Capítulo 4: La tarjeta de bienvenida

1049 Palabras
Cuando el taxi se detiene frente al hotel, Lizzy siente que todo su cuerpo tiembla, pero ya no es de miedo, sino de nervios. Se apresura a entrar, le muestra su pase al guardia y este la reconoce como la chica que vivirá sola en la residencia de empleados. —Ayer vino alguien a limpiar un poco —le dice abriendo la puerta y Lizzy entra a un pasillo iluminado—. Me dijeron que es el último cuarto, el 10. —Gracias —el hombre le entrega una copia de las llaves y le advierte. —No sacaron todo, pero tienes un espacio para guardar tus cosas. Estas llaves son de la puerta, esas de tu cuarto y debes asegurarte de dejar siempre con llave, porque aquí viene de vez en cuando a sacar cosas. —Perfecto, así lo haré. Lizzy se va a su cuarto, se lo encuentra con una cama, un closet que tiene las puertas abiertas… y varias cajas. Tiene el paso justo para moverse por ahí y para entrar al baño, el que revisa y se alegra que tenga uno para ella sola. Deja la maleta en la cama, busca su uniforme y se cambia rápidamente, le quedan diez minutos para estar en su lugar de trabajo. Se mira en el pequeño espejo del baño, deja todo fuera de la cama, después ya ordenará en el closet su ropa. Deja su teléfono ahí, porque no tiene permitido usarlo mientras trabaja y a ella le gusta respetar las normas. Se alisa el uniforme, respira profundo y se dice. —Hoy será un gran día. Sale rápidamente, cerrando como el guardia le dijo y corre para reportarse. Al llegar, el hombre que las entrevistó las está esperando, levanta una ceja cuando la ve, pero ella no se inmuta, porque está acostumbrada a esos gestos. —¿No había uniforme de tu talla? —ella se mira, no cree que esté muy ajustado, pero no llega a responder—. Como sea. Al menos tú llegaste con el uniforme puesto, las otras se están cambiando recién. Así que, como eres responsable, te daré tus tareas, porque algunas son diferentes a las de tus compañeras. Ella asiente, el hombre le muestra un catálogo con las suites, le enseña la diferencia de cada una y le explica con un mapa dónde están cada una. Y en ese momento, Lizzy agradece tener memoria fotográfica, porque son demasiadas cosas que recordar. Luego de lo que parece ser una eternidad, se siente lista, hace algunas consultas y parte en el ascensor a cumplir con sus primeros deberes. Pasa por el carrito de limpieza, se ocupa de que tenga todo lo necesario para cumplir con su jornada y toma el ascensor de servicio. Cuando las puertas se abren, sabe que tiene una enorme responsabilidad y se propone a hacerlo lo mejor posible. El primer cuarto está hecho un desastre y agradece que el huésped se retiró. Se apresura a quitar toda la ropa de cama, a recoger las batas y toallas sucias, las mete todas en el cesto que corresponde y comienza a limpiar de inmediato. El hombre que aspira las alfombras llega, ella le dice que el piso está despejado y se mete en el baño para asearlo. Al salir, el hombre está terminando y se retira de inmediato, para esperar a que ella vaya al siguiente cuarto. Revisa que no se le quedara nada al huésped en ninguno de los cajones, tiende la cama, deja la ropa limpia en el baño, rellena el jabón, deja los cepillos de dientes nuevos y perfuma el lugar con la esencia que le indica el manual. Se apresura a ir al siguiente cuarto, pero antes de entrar, el hombre de la aspiradora le dice. —¿Estás segura de que no olvidaste nada, niña? Te tardaste menos que las otras chicas —ella frunce el ceño y se acerca al registro. —Tengo todos los chequeos… —le muestra y el hombre abre los ojos—. ¿Será que sí olvidé algo? Entran juntos a revisar, pero no le falta nada. Incluso las pantuflas de cortesía están en el lugar donde deben estar. Al salir, ella entra al cuarto y hace lo mismo que en el otro, solo que esta vez el huésped sí regresará en unas horas más, por lo que todo es más rápido, porque solo debe recoger la ropa sucia del hotel, organizar la ropa del huésped en una silla especial para eso y ya está. El hombre la felicita, porque es rápida y podrán descansar antes de tiempo. —Hoy vienen dos huéspedes más —dice ella, mirando la tablet—. Tenemos que preparar los cuartos 2003 y 2010. —¿Lo harás ahora o en un rato más? —Es mejor ahora, para descansar más tranquilos, ¿qué le parece? —Por mí, me da lo mismo. Yo solo aspiro, tú eres la que trabaja más. Lizzy asiente y se va al primer cuarto, el que no tiene ropa de cama. Verifica que no falte nada de lo que debe tener el cuarto, coloca la ropa de cama, deja las pantuflas al lado de la puerta y deja la esencia para perfumar el ambiente. Pero, como detalle extra, toma una de las tarjetas del hotel, escribe un mensaje corto en él y lo deja sobre la almohada. Se va por el otro cuarto, hace lo mismo y al salir, choca los cinco con el hombre, que se llama Raúl. Lizzy está cansada, pero se siente bien, útil y todo lo que aprendió es importante, porque es parte de tener contento a un cliente. Aunque nota cosas que podrían mejorar, lo que podría aportar en algún momento, si es que tiene la oportunidad de hacerlo. Deja la ropa sucia en el cesto que corresponde y mientras recarga el carrito, Raúl comienza a contarle anécdotas que ha vivido en sus diez años trabajando en el hotel, hasta que un grito rompe la calma. —¡¿Dónde está la responsable de esta nota?! —Lizzy se gira asustada, ve la tarjeta que dejó en uno de los cuartos, pero no es eso lo que la aterra. Sino que es Ben quién está pidiendo la cabeza de la responsable… de ella.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR