Marcela sollozaba aún, se sentía abrumada y a pesar del agua con azúcar que bebió a petición de Rocío, nada calmaba sus nervios. - Estarán bien - Le mencionó Rocío al acercarse a ella. La joven sonrió corto y asintió. En el mismo momento que piso la hacienda, supo que su decisión no era la adecuada, no fue educada para eso y ya había decidido no ir tras Domingo, por más que sintiera todo por él. Pero no contaba con el rechazo de su padre al contarle sobre su embarazo. Ciertamente no llevaba mucho tiempo de conocer al joven, pero era lo más cercano que tenía a una familia y el apoyo más relevante en este caso. Domingo entró a la casa, era mucho más pequeña que la hacienda y al ingresar, estaba la sala de inmediato, en ella estaba Marcela sentada en una de las sillas de mimbre con coji

