Capítulo 11

1326 Palabras
LA HABITACIÓN No puedo creer que la puerta se haya abierto de manera tan abrupta, ocasionando que terminara dentro de una habitación apenas alumbrada, siento la presencia de Albert justo detrás de mí su respiración es pesada, está furioso, que digo furioso lo que le sigue sé que si por él fuera me sacaría de aquí agarrada de mis cabellos... Aún sostengo la manilla de la puerta con mi mano derecha lo que me sirve de apoyo para no caer desmayada ante lo que mis orbes captan de la habitación. -¿Qué es todo esto? -¡DIOS! Mis ojos no pueden creer lo que estoy viendo no puedo ni pestañear, mi cabeza simplemente no razona, mis sentidos están alerta, pero mi conciencia sencillamente se esfumo y ni para que hablar de mi respiración, siento que aquí no fluye el aire; Como se supone que defino esto, si mi raciocinio se evaporó apenas se abrió esta puerta. La habitación está alumbrada por una luz tenue de un color amarillo sombrío, además por la llama naranja del montón de velas que hay esparcidas por el lugar, no hay ventanas ni una sola, nunca imagine un cuarto sin ventanas; Hay diferentes objetos incluyendo instrumentos de música, hay varios estantes repletos de instrumentos u objetos de los cuales desconozco la función. Al fondo de la habitación hay varias mesas que tienen arriba como una carpa totalmente tapada, cubriendo lo que está dentro de la misma, pero lo que más llama mi atención son las esculturas que hay de tamaños diferentes, es alucinante parecen personas reales convertidas en piedras justo como las que vi en aquel sueño, no puedo apartar mis ojos de ellos, de sus detalles tan definidos, paseo mis ojos por cada una todas tienen vestimentas diferentes, aunque estoy fascinada con todas, hay una en especial que llama mi atención, me acerco a paso lento y cauteloso a ella, es de una mujer es hermosa, las facciones de su rostro son delicadas, sus ojos son oscuros casi negros se les ve un sutil detalle en tono gris que produce la sensación de hipnotismo, su cabello es n***o largo y muy rizado, tu tez es canela y está vestida con un lindo y elegante vestido azul celeste con detalles de piedras plateadas, es simplemente hermosa. -Es toda una diosa... Ella es la que más resalta entre todas, la elegancia que transmite es fascinante, tiene algunas joyas en sus muñecas y anillos en sus dedos, llama mi atención uno en especial, ya que tiene una media luna y sujeto a las puntas de esta conecta un mapamundi, es delicado, sutil, permite observar todos los detalles del planeta tierra en miniatura. Sus pies están descalzos y en la base de estos la escultura tiene pequeños relieves que se asemejan mucho a las olas del mar, también hay detalles muy pequeños que no logro diferenciar por falta de luz. Al estar aquí adentro puedo escuchar de manera más clara las diferentes voces unas agudas, graves, roncas, todas hablan al mismo tiempo no logro distinguir lo que dicen, inclusive, creo que hablan en diferentes idiomas o dialectos, no lo sé es muy confuso no puedo concentrarme en una sola, al parecer es normal para ellos, incluso para Albert no parece sorprendido ante el entusiasmo de las voces, más bien su semblante continúa serio, inexpresivo; Katherine se mantiene en el umbral de la puerta en silencio absoluto, la algarabía de las voces me desconcentra mucho, en mi interior tengo la sensación de entenderles, pero mi cabeza no comprende nada. -Eres bienvenida, Anne. Dice la voz conocida ya logro identificarla por lo menos, noto que viene de una de las esculturas que están hasta el fondo de la habitación, esa área está más oscuro por lo que no distingo del todo a la escultura por su voz puedo deducir que es un hombre… -Sal ahora mismo de aquí… Grita Albert detrás de mí, está hecho una furia andante, su grito me saca de mis desváreos, siento como su mano se posa a la mitad de mi brazo y lo aprieta con tanta fuerza que siento que lo romperá en dos partes. -Albert, ella tiene derecho de estar aquí tanto o más que tu mismo. Comenta con un tono de advertencia la misma voz que me trajo aquí, de soslayo observo a mi padre tiene la mandíbula tan tensa que parece que se romperá los dientes, su mirada se dirige al fondo del cuarto al punto donde posa la escultura que por cierto es la más grande del lugar, la mirada de Albert es retadora sin una pisca de miedo; debo admitir que me produce cierta fascinación el ver como no le teme a nada de lo que habita en este lugar, a mi cabeza viene el pensamiento de en un futuro quizás poder tener algo de su valentía ante estos seres que desconozco. -Hija, ¿por qué entraste aquí?. -Sabes muy bien que esta habitación está prohibida para ti bajo cualquier circunstancia… Escucho que pregunta mi madre parada atrás de Albert que aún no me ha soltado; he perdido totalmente la voz, estoy petrificada en el lugar, de no ser porque Albert me sostiene del brazo aun ya habría caído en redondo al frio suelo, creo que ni puedo respirar mi pecho no se mueve, solo siento mi corazón latir como si estuviera corriendo en el World Marathon Majors de New York. -Albert, sácala de aquí... -¿Qué rayos estás esperando?... -Sabes muy bien que ella no puede estar aquí, no debe estar en este cuarto. Dice mi madre en tono frío, demasiado frío incluso para ella... es como si se hubiese quitado una careta. De la nada siento como inicia una fuerte y fría brisa; cosa loca porque aquí no hay ventanas por ningún lado además la habitación está bastante retirada de las puertas de la casa, esto es muy extraño… -¿En dónde mierda me vine a meter? -Tarde o temprano esto sucedería… -Ella tiene derecho a conocer toda la verdad que le ha sido oculta toda su vida. Dice una voz que desconozco, ya que jamás la había escuchado; es de esperarse que no identifique nada de lo que hay en este cuarto jamás había estado en este lugar, mi padre me aprieta el brazo aún más fuerte estoy pletórica ante su comportamiento, nunca habían actuado de esta forma, lo que me han ocultado debe ser muy grave; de repente mi madre entra a la habitación ignorándonos a Albert y a mí se posa enfrente dándome la espalda, viendo fijamente a un punto oscuro del lugar. Me fijo en el suelo donde se detiene Katherine y me percato que está lleno de símbolos, letras, números, nunca había visto algo así, cada símbolo está lleno de detalles que estoy segura son muy significativos... Albert se percata de lo que estoy viendo y con su mano libre agarra mi cabello por la coleta y me tira la cabeza hacia arriba por lo que ahora veo a mi madre de espaldas a mí. -Ella... No sabe nada de esto. -No tiene lo necesario… Ustedes lo saben mejor que nadie... -¿Por qué razón ahora quieren actuar como si ella fuera diferente?. -Como si realmente tuviera el poder y la valentía para hacerlo. Comenta Katherine en respuesta a lo que dijo la voz anterior; Ellos piensan que no puedo escuchar a las voces, pero, ¿por qué Katherine, dice que no tengo lo necesario?, de que se trata todo este absurdo misterio. Esto simplemente me confirma que no pertenezco a este lugar, ahora mismo estoy siendo subestimada por el ser que dice ser mi madre, no puedo tolerar que sigan actuando como si yo no estuviera aquí… -¿Qué carajos es lo que quieres decir con eso Katherine?. La voz me sale cargada de incredulidad mezclada con ira, ella gira su rostro en mi dirección escaneando cada expresión de mi cara.
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