CAPÍTULO 20

1227 Palabras
XIOMARA . . Todo pasa rápido, la gente alrededor de su cuerpo, miran atónitos mientras que, en forma de cachetada mental, todo aparece en mi cabeza. Ritmo cardiaco bajo, mareo, taquicardia, discusión, golpes, adrenalina... ¡Estaba arrítmico! No lo pienso más y me tiro sobre su cuerpo. Busco su pulso y no lo encuentro, mi alerta se enciende. Acerco mi oído a su boca y nariz notando la ausencia de respiración. —Nam, llama a emergencias, es un... Di que es un paro cardiorrespiratorio con rcp en curso... ¡YA! Tiro mi celular a mi lado mirando la hora e inclino levemente la cabeza del paciente hacia atrás, provoco dolor presionando el esternón en busca de algún signo y nada, así que comienzo con las compresiones de pecho, estimulando el corazón. —Un desfibrilador portátil, por favor. Suk corre a enfermería y consigue epinefrina 10 mg. ¡Corre! ¿Nam, la ambulancia? —¡En camino! Paro las compresiones y prosigo a dar las ventilaciones, no sin antes presionar su nariz para que no se escape el aire, sigo haciendo compresiones. —Mun, toma mi teléfono, ¿dime qué indica el cronómetro? —Xio, la pantalla está rota, pero el cronómetro marca… minuto y medio. —¡EL MALDITO DESFIBRILADOR! —grito —. Suk, dame la jeringa. —Le pido al ver que regresa. A la enfermera, que brilla por su ausencia, le voy a caer luego. —Xiomara, aquí está el desfi... —Viene corriendo Daek que, al llegar, queda petrificado. —Ábrelo, ponlo a un costado y enciéndelo... Suk ven aquí. —Abro la camisa de un tirón haciendo que salten todos los botones e inyecto la epinefrina, busco pulso y nada —. Mira... Mírame —Ya estoy bastante agitada—, ¿ves esos electrodos? —Asiente—. Bien, quita los seguros y el de cable blanco pégalo en el pectoral derecho, el otro aquí, debajo del pectoral izquierdo. —Paro las compresiones y doy dos ventilaciones para continuar con lo anterior—. Suk, el conector de los electrodos, donde titila la luz. —¡Nena, calma! ¡Tú puedes! —Me alienta Minjim mientras seca alguna lágrima que se me ha escapado, también el sudor de mi frente. —¡Mun, tiempo! —Aunque no quiero, ignoro todo a mí alrededor sintiendo la adrenalina recorrerme. Me dice que dos minutos y medio, estoy bien de tiempo. Le pido a Suk que presione el rayito para que el desfibrilador de la primera descarga y ordeno que nadie toque el cuerpo. ¡Nada, carajo! Sigo con las compresiones en lo que carga el aparato y suelto. —¡Aléjate, Suk! —Descarga—. Doy ventilación de boca a boca y sigo compresiones—¡¡VAMOS, JIHU, NO PUEDES DEJARME TÚ TAMBIÉN!! Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho compresiones más y los primeros latidos aparecen en el monitor, verifico respiración y en efecto la hay, sonrió satisfecha y pido a mi ayudante que gire a JiHu hacia mí, debo mantenerlo en lateral izquierdo. Los paramédicos llegan, doy toda la explicación mientras le suministran oxígeno y me presento. —¡Buen, trabajo doctora! ¿Tiempo de resucitación? ¿Medicación? —Tres minutos y medio, 10 mg de EPI, a la segunda descarga y luego de siete u ocho compresiones, volvió. —Puedo respirar un poco más tranquila. —Vamos, chicos, no se queden ahí, me voy en la ambulancia. —Todos comienzan a aplaudir y mi pecho revienta de orgullo, la alegría que siento es enorme. —¡Xiomara, yo iré con él! Si quieres, ve con los chicos en la camioneta y descansa. —Objeta Nam y no me da opción de protestar. —Ven, vamos al baño a que te refresques un poco. —Me pide Minjim y hago caso, estoy toda sudada. Al llegar al baño, él se mete conmigo y pone el seguro a la puerta. Se moja las manos para pasarlas por mi frente aprovechando a darme caricias. Repite la acción en toda mi cara mientras nos miramos a los ojos. Los míos están llenos de lágrimas, los suyos de preocupación. —¡Ya pasó! ¡Salvaste su vida! —Me abraza y me dejo caer sobre sus brazos—. Tranquila, ¿sí? —¡Creí que lo perdería! Y nunca me ha pasado, jamás perdí un paciente ¡TODO LO QUE SUCEDIÓ ES MI CULPA! ¡YO NO PU... PUEDO QUERER A NA... DIE! —Comienzo a llorar de manera histérica, compungida de estar a punto de perder una vez más. —¡Otra vez no, Xio! No eres culpable de nada... De lo único que se te puede acusar es de ser quien salvó la vida de ese hombre. ¡Basta! ¡Termina con eso! No tengas miedo a dejarte amar, nosotros te amamos... —No, yo te lo dije. —Me calla la boca con la suya, para no seguir escuchando. A veces parece que la vida me quiere en solitario. Desde muy corta edad supe que lo único que tendría en esta era a mi padre, pero se encargó de demostrarme lo contrario. Me adapté, me hice amiga de la soledad, nadie me quería, ni siquiera yo. Me dicen que no me culpe de las situaciones horrendas que he vivido hasta ahora, pero siempre es por algo que hago yo. Sí, sí que es mi culpa, mato a los que amo, ellos mueren por culpa mía siempre. Hoy el destino me pone ocho hombres maravillosos junto con su familia, quienes me entregan su amor y compañía, me invitan a formar parte de una familia. ¡Los siento ajenos! Parece que todo lo que llego a querer, la vida me lo quiere sacar. Creo que es hora de ser esa chica fría que no tiene sentimientos, no debo querer a ninguno, no debo amar a nadie y así protegerlos... ¡Protegerme también! —Escucha bien lo que te voy a decir, Minjim. ¡No quiero que vuelvas a besarme! ¡No quiero que vuelvas a abrasarme! ¡No quiero nada contigo! ¿Entendiste? —Lo empujo y me retiro. Al salir del baño, los demás esperan por mí para salir hacia el hospital y les pido que se vayan, diciéndoles que me voy a casa sin agregar ningún tipo de explicación. No espero obtener transporte, no reparo en las personas que están afuera de la agencia gritando algún nombre ni a los periodistas intentando obtener alguna noticia del porqué acaba de salir una ambulancia a toda velocidad de aquí. Casi me tiro en frente del primer taxi que veo libre y cuando para, me subo y le pido que me lleve a mi casa. . . . Las horas pasan en mi departamento, me siento ahogada, me siento sola una vez más. Llegan montón de mensajes los cuales leo, pero no respondo. Me piden que aparezca, que JiHu quiere verme para agradecerme y contesto ese único mensaje con un "no es necesario, solo hice mi trabajo como médico... Pronta recuperación". Tiro el teléfono que ya casi no sirve, pues de a poco la pantalla se va tiñendo de n***o, arriba de la cama y luego me tiro yo. Recuerdo mi estado y decido que debo darme una ducha y luego descansar. A partir de ahora, todo tiene que cambiar.
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