Mandra volvió a lanzarse contra el escudo de fuerza antes de caer, lleno de furia y miedo. Habían estado intentando superar el campo de fuerza durante las dos últimas horas, y tanto su simbiótico como el de Zebulon yacían debilitados sobre el suelo arenoso. Habían atacado repetidamente el campo de fuerza, pero parecía que cuando más lo hacían, más fuerza ganaba el campo de fuerza, drenándolos a ellos de energía. Los hombres hicieron entonces turnos, intentando usar la fuerza bruta para abrirse paso. Demonios, hasta habían intentado excavar un túnel en las paredes rocosas, pero solo les había servido para descubrir que el campo de fuerza se extendía y pasaba a cubrir la zona que habían dejado al descubierto. ―Para, Mandra. Es inútil ―dijo Zebulon, cogiéndole la mano ensangrentada para que

