CAPÍTULO 5 

2199 Palabras
XIOMARA . . Cuando salí del despacho del señor Bang, lo hice con mi cabeza hecha un desastre, dentro de unas horas sacaría a la luz una realidad que duele, una realidad que cubrí con el enfoque en mi carrera, una realidad que es la mía. Mientras me dirigía en busca de los miembros del grupo entre las habitaciones del edificio para ver que todo esté en orden, y preocupada por la alimentación de mi nuevo desafío, iba creando diferentes historias lo suficientemente convincentes como para no contar la verdad, pero no sería de mucha ayuda para mí. Luego de verificar la ubicación de los 5 mayores, me dirijo al último lugar que se me ocurre para encontrarme a las 2 últimas personas que me faltaba hallar, JungSuk y Minjim. Me quedé escuchando un poco su charla, o más bien la pequeña discusión que estaban teniendo, sé que no está bien que lo haga, pero es necesario para entender lo que está pasando con este chico. Escucho atenta y me dan ganas de gritarle. ¿Cómo es que puede sentirse así? ¿Es que no tiene un espejo? En qué piensa al dar tanta importancia a unos pocos comentarios, me dio impotencia así que me animé a interrumpir. Un error garrafal. “¿Por qué no te metes en tus asuntos? Mejor cómprate una vida. No me interesa si tienes sentimientos o no, no me interesa si te importa, no soy tu compañero, soy tu jefe. ¡Piérdete!” Y así lo hice, me fui de ahí envenenada, esa fue la gota que rebalsó mi vaso que estaba casi lleno antes de meterme en su conversación. Tengo ganas de volver y gritarle, pero no, no voy a darle el gusto, no pienso perder mi trabajo. Mientras camino hecha una furia, me topo con la sala de ensayo vacía y es como una invitación a desahogarme, así que, sin pensarlo, me meto agresivamente. Camino hacia el centro de esta, me miro en el enorme espejo y me dejo caer. Suelto toda esa angustia que está oprimiendo mi pecho y hace doler mi garganta. Miro a mi derecha y visualizo un equipo de audio ahí, gritándome que lo encienda, pero no tengo fuerzas para levantarme. Miro a la izquierda y tomo mi celular haciendo fuerza para ver. Conecto mi teléfono al equipo por bluetooth y doy play. La música se apodera de mi cuerpo. Con cada paso que doy, suelto todos esos sentimientos que tengo adentro lastimándome. Caigo dos o tres veces por mi vista borrosa debido a las lágrimas, pero me levanto cada vez con más furia por el dolor en mi alma y los golpes que me estoy dando. Bailo hasta no sentir casi nada de esa angustia. Lo hago hasta despojarme de lo que me hace mal. Levanto mi cabeza. Al hacerlo encuentro el reflejo en aquel espejo donde se observa la imagen de una mujer todavía enojada, y ahí en ese instante noto el reflejo de alguien más. —¿Qué mierda haces ahí parado? —Emm, solo te buscaba para... —¿Para qué? ¿Para seguir con tu absurdo comportamiento? ¿Quién te crees que eres, el centro del universo? —No me hables así, no tienes... —¿No tengo qué? ¿Inteligencia por ser limpiadora? ¿Sentimientos por ser asistente? ¿O qué? También me vas a cuestionar por lo de —Pienso en las palabras dichas por él anteriormente—, "soy rápida escalando". No vas a faltarme el respeto de esa manera, no te lo voy a permitir. —No quise... —Por Dios, no te soporto, ¡¡VETE!! —Enojada es poco—. ¿Qué no entiendes? ¡¡LARGOOOOO, VE A OTRA PARTE CON TU HISTERIQUEO!! Nos miramos durante unos segundos, ambos desafiantes y totalmente rojos, pero no de vergüenza, si no de enojo. Él voltea para irse y yo no lo detengo. Solo me limito a limpiar mis lágrimas con brusquedad. Al mirar la hora, y tan pronto como lo hice, apareció el señor Bang para irnos. —¿Estás lista? —Me mira un poco confundido—. ¿Estás bien? —Sí, jefe, no es nada, estoy bien. ¿Nos vamos? Solo asiente y comenzamos a caminar, pero un acto de parte de mi acompañante llama bastante mi atención. Él posa su mano sobre mi cuello, una acción que recibía mucho de parte de mi padre, y así lo siento. Pero me asombra, ya que en la cultura coreana el contacto físico es sumamente escaso a menos que haya algún tipo de parentesco o relación íntima, no obstante, lo siento totalmente sobreprotector y paternal. Luego de un corto viaje en su auto, llegamos a un restaurante muy privado, no hay casi nadie alrededor, además de que son una especie de cubículos privados lo cual es genial ya que al ser una figura tan pública las malas interpretaciones están a la vuelta de la esquina. Restándole importancia a nuestro entorno, nos dirigimos a uno de esos pequeños cubículos donde se encuentra una mesa con sus respectivas sillas. En plena comodidad nos sentamos y al ser la primera vez que estoy dentro de uno, todo llama mi atención. Sobre todo, la hornalla en el centro de la misma mesa donde comeremos. —Bueno, elegí este lugar porque percibí que la conversación iba a ser un tanto delicada, noté como te pusiste en mi oficina. —De hecho, agradezco que estemos en un ambiente privado, a mí no me gusta hablar de mi vida, pero entiendo que es necesario. Además, usted me inspira confianza, y disculpe mi atrevimiento, pero lo siento un tanto paternal; lo cual me asombra siendo tan corto el tiempo que nos conocemos. —Es verdad lo que dices, pero me fue inevitable verte de otra manera, al igual que a los chicos, te veo como una hija. —Se lo agradezco. Bueno, le voy a pedir solo una cosa, déjeme hablar y de antemano, disculpe por las reacciones que pueda tener. —Ok. Pero con calma —dice. Se quita los anteojos y los coloca a un lado de su mano. —Como usted sabe soy extranjera, de Argentina para ser más precisa. Cuando vivía con mi familia en mi país no éramos una muy adinerada, pero éramos decentes con padres trabajadores, y tenía dos hermanos. Soy la menor de los hijos. “Mi papá era muy sobreprotector conmigo, tanto que despertaba celos tanto en mi madre como en mi hermana. Mi hermano no le daba tanta importancia, pero tampoco era que le agradaba mucho. “Yo siempre fui curiosa y estudiosa, al contrario de mis hermanos, pero bueno. Mi papá trabajaba de chófer para una familia adinerada y mi madre era la mujer del servicio de esa misma familia. De hecho, allí se conocieron y comenzaron su vida de pareja. El primero de los hijos fue el varón, luego mi hermana y, por último, yo. “Fui un bebé prematuro y mi padre fue quien más sufrió por ello. Mi madre se concentraba más en mis hermanos al ver el enfoque en mí de mi padre. Casi muero un par de veces, pero me salvaron, y fui totalmente normal, apartando el hecho de que, según papá, cargaba con una inteligencia bastante notoria y superior a los otros niños de mi edad. “Crecí de esa manera y me fui acostumbrando. “El hecho que más me agobia es que cuando tenía 19 años… Era una noche en la cual yo tenía un cumpleaños de una de mis amistades. No quería ir porque mi papá no me dejaba salir sin supervisión. Él me llevaba y traía a donde fuera que yo iba, y ese día él no estaba sintiéndose bien. “Por la insistencia de mi padre acepté ir y que me llevara, pero a la vuelta fue un caos. —Inevitablemente comienzo a llorar—. Mi papá se sentía mal y yo debí negarme a salir de la casa... Lo maté. —Mi jefe quiere acercarse a mí por mi llanto, pero no lo permito—. No, por favor, deje que continúe… “Estábamos a 5 calles de llegar a casa cuando, de repente, mi papá se desmayó sobre el volante, lo que provocó que cambiáramos de carril y fuéramos embestidos por un camión. Yo no quería matarlo, no debí salir de casa, y no hay día que no me arrepienta. Él murió al instante y yo permanecí 15 días en coma inducido farmacológicamente para así ayudar a los golpes a sanar. “Ya de por sí, la situación fue horrible para mí. Cuando desperté, me encontraba totalmente sola, mi familia ni siquiera estaba para darme las noticias y tuve que ser notificada por personal médico. Toda una semana de locura y llanto en soledad fue la que pasé en el hospital, para después ser dada de alta. Como pude, llegué a mi casa pidiendo un aventón, para encontrarme con un infierno peor. Mi madre y mis hermanos me culparon y maltrataron, aun así, yo seguía tratándolos como si no lo hicieran hasta que un día exploté, mi mamá me golpeó. Nunca lo había hecho. “Me gritaba que nunca debí nacer, que primero les quité el amor de mi padre, y ahora les había arrebatado la vida y presencia de él, que era la peor persona del mundo, que debí haber muerto yo en vez de él, y en medio de todo ese caos de tres contra uno, la mujer que me había dado la vida, terminó desmayándose. “Quise acercarme, pero fui brutalmente empujada por mi hermana y mi hermano levantó a mi madre en brazos para llevarla al auto e ir directo a un hospital. Se subieron los tres mientras que yo los miré desde el piso levantándome en un mar de lágrimas. “Cuando el auto llegó a la esquina, que era una avenida, un camión arrasó con ellos y sus vidas”. En este instante, en el que no aguanto más, rompo en un llanto histérico, de esos que parecen que no van a acabar y aparentan que te van a asfixiar. Me abrazo a mí misma como cada vez que el recuerdo me embarga, pero esta vez hay alguien más. Unos brazos me rodean, un abrazo que necesitaba desde hace 5 años y que nunca había recibido. —Shh, shh… tranquila, ya pasó. Nada de lo que ocurrió fue tu culpa, todo fue el destino. Saca de tu cabeza, y de tu corazón, esa idea porque es totalmente errada. Tú no mataste a nadie. —No, señor, fui yo, yo maté a mi familia, acabé con todo lo que tenía. No debí haber nacido, no debí ser salvada. Ese día que terminé de perder todo, gané un año, ese maldito día era mi cumpleaños, mis 20 años y lo pasé en la seccional de policía dando declaraciones totalmente en ausencia de mí. —Lo siento tanto, nena, pero sabes que ya no estás sola, ahora más que nunca me vas a tener a mí. Tienes mi total confianza para verme más que un jefe como un amigo, o más bien como un padre… —No, por favor, no me tenga lástima, es algo horrible ver a la gente a mi alrededor que me mira con lástima. —Nada de eso, antes de saber tu historia, curiosamente sentí que eras una personita especial y mira que no me equivoqué. Así mismo vi a los muchachos y los amo como si fueran mis hijos. Contigo me pasó lo mismo, a pesar de que ha pasado muy poquito tiempo de conocerte, te he estado observando y a mí no se me escapa nada. Tampoco pongo en duda que en poco tiempo te convertirás en una más para ellos también. Ahora vamos a ser tu familia. Él sigue hablando conmigo en sus brazos, como si se tratara de una niña pequeña, eso provoca que me sienta de esa manera, y a pesar de que literalmente lo conozco desde hace un par de semanas, me siento querida. Luego de una hora, él permitió la entrada de un mesero que trae comida y bebidas, así que nos acomodamos en las sillas para comenzar a comer. Cualquiera pensaría que yo no tendría apetito, pues, todo lo contrario, cuando estoy así me como el mundo. Angustia oral se llama. Pasan un poco más de treinta minutos y estamos listos para salir de aquí, directo a descansar. El señor me deja en mi apartamento y se retira a su domicilio una vez que se asegura de que voy a estar bien. Al entrar a casa lo único que hago es bañarme y dormir, no sin antes pensar en todo lo que está ocurriendo a mi alrededor, fantaseando con la idea de volver a tener un poco de cariño en mi vida. En estos años a lo único que me he dedicado es a estudiar y, literalmente, rechazaba toda clase de relación amistosa. La única relación que tenía era con los libros de medicina y los miles de exámenes para convertirme en lo que hoy soy, una paramédico solitaria.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR