XIOMARA
.
.
Sin esperar respuesta de su parte, entro y me lo encuentro en su cama boca abajo, escondido entre sus almohadas. Su cabello permanece mojado aún, supongo que se habrá duchado, solo tiene puesto un short y la toalla está tirada en el piso, a un lado de la cama.
Cierro la puerta una vez que estoy adentro y recojo la toalla para dejarla en el cesto de la ropa sucia con cuidado de no caer en el intento, ya que la única luz que hay es la del baño y la apago cuando estoy de salida, dándome vuelta para mirar a Minjim.
—Jim, ¿podemos hablar? —Casi en susurro, y sin recibir respuesta alguna, me voy acercando a la cama—. Necesito que hablemos, no me dejes seguir haciéndolo sola. —Me siento en el borde la cama, él se encuentra en el medio de ella—. Vamos, no es malo lo que sucedió. —Reacciona apenas levantando y girando su cabeza hacia mí, aunque está a oscuras lo puedo divisar —. Oye, no podemos hacer de una tontería un lío, no pienso irme de aquí hasta que lo hablemos como hacemos en todo momento.
Me acuesto a su lado al mismo tiempo en que apoyo con temor mi mano en su omóplato presionando leve. Él sigue sin hablarme, ni siquiera hace un esfuerzo por mirarme, así que continúo, en algún momento me va a decir algo.
—¡No debes sentirte así! No fue una tragedia. —Siento cómo se mueve, se coloca de costado hacia mí, aunque estamos a oscuras, por la corta distancia nos miramos a los ojos. Yo subo mi mano y acaricio su cabello.
—¡No lo hagas, por favor! —Suplica, al mismo tiempo que toma mi muñeca y la baja—. ¡No puedo, me avergüenza! El hecho de que me haya pasado eso contigo… La situación se puso bastante intensa desde que comenzamos a bailar... ¡Perdón!
—No, no es necesario que te disculpes, y no debes actuar así, hay confianza entre nosotros. —Hago una pausa—. No es que sea correcto y tampoco algo normal para mí, pero tampoco es para llegar a llorar, me tomó por sorpresa el hecho de que te sucediera conmigo.
—¡No te atrevas! Ya sé lo que vas a decir, ya te he dicho una y mil veces que no es así. Tú puedes gustarles a muchos hombres y no todos vemos con los mismos estándares, ¡no a todos nos gusta lo mismo! —Ahora soy yo la que no logra emitir ninguna palabra en este momento. Si me sorprendió el haber causado una erección en este hombre, ahora lo estoy mucho más con sus palabras.
De pronto siento que se arrima más a mí e intento retroceder, pero a la vez no puedo. Si lo hago terminaré en el piso. Él se da cuenta de mis intenciones de escapar y pasa su brazo por mi cintura atrapándome de inmediato, haciéndome sentir su respiración en mi rostro.
Lo miro, haciendo mucho esfuerzo, notando su ceño fruncido, pero no uno de enojo. Su vista encontró un punto fijo. Mi boca
—Minjim, dime algo —susurro. Él no habla, solo me mira de la misma manera y siento cómo su mano, la cual está en mi cintura, se aprieta aún más.
Comienzo a tensarme y a ponerme nerviosa, bajo mi mirada a su agarre y cuando la levanto. ¡¡Boom!! Mi pecho y mi vientre explotaron en una sensación que no sé cómo describir. Él me está besando, roza su nariz con la mía entre besos, roza nuestros labios en sumo silencio, roza su cuerpo con el mío.
—¿Qué haces? —Vuelvo a susurrar apenas, pero él no tiene ni la más mínima intención de contestar, así como tampoco de parar—. Mm, esto no está bien.
Logro decir en lo que suelta mis labios, aunque para ser sincera, su lejanía me hace sentir extrañamente fría, todo ese calorcito que acabo de experimentar, se esfuma; algo me hace falta.
Sigue con su juego de roces y besos al mismo tiempo que su mano continúa recorriendo mi espalda entera. Con la misma imagen de su rostro, la misma mirada, ese ceño fruncido y seriedad, no es de enojo, sino de deseo. Un deseo enorme que, para mí, está siendo algo imposible de rechazar y me está haciendo desearlo de la misma manera, intensa y desesperada.
Con movimientos lentos pasa el otro brazo por debajo de mi cuello, mi cuerpo comienza a desesperarse, quiero más. Atrapa entre sus dientes mi labio inferior y luego lo succiona con delicadeza, eso para mí es el acabose.
—Estás jugando con fuego, ¿lo sabes? —Baja su boca a mi barbilla y la besa, trato de que no lo haga, pero tironea de mi cabello para que levante esta aún más y así darle más acceso—. ¿Por qué lo haces? ¡Me estás excitando! —digo jadeando y es mentira, ya lo estoy desde que comenzó con el roce de su boca en la mía—. ¡Esto no está bien!
—Shhh, ya no digas más nada, ya no lo soporto. No puedo con esto que está incendiando mi cuerpo —dice y se come mi cuello desesperadamente, para luego esconder su cara entre medio de mis senos, por sobre la remera
—¡A la mierda todo! Espero no arrepentirnos luego.
Me trepo a su cuerpo de un solo movimiento, de la misma manera él se acomoda debajo de mí, yo sigo sin apoyarme del todo.
Acá es cuando mis inseguridades me juegan en contra, siempre deteniéndome, pero él no va a parar por nada del mundo y me lo hace notar haciendo revolotear sus manos por todo mi torso. Continuando el beso que le estoy dando, se sienta y toma de mis caderas empujándolas un poco para que nuestras intimidades estén en contacto, presionando aún más mi cuerpo contra el suyo.
Me abraza con demanda. De repente, cortando con nuestro beso, me quita la remera, metiendo instantáneamente su cara entre mis senos nuevamente, y acaricia cada parte de ellos, al menos la que deja al descubierto mi sostén, con su nariz. Suelta mi cintura y dirige sus manos a mi brasier para desprenderlo y sacármelo, me separo apenas tomándome de los hombros con ambas manos, con algo de rudeza, y me observa.
—No quiero que te sientas mal ni avergonzada, pero esto es algo que deseo con todo mi ser, necesito verte para dejar de imaginarte.
En ese mismo instante levanta uno de sus brazos hacia el respaldo de su cama, encendiendo una pequeña luz, por instinto, alzo las manos llevándolas a mi cara con miedo y creyendo que así seré invisible.
—No, no lo hagas, te lo acabo de pedir y esto es más de lo que mi imaginación me daba... ¡Hermosa con todo lo que tienes en tu cuerpo! —Quita mis manos haciendo fuerza y me acaricia la mejilla, me besa mirándome a los ojos.
—Me avergüenza…
—Esto no es nada, es solo nuestro exterior, un envase.
Yo me siento morir por dentro, él está tocando mi panza, lo cual a mí me da asco y temor por las múltiples cicatrices que ha dejado el horrible accidente.
Estoy a punto de detenerlo, estoy por sacar sus manos de encima de mí, pero me detiene y no lo permite. Continúa con sus caricias y también vuelve a los roces de nuestras bocas, pasando la suya por mi mentón para seguir bajando hasta mi cuello.
Pone una mano en mi cadera presionando para alejarme levemente y, con la otra, toma uno de mis senos. Lo miro, me mira a los ojos por un segundo y baja la vista nuevamente a lo que tiene en su mano, estampando su boca en él. Mordisquea, lame, succiona con desesperación y pasión al mismo tiempo que con su otra mano, la cual estaba en mi cadera, me invita a moverme a gusto sobre su erección.
—Mmmm... Lo siento, pero esto era una necesidad para mí —murmura con mi seno en sus labios lo cual a mí me causaba una excitación extrema.
Lo tomo del cabello y lo aprisiono contra mis pechos, tiro de ellos para que levante su cara para mirarme, lo tomo con la otra mano de la barbilla y lo beso como loca, porque sí, él me está volviendo loca con todo su accionar.
Cuando nos separamos un poco del beso, me habla dando una orden.
—¡Párate! —Lo hago, me paro sobre la cama—. Sabes cuánto hace que deseo esto. —Estoy por contestar y no me lo permite—. ¡Shhh! No es pregunta, sabes cuántas veces soñé con esta situación en la que estamos —dice mientras se arrodillaba en la cama frente a mí y comienza a bajar mi short, deslizándolo junto con mi tanga y acariciando mis piernas.
—¡Levántalas! —Ordena nuevamente para así poder sacar del todo mi ropa—. Le temes a que alguien vea tu cuerpo, a que lo toquen solo por estas marcas, eso es sumamente notorio. —Sube sus manos delicadamente acariciando mis senos y apretándolos a su antojo. Mientras, su boca deja pequeños besos en mis piernas.
Lo que siento en este momento, además de una inexplicable excitación, es ternura, este hombre es tan dulce como diabólico. Es tan… ¿Extraño?
Sigue con sus manos delicadas y pequeñas tomando lo que caben en ellas y lo siguiente que siento es como hunde su cara entre mis piernas haciendo que, por inercia, tome de su cabello. Esta vez lo hago de una forma más calmada, lo revuelvo, lo acaricio, mientras él me acaricia con su lengua, boca y nariz, toda mi feminidad. Sus manos viajan por mi cuerpo haciendo que dentro de mí haya una explosión de sensaciones y terminar en un hermoso orgasmo.
De repente, en un movimiento, termino en la cama acostada con él encima, volviendo a devorar con intensidad mi boca.
—Mmmm, Minjim, ¿me dejas hacerlo a mí? —Recibo una mirada de confusión, solo quiero devolverle lo que causo en mí.
Dicho eso, solo me limito a darme vuelta y colocarme sobre sus piernas, besando cada parte de su cara, cuello, pecho, abdomen. Lamo delicadamente su ingle, él tiembla suspirando, y de una lo hago, meto en mi boca todo lo que tiene. Una, dos succionadas lentas y comienza el placer para ambos, porque sí, siento placer al dárselo a él. Me sobrepasa la situación y se lo hago de esa misma manera, ¡descontrolada!
Mis oídos lo único que escuchan son sus gemidos y palabras entre sucias, pervertidas y delicadas. Mi cuerpo no lo tolera más y saco su m*****o de mi boca para montarlo.
—Ah... ¡Ay, por Dios, hermosa! ¿Cómo es que causas todo lo que estoy sintiendo? —dice jadeando, casi sin aliento, mientras yo solo tomo el respaldo de la cama y él está como un ternero prendido a uno de mis pechos—. Mmmm... No puedo más… —Mudamos nuestra posición una vez más, sin decir absolutamente nada, solo me pongo boca abajo como si fuera en cuatro, pero casi contra la cama y él encima de mí. Se estira manoteando algo en la mesita de noche y lo escucho rasgar un envoltorio. Lo hace, me penetra —. ¿Te gusta? ¿Mmm? —Sin dejar que conteste, sigue embistiéndome—. Me encanta lo que hacemos, me estas volviendo loco toda tú. ¡Nena, gira tu cara y mírame!
El aumento de calor es tan increíble como el de las embestidas, sumamente placentero.
—Mmm... Jimmm, eres increíble.... Dame, dame más... Me encanta. —Con un poco de incomodidad de ambos por la posición, nuestras bocas unidas en un rico beso y mirándonos a los ojos, llega el mejor orgasmo de mi vida. Segundos después, el de él.
Su orgasmo me sorprende, lo noto un tanto agresivo, me muerde, aprieta, succiona mi cuello y espalda, para luego besarla de la manera más hermosa.
La agitación nos exige quedarnos en la posición que nos encontramos durante unos segundos más, hasta que él se mueve lentamente para sacar su pene de mis adentros y retirar el condón utilizado.
—¡Eso fue increíble! Voy a decir algo que creo que ambos tenemos de pensamiento en este momento. — Pauso meditando mis palabras mientras acaricio su cabello, sentada en la cama con su cabeza entre mis piernas.
—Mjm, supongo que los dos tenemos el mismo miedo.
—No vamos a cambiar, ¿verdad? —hablo tranquila, aludiendo a lo que respecta con nuestra amistad.
—Xio, ¡claro que vamos a cambiar! Pero no de una mala manera, debo confesar que desde hace rato me atraes. Me gustas…
—No, no soy para ti ¡Cállate! —Me frustra su comentario, me enoja y de la misma manera me levanto.
—No me hables así y saca esos pensamientos de tu mente estúpida.
—No, no es mente estúpida, sabes que no soy para ti.... ¡Mejor me voy!