Los días pasaban y la visita de la joven risueña se había terminado. Domingo viajó de nuevo a la ciudad, aunque dejara claro en casa que lo haría solo para acompañar a Marcela a su casa y no tardaría más de un día. El gran fin de semana entre aventura y ganadería, se redujo a un par de horas entre los frutales y una visita rápida al ganado. Donde ni siquiera el joven se preocupó por explicarle el tema, si no por volver de nuevo a casa, al notar que Juan Carlos, pasaría nuevamente a visitar a la joven. La rabia le remordía la conciencia, todos los puntos que con gran esfuerzo obtuvo con Magdalena durante meses en la casa rosada, ahora los había perdido en un par de días, solo por querer protegerla, aunque no consideró el daño enorme que causó por un pequeño sentimiento de venganza. Par

