Llegamos a su casa minutos después, entre risas y comentarios absurdos, no creí que volvería tan pronto, sonreí por estar allí, pero una parte de mí quería huir, sentía que cada vez me sentía más apegada a ese lugar, a Adrián y que cuánto más tiempo estuviese allí más fuerte sería la conexión. No era fanática de la costumbre, era tan propensa a ella que nos habíamos hecho mucho daño mutuamente, ella gustaba de atraparme y yo gustaba de romperla, ella quería acompañarme y yo me adaptaba tanto a ella que cuando se iba lloraba por días, que cuando se iba me dejaba destrozada. —Pasa — me dijo él de forma repentina. Estaba tan sumergida en mis pensamientos que ni siquiera había notado que estaba allí de pie frente a la entrada como una tonta. —No quiero — dije en voz baja. —¿Por qué? — preg

