mañana necesito su ayuda si desea que esto avance. Solano alzó la cabeza indicándole a Baris que localizaron el lugar, el Coronel asintió. Manteniendo su actitud, confirmó su ayuda y presencia virtual en la reunión con los socios de la pesquera, Oscar escuchó el tono de que la llamada había concluido. Dejó el teléfono sobre la mesa y acarició la pierna del hombre frente a él. —Torres ¿a qué tipo de mercancía se refería cuando me dijo que era un viejo? —Precioso ya muchos quisieran tener lo que posees, pero así tuvieras la edad para eso, jamás dejaría que alguien que no fuese yo te tocara. Cuando salieron del comedor Santa se dirigió a la terraza interna que permitía ver un excelso jardín, pidiendo le dejaran sacar de su bolso un reproductor de música se había colocado los audífonos para escuchar la conversación de los dos hombres por el dispositivo insertado dentro de la cadena que portaba Daniel. En el momento que oyó la pregunta entornó los ojos, el maldito de su amigo no pudo dejar el tema de la edad por fuera de la plática, para alguien tan ególatra eso había sido un golpe directo a su autoestima. La voz de alguien pidiendo permiso para ingresar, hizo que volviese sobre sus pasos para esperar a Carmona. Al entrar en el salón, el ojimiel le sonrió caminando hacía ella, con un gesto despectivo cuestionó por su habitación, un movimiento de la mano de Oscar dio permiso para que lo llevaran al lugar donde descansaría esa noche. Era una alcoba amplia con un gusto minimalista que coincidía con el ambiente de toda la mansión, encima de una mesa estaban sus pocos objetos, simulando sorpresa inquirió por las pertenencias de Santa, sin importarle la respuesta ordenó que las trasladaran de inmediato a ese lugar recibiendo un sí de parte del guardia que los llevó hasta allí. Al quedarse solos, la revisión de la habitación empezó, en total cuatro cámaras dispuestas en la pieza, el baño y el balcón, antes de desactivar la última Carmona envió un mensaje a Torres que sin duda lo estaba viendo. Ministro rio, ese hombre de verdad que le atraía.
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