Ella sabía que esa familia no era buena, no son como la familia de su madre y su padre encajo perfectamente ahí. Agatha solo se quedó por dos años sola, antes su madre vivía aun en la ciudad, pero ella se quedó para terminar la escuela con sus compañeros y aunque la trataron como un m*****o más de la familia, siempre lo supo “Es la hija de la exesposa”. Ellos justificaban a su padre por buscar una mujer más joven, y justificaban a su hija por destruir una familia. Agatha se culpaba a sí misma de alguna manera, era por su amistad con Trevor que Natalia conoció a su padre.
—¡Luci! — Grito —Bebeeeeeee necesito vodka a la vena, hoy me quedare en el hotel.
Luciana recibió su abrazo, estaba al teléfono con su novio, el mismo chico con el que salía hace 3 años, el hombre sonrió a través del teléfono y con su voz fuerte, llamo a Luciana. —cuida a agi, no beban demasiado, iré por ustedes más tarde.
Luciana le dio un si apagado y se despidió tirando un besito a través del aparato, lo dejo sobre la mesita y soltó a su amiga, limpio sus lágrimas.
—¿quién le hizo daño a mi bebé? Voy a darle una paliza… ¡no! Mi novio le dará una paliza y nos reiremos del culpable.
—No es nada, solo siento que mi vida es un completo desastre.
Sus mejillas continuaban bastante rojas por haber estado llorando, miró a su amiga con una expresión confusa y comenzó a contarle todo lo que había escuchado. Luciana ya sabía que ella planeaba irse de la ciudad, es más, habían quedado en reunirse en seis meses, cuando Luciana y su novio se fueran a vivir cerca de ella por trabajo y estudios. Para Agatha, con la familia de su madre era fácil apoyar a sus amigos en esta nueva vida que querían iniciar sin sus propios problemas de los que se querrán alejar. Como el hecho de que ellos llevan 3 años siendo pareja, aunque sus familias son competidores naturales, enemigos naturales, idiotas naturales.
—¿aún te gusta? — pregunto luci con un tono algo perdido, durante la conversación ya habían bebido bastante, Agatha no supo como responder, si lo decía en voz alta parecía que estaba exagerando porque no era porque estuviera enamorada que le dolía y molestaba. Era algo más.
—No, nunca me gusto—contesto secamente. —no he sido completamente honesta, lo que me molesta es que él es mi amigo, su hermana destruyo mi familia, pero no tuve voz ni voto en esa decisión, y la persona que me gusta, tiene una prometida y también opina igual. ¡Toda esa familia es una basura y me tomo más de cuatro años darme cuenta!
—¿la persona que te gusta? No me digas que…—Luciana se tapo la boca con una expresión bastante nerviosa. —¿en serio? Agi, bebé, no es tu culpa que la gente sea una basura, uno no controla quien nos gusta, pero controla que hace con esos sentimientos. Además, cariñito, ese hombre da miedo, sé que es atractivo no tanto como mi mateo pero está bastante bien, sin embargo, es mejor si te alejas lo más que puedas.
Luciana levanto la mano y rápidamente llego una persona a servir más alcohol, Agatha solo tomo una copa más, en la mañana su vuelo salía cerca de las 10 y no podía perderse, ya había sacado en un descuido todas sus pertenencias, su padre se encargaría de informar sobre su partida. Agatha se puso de pie cuando Luciana llamo a su novio, su mirada nubosa y la cabeza dándole vuelta la envió de regreso al sofá del bar. Ese calor en su garganta le incomodo así que se acurruco un poco y luego se enderezo.
—bebé, mateo dice que llegará en un rato más, pero tengo algo realmente bueno para ti, como ellos están trabajando te daré una buena despedida.
Luciana nuevamente llamo a la mujer de antes, esta corrió las cortinas que rodeaban el espacio donde estaban y se separo el ambiente del resto, un grupo de al menos 4 chicos jóvenes comenzaron a entrar, moviendo suavemente la cortina y poniéndose de pie frente a ellas.
Luciana pidió otra ronda de bebidas, aunque claramente ninguna de las dos debería beber más, Agatha la miro con embriaguez, pero también algo de desaprobación. Luciana la vio y se encogió de hombros. Sacudió sus manos y movió su cabeza, con una sonrisa bastante divertida.
—No es para mí, es para ti, puedes elegir el que más te guste o llevar uno a tu cuarto, disfruta un poco más… Tan joven y linda y no vives ni un poco.
Luciana levanto la mano y los chicos se sacaron la ropa, Agatha no quiso preguntar por qué parecía tan familiarizada con estas cosas, los hombres recorrieron su cuerpo con las manos y lanzaron la ropa, mostrando su torso, los músculos esculpidos y al parecer algo aceitados, suaves, clavículas que podían sostener el agua para beber de ellas. Agatha contuvo el aire, miro la copa en la mesa y la agarro.
—No seré nunca más joven que ahora—Se tomo todo de un trago y golpeo el cristal sobre la mesita. Se levanto y así mismo, elevo el índice, comenzó a caminar mirando detenidamente a cada chico, deslizo su dedo por el abdomen de uno y paso al otro para acariciar su rostro. La cortina se abrió repentinamente y como si fuera parte del grupo, el nuevo hombre quedo de pie al final de fila. Su camisa estaba abierta hasta la mitad del pecho y no dejaba ver más que eso, pero su cuerpo era siquiera el doble de los demás.
Con su voz quebrada y suavecita, Agatha miro al chico sin lograr distinguir bien sus facciones. —¿por qué no te has quitado la ropa?
Luciana vitoreaba detrás alentando a los chicos para volverse un poco más locos con Agatha, pero cuando Agatha sonrió y sacudió su índice dijo con voz bajita.
—Quiero llevar este a casa con mamá…Se parece mucho…sip, es igualito—deslizo su mano por el rostro del hombre, esa luz tan baja y la borrachera que tenía Agatha, no le permitió ver el rostro del hombre, como su mandíbula se tenso y las venas de su cuello se marcaron, la sonrisa de medio lado cargada de un toque de ira. —Puedo darme el lujo de llevarlo y mantenerlo ¿no estás de acuerdo?
—Claro que si bebé, tu haz lo que quieras…—Dijo luci mientras bebía un poco más.
Agatha se tambaleo cuando giro para ver a Luciana, el hombre agarró su cintura y con una facilidad bestial la elevo por sobre su hombro colgándola como si nada.
—Es la última vez que quiero que la lleves a este tipo de lugares. No juegues conmigo Luciana, no soy una persona con la que puedas lidiar, mateo ya viene, despide a estos—miro con rostro furioso a los hombres que, en la nada misma, se vistieron y se fueron.
Luciana se aclaró mientras el hombre lanzo esa amenaza, agarró sus rodillas sin poder expresar lo que quería decir, sintió que iba a vomitar si abría la boca para vociferar insultos que quería decir, pero le dio miedo, sinceramente sintió temor.