XIOMARA
.
.
—¿Qué haces, nena?
—Nada, solo pensaba un poco. ¿Sabes? Hace 3 meses que hicimos ese viaje a Busan y ya tengo muchas ganas de volver.
—Es verdad, nos divertimos mucho.
—Sus padres son de lo mejor, aún recuerdo lo que dijo tu madre, ¡qué vergüenza! —Sonrío avergonzada y cubro mi rostro con las manos.
—Sí, extraño un poco, pero, ni bien tengamos tiempo libre, podremos visitarlos o a los de alguno de los chicos. —Siento que desvía el tema del beso que hasta ahora no hemos tocado.
—Sería agradable. Tengo ganas de bailar, qué dices ¡¿bailamos algo mío?! ¿Te atreves?
Nos encontramos con Minjim en la sala de baile de la casa Lucky7, retándonos el uno al otro para enseñarnos mutuamente algún ritmo que el otro no sepa. No espero a que responda, me voy directo al equipo de música para buscar alguna bachata, de esas que son románticas, que tanto amo bailar.
Él, por su parte, dice que quiere enseñarme los hermosos movimientos que hace cuando baila contemporáneo, aunque algo sé de ese ritmo, una clase gratis no está de más.
Jim baja la intensidad de todas las luces del lugar, por lo cual la iluminación es tenue, al parecer es como a él más le gusta hacerlo cuando está solo, pero no cuando están todos en sus ensayos.
—Minjim, comenzaremos con lo mío, ya sabes, primero las damas y dudo que puedas seguirme. —Advierto sonriendo con falsa inocencia.
—¡Mjm! Eso lo veremos, a mí nunca se me ha dificultado a la hora de aprender cualquier ritmo, te tragaras tus palabras —responde gracioso y un tanto retador.
Lo que él está obviando es que es un ritmo al cual no está acostumbrado y con mucho contacto.
—Debes separar tus piernas un poco para bailar en pareja y espero no te moleste el contacto físico, ya que es un tipo de baile en el cual llevas muy pegada a tu compañera. Primero te enseño el básico, lo demás va saliendo.
—Ok, solo dime cómo es.
—Es 1, 2, 3, 4, ¿ok? Paso... Paso... Paso... Movimiento de cadera, debes tomar mi cintura alta, llegando a la espalda, yo de tu hombro, las manos estas juntas... Casi como un vals.
—Ok, entiendo. Así que es: pa, pa, pa, mm, pa, pa, pa, mm. —Imita lo mismo que yo acabo de hacer.
—¡Bien hecho! Ahora ven aquí, pondré la música, espérame.
Doy play, tomo su mano y la llevo a mi cintura a la misma vez en que tomo la otra de forma adecuada, y apego su cuerpo al mío, un tanto firme. Él se tensa, lo puedo sentir al instante, lo calmo con un: "relájate, solo es un baile más".
—¿Quieres que dejemos? ¿Hacemos otra cosa? Por mí está bien si te incomoda, lo dejamos.
—¡No! Quiero aprender, es solo que me tomó por sorpresa tu agarre tan... firme.
Así estuvimos un rato. Él se avergonzaba un poco al tener tanto contacto corporal y lo entiendo, ellos no están acostumbrados a estar en tanta cercanía.
¿Si conocen cómo se baila la bachata? ¡Pff, es demasiado! Es un baile extremadamente sensual y el contacto físico es íntegro, tanto que puede llegar a ser un poco excitante, tienes todo conectado a la pareja de baile; las piernas entrelazadas, cintura, pecho y lo más importante creo yo, la mirada. Porque sí, la bachata se baila hasta con la mirada.
Seguimos bailando hasta que comenzamos a hacer algunas vueltas y me detengo. Ahora le enseñaré cómo sería a la hora de hacerlo en un baile, fiesta, o lo que sea.
—Bien, Jim, separa las piernas un poco más de manera que yo quepa entre ellas. —Me mira medio… entre angustiado y sorprendido. No sé cómo llamarle a su expresión en este momento, pero me da gracia—. ¡Vamos! —Lo hace, no muy convencido—. Ahora solo tomamos la misma postura de baile y yo me muevo en los primeros compases de la canción. —Doy play con un pequeño control del equipo, y comienzo con mi movimiento—. ¿Ves? Es así, repito cuatro o cinco veces el movimiento al mismo tiempo que la pequeña introducción de la canción, y luego comenzamos con el básico. —Voy relatando el movimiento, es bastante sensual, obviamente, y muy pegado, pero bueno, ¡él quería aprender!
El meneo que yo hago consiste en el vaivén de mi cintura seguido de la cadera, el mismo hace que rocemos dichas zonas, algún que otro quiebre de cintura a la derecha e izquierda, y continuamos con el básico.
Para cuando me dispongo a mirar a mi aprendiz, este está rojo y apenas sudado en la frente, no nos estamos moviendo tan rápido, pero bueno, supongo que tendrá algo de calor.
Estuvimos así un tiempo más, hasta que le pedí para cambiar de baile. Sinceramente estoy ansiosa de aprender algunos movimientos de contemporáneo, amo ver como lo baila y sin duda amaría aprender, aunque sea un poco, porque ya saben, para este tipo de danzas debes ser flexible y muy disciplinado.
Soy bastante flexible, incluso mis pies logran ponerse en punta, pero no como las bailarinas de ballet, el contemporáneo es un baile libre, uno lo hace descalzo y demuestra una infinidad de sentimientos. ¡Es hermoso!
—Vamos hacer como si fueras una bailarina profesional, he visto que algo sabes, ¿ok? —Lo miro confusa—. Sí, te he observado, tu cuerpo se deja llevar muy bien por tu pareja a la hora de bailar y no quiero que temas si te levanto del piso. Yo puedo hacerlo con impulso, ¡confía en mí! —Ambos sonreímos—. No te dejaré caer.
—¿Seguro? Minjim, no quiero terminar de boca en el piso o con algo fracturado, no soy una bailarina profesional.
—Deja de decir estupideces, yo me presté para tu baile plenamente, ahora te toca a ti. ¡Por favor, confía en mí! —Asiento no muy segura de lo que estoy por hacer.
Él pone la música y comienza con algunos movimientos alrededor de mi cuerpo, de repente se para frente a mí y junta nuestros cuerpos, abrazándome de la cintura con firmeza.
Con su otra mano tira delicadamente mi cabeza hacia atrás con un pequeño movimiento, inclino tanto mi cabeza como la espalda alta, que hace que mis pies queden en punta.
Cuando me reincorporo, me sorprendo con la firmeza que él me toma y la fuerza que tiene. Seguimos con algunos movimientos más y nos complementamos bastante bien. Yo tengo mis equivocaciones, pero aun así, lo repetimos y sale. Entiendo que se nos da con bastante fluidez.
—Ahora te voy a levantar de espalda, no te asustes cuando lo haga o te caerás, concéntrate.
Me hace realizar unos giros más y de repente, hace que me impulse para levantarme de espalda y, al bajar, lo hago resbalando por su cuerpo.
Cada uno de los siguientes movimientos son más tortuosos que los anteriores.
Minjim es un hombre muy hermoso y eso no lo discutimos. Un cuerpo sensual y es casi imposible para mí, no pensar en los roces que estamos teniendo. Hasta que de repente, con un par de pasos termino en el piso. Él cae encima de mí, luego de realizar ese medio paro de mano que cuando al bajar, lo hace lentamente sintiendo el contacto total del otro.
Ahí creo haber perdido la razón. Me comporto como toda una dama, trago duro y disimulo... ¡ACÁ NO HA PASADO NADA, SEÑORAS Y SEÑORES! Grita una vocecita en mi mente y del otro lado me gritan... ¡¡CÓMELE LA BOCA!! Casi como cuando en los dibujitos animados aparecen el ángel y el diablito en cada hombro.
Lo peor llega cuando me doy cuenta de que él está encima de mí sin mover ni un pelo, mirándome a los ojos, agitado, rojo, sudado y con el ceño fruncido.
Sus ojos se ven raros, están rojos y dilatados, además de cristalizados. Parece que en breve alguna lágrima se le va a escapar. Yo lo miro extremadamente confundida, agitada y transpirada. Obviamente el baile está siendo algo duro.
—Minjim, ¿estás bien? —Me preocupa, él no emite sonido—. ¡No me digas que te lastimé! —Niega apenas con la cabeza —. Por favor, dime algo. —Y una lágrima cae al mismo tiempo que esconde su rostro—. Jim, ¿qué pasa? —Seguimos en la misma posición y de repente lo siento... Él se ha excitado, tiene una erección.
Cierro mis ojos, incómoda por la situación. Él aprovecha esta acción y, sin decir nada, se levanta y sale corriendo.
No era mi intención, sé que esto a veces pasa entre las personas, más si están en situaciones que conllevan tanto roce corporal, pero me asombra que sea yo quien ha causado eso. No estoy ni cerca de ser una mujer deseable.
Sigo aquí, sola, perdida en mis pensamientos. Estuve un rato tratando de entender su actitud y llegué a la conclusión de que él reaccionó así porque está avergonzado por lo sucedido. No es que me sea algo normal que haya pasado conmigo, pero tampoco es un pecado como para llegar a ponerse así.
Me levanto del suelo y limpio mis prendas para ir a hablar con él. Debo hacerle entender que no hay porqué ponerse de esa manera, tampoco se va a terminar el mundo, ni nuestra amistad, por una erección.
Me meto a bañar porque estoy toda transpirada, una ducha rápida y calentita que, sin querer, me transporta a la sala de baile de nuevo. Al salir, me visto ya para dormir porque es medio tarde, un short de leggins, una remera grande y me voy a buscar a Jim.
No es la primera vez que yo termino en su dormitorio, tenemos largas charlas donde nos contamos muchas cosas, sobre todo él suelta lo que fuera que le haya pasado a modo de desahogo o me cuenta de su amistad con Victoria.
Al llegar a su puerta, toco una vez... Nada. Golpeo otra vez... Nada. Golpeo una tercera vez y lo llamo.
—Minjim, sé que estás ahí, necesitamos hablar. —Silencio total—. Voy a entrar, ¿ok?