XIOMARA
.
.
Es bastante difícil separar a Namhyun de su mujer, pero simplemente le digo que debemos apresurarnos, que es de suma urgencia llevarla a la clínica y parece entender.
—Me haré cargo, Nam. —Lo tranquilizo.
Desconectamos todo y cargamos los equipos portátiles encima de la camilla donde no la molesten a ella, y avanzamos con sumo cuidado; la enfermera toma el ambú para asistir la respiración. Yo no tengo tanta fuerza, así que dejo que JungSuk tome el extremo que me corresponde para ayudar a bajar la camilla por las escaleras. Ella no pesa nada, ahora está en 38 kilos, pero sumado al tanque de oxígeno y todos los aparatos, es mucho peso.
Me detengo en seco cuando veo el auto de Nam de frente a la puerta y como voy delante de ellos, alzo la mano para que no salgan.
—Erika, los bebés…
Creo que todos saben que no hay que jugar con el tiempo y esperar a que los saquen y los lleven lejos para que no logren ver a su mami en estas condiciones, sería demasiado. Hace frio y además cualquier bacteria en el aire… Todo es malo en este momento.
Nam, Jim, Suk, todos se toman de las manos y caminan hasta rodear el auto de manera que esos pequeños no tengan acceso, haciendo que lo único que tengan en frente sean ellos.
Claro que lo hacen de espaldas a los niños, dejarse ver en estos momentos, en que hasta yo estoy llorando, podría alterarlos; aunque no son tontos, saben que algo está pasando.
Me armo de coraje y tomo el extremo de la camilla que dejó Suk y avanzamos hacia la ambulancia subiéndola para luego cerrar las puertas de inmediato. El conductor enciende el motor y conduce de la misma manera en que la bajamos, suave y con cuidado.
Yo me quedo observando por la ventanilla, viendo cómo ellos forman un círculo alrededor de Namhyun, abrazándolo por escasos segundos y luego correr donde los autos para seguirnos. Lo último que logro ver antes de salir de la residencia es a las chicas del servicio tomando a los niños en brazos.
La alarma de uno de los monitores nos alerta de la caída en picada que está teniendo el ritmo cardiaco y nos preparamos para reanimar, es puro protocolo.
Colocamos nuestros guantes de látex y me trepo a la camilla para comenzar con el masaje cardiaco.
Solo minutos bastan para que lleguemos y desde la puerta de emergencia de la clínica salen dos enormes camilleros para ayudarnos. Puedo escuchar las frenadas de los autos, puedo escuchar los “no, por favor”, los “no nos dejes” y los llantos de todos ellos haciéndome imaginar una situación igual de desgarradora con mi familia cuando murió mi padre.
No, Xio, no es momento.
Sigo con las compresiones sobre el pecho de Victoria mientras arrastran a toda velocidad la camilla por el pasillo. ¿Qué pasa si la pierdo? ¿Ahora sí me odiarán? Ahora me van a dejar con la angustia en el pecho, sería mi primer paciente, el primero que pierdo y cuánta presión me hace tener este lazo de afecto.
—A RENIMA 1—grita el médico.
Alguien me coloca una bata y el doc dice que me habilita a ejercer para que no me saquen o tener problemas luego, despego las manos del pecho de Vi solo para pasar los brazos por las mangas de la bata y continúo. La enfermera me seca el rostro.
—Desfibrilador, carga a 200. —Me bajo sin parar de comprimir—. Despejen.
El sonido de la descarga hace que cierre con fuerza mis ojos.
—Epinefrina, 2 miligramos.
Espero los segundos del pinchazo y continúo.
—Cambio. —Niego con la cabeza, en sumo silencio—. Xiomara, dije cambio, llevas 25 minutos.
Alzo las manos y alguien más hace mi trabajo.
—Descarga, 250. —Esta vez hablo yo, mirando la línea recta del monitor—. Despejen.
Hace la descarga y siento un nuevo martillazo en mis oídos.
La puerta se abre y Namhyun es quien pasa junto con Erika y Jim.
—No pueden estar aquí adentro y lo saben, estamos haciendo todo lo posible, por favor, dejen que hagamos nuestro trabajo —dice mi colega.
—Por favor, sálvenla. Xio… Por lo que más quieras, tráeme a mi mujer de regreso.
No soy capaz de levantar mi mirada cargada de sentimientos y angustia, no soy capaz de mirarlos a los ojos porque sé que no puedo hacer lo que me están pidiendo; no soy Dios.
—Carga a 300 —hablo con la voz temblorosa—. Despejen.
Sigo con la mirada fija en el puto monitor que no me muestra otra cosa que esa maldita línea recta.
—¡EPINEFRINA 4 MILIGRAMOS! RETIRENSE…
Empujo a mi compañero y tomo el mando de las compresiones una vez más, ya estamos llegando a los 59 minutos, ya la tengo que dejar y me niego a perderla.
—Xiomara, ya la perdimos. —Lo fulmino con la mirada para que haga silencio.
—Carga a 350.
Nadie hace nada, hasta el enfermero que asistía la ventilación manual la ha dejado y la habitación se sume en un silencio que nunca había experimentado. Ya no hay alarmas ni monitores encendidos.
—Xio…
—No la voy a perder, no voy a perder a mi paciente, nunca he dejado morir a nadie. No pienso dejar a un hombre solo y a unos niños sin su madre, hay hermanos, amigos esperando por ella ahí afuera. Me están mirando, me están exigiendo que la traiga de regreso y eso es lo que voy a hacer.
—¡XIOMARA, BASTA!
El intenta apartarme, pero lo empujo zafándome de su agarre.
Escucho la puerta abrirse una vez más, mis sentidos se han agudizado, el sabor de mis lágrimas se junta con el de mi sudor, los temblores de mi cuerpo… Debo seguir.
—Mi amor… —El llanto de Minjim en mi oído.
—¡NO! ¡SUÉLTAME, LA TENGO QUE SALVAR!
Lo empujo a él también, pero vuelve a mi lado tomándome de la cintura desde atrás para alejarme.
—SUÉLTAME, DÉJAME, DEBO HACERLO, DEBO TRAERLA DE NUEVO…
.
.
.
.
MINJIM
.
.
No puedo, la presión en mi pecho casi no me deja respirar. Namhyun desde que soltaron el cuerpo de Victoria se marchó corriendo y detrás de él salieron Mun y Daek. JungSuk sostiene a su mujer que está de rodillas en el suelo y yo debo armarme de una fuerza inexistente para ayudar a Xiomara. Le hemos metido tanta presión y a la vez al ser su primer fracaso, todo la tiene al borde del colapso.
—Amor, mírame, por favor. Detente, no pelees conmigo.
—Necesito que me ayudes, si tú haces lo que te digo, la traeremos de regreso…
—Nena, ella… —Los brazos de Erika se unen a los míos—. Ella ya se ha ido.
—LO SIENTO… PERDÓN… Hice lo que pude, lo lamento…
Escucharlas a ambas llorar de manera desconsolada, no me ayuda para nada. Yo también lo hago, pero en silencio y siento cómo poco a poco los brazos de Erika se van aflojando. Levanto la mirada siendo consciente, una vez que la observo, de lo que va a hacer.
Ella, cubriéndose la boca con la mano, se acerca lentamente al cuerpo de nuestra hermana del alma y acaricia su cabello con cariño, sonriendo.
—Te prometo que ayudaré a tu amor a salir adelante. Que, como te lo dije antes, cuidaré a tus hijos como si fuera su madre, siempre les haré recordarte con amor y cariño. —De a uno se va uniendo el resto de nuestros amigos, rodeando la camilla, y cada uno coloca una mano en alguna parte de su cuerpo. Lo único que se escucha son murmullos, supongo que algunos rezan, otros dicen algunas palabras que les han quedado atoradas, esas que no se dijeron en su momento y ahora es tarde. Es una fija que todos le pedimos perdón.
Nos dejaron estar por unos minutos más y luego nos pidieron, lo más amable posible, que nos retiremos. Es entendible, estamos en un lugar que pueden necesitar en cualquier momento.
Intento llamar a Namhyun, pero su celular está apagado. Hay que realizar algunos trámites y no sé si deba hacerlo sin que él esté de acuerdo con que los haga yo. Llamo a Mun, él sí me atiende y me comunica que están intentando que Nam abra la puerta de su casa. Se ha encerrado con sus hijos y no le responde a nadie.
De camino hacia nuestra residencia, Xiomara se ha quedado dormida. Sé que ha madrugado y el desgaste físico fue demasiado, lo más triste es que ella me quiso consolar, pero le hice entender que yo comprendo que no es el mejor momento para nadie; incluso para ella.
Estamos en mi auto, vamos los dos en la parte trasera y el que maneja es Choi, Suemmy va de copiloto. Nadie dice nada, nadie tiene palabras para describir lo que estamos sintiendo en este momento. Sé que dirán que no debería de doler tanto, que ya estábamos preparados. Pero, ¿quién me puede decir que no le ha dolido de sobremanera aunque ya lo supiera?
Perder a un ser que amas es lo más doloroso que existe, todo el mundo lo sabe.
Choi aparca el auto esperando que los demás avancen en la entrada de nuestra casa, mientras resuelvo qué hacer con Xiomara. Si la saco en brazos se va a despertar alterada y si la despierto, no va a ser nada bueno, así que opto por dejarla en el auto descansando en lo que resuelvo alguno de los tantos problemas que tenemos.
Suspiro luego de bajar del vehículo y Suemmy se queda por si Xio despierta, Choi me acompaña.
—Nam, abre por favor —hablo calmado, o más bien cansado.
—Jim, si no abre vamos a tener que hacer lo que sea necesario y dejarlo.
—No podemos darle el adiós a nuestra amiga sin él, cómo se te… —Me corta guiñándome un ojo.
—¿Pueden dejar de golpear la puerta, por favor? —dice Nam una vez que abre la puerta, se nota que ha estado llorando demasiado, está demacrado—. Ya le dije a Mun, no sé de qué me están hablando y les agradecería que dejaran de venir a hacer ruido a cada rato, acabo de hacer dormir a los trillizos.
—¿Estás bien?
—Sí, Choi. Estoy perfectamente.
—Nam… necesitamos realizar los trámites para el entierro. —No salgo de mi estupefacción.
—Conmigo no cuenten, en lo que a mí respecta… No quiero que me molesten de nuevo.
—Namhyun, hermano…
—¿Necesitan algo más? Debo regresar arriba porque sé que mi mujer va a volver.
—Nam… amigo, ella no va a volver. Tú viste lo que sucedió en la habitación de la clínica. Ella está descansando ahora.
—No. Es mejor que se vayan, hagan lo que tengan que hacer, yo no voy a ningún lado. Hola, Xiomara, ¿estás bien?
Miro hacia donde él dirige la mirada y ahí esta ella parada.
—No, no estoy bien, ¿puedo pasar?
.
.
.
.
XIOMARA
.
.
Él se hace a un lado, permitiéndome el acceso, y corro a abrazarlo, necesito que me perdone, necesito que me diga que no me va a odiar.
—Perdón, Nam… Lo siento tanto. Te juro que hice todo lo que pude, pero no fue suficiente. ¡Perdóname, por favor! Sé que estás en una etapa de negación, sé que duele como la mierda, pero quiero que sepas que di hasta mi último esfuerzo para salvarla y traértela de regreso.
Lo siento, siento la fuerza con la que me abraza y las sacudidas que da su cuerpo a causa del llanto vivo. Estoy a punto de caer por no poder soportar su peso y es el cuerpo de Minjim el que me sostiene, nos sostiene a ambos.
Namhyun descarga todo su dolor en mi hombro, murmurando cosas inentendibles y lo dejo hacerlo, él lo necesita.
—No soy capaz de hacerlo, no quiero enterrarla, no quiero dejarla ir de esa manera. Mi alma no se atreve, me duele. La amo tanto… Ella no tenía que irse. Ella tendría que estar aquí a mi lado disfrutando de nuestros hijos. Ella… Mi Victoria…
Con la vista borrosa, hago el esfuerzo y veo a Choi sobar la espalda de su amigo secando sus propias lágrimas.
.
.
Horas han pasado y luego de medio calmar a Nam, salimos de su casa entendiendo que le es imposible siquiera asistir al entierro de su gran amor. Jim le pidió los documentos de Victoria y él mismo se ha encargado de hacer todos los arreglos. No hay tiempo y no sabemos nada de la familia de ella, así que será algo solo de ellos.
Decidieron realizar una cremación para poder tener los restos y así Nam, más adelante, decidirá qué hacer con ellos.
.
.
Cuando todo termina, nos dirigimos nuevamente a la casa, una vez más Namhyun rompe en llanto cuando le entregan la pequeña urna que tanto significa.
Y así, sucesivamente, todos somos testigos de cómo ese hombre se recompone cada día, pero sigue ausente, tal vez un poco más que antes, y ahora pasa su tiempo en la habitación que compartía con Victoria.
El tiempo es el único que te ayuda a sanar ese tipo de heridas, el tiempo y el amor, pero… ¿Qué pasa cuando no dejas que nadie te brinde ese amor? ¿Qué pasa cuando no dejas ni a tus propios hijos llegar hasta dónde estás?
Si hay algo que yo sé de sobra, es que el encierro y la distancia no ayudan para nada a sanar.