MINJIM
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Me despierto temprano, como muy pocas veces sucede conmigo. La razón fue un sueño bastante agobiante que sinceramente no recuerdo y tal vez sea lo mejor. No me quedo en la cama como suelo hacerlo cuando tengo tiempo, la transpiración que me ha causado el sueño me obliga a levantarme de inmediato para darme un baño.
Una vez que termino de asearme y vestirme salgo de mi casa directo al centro, quiero café desesperadamente. En la cocina me encuentro con Erika comiendo unos cereales, la saludo mientras que me sirvo.
—¿Qué pasó contigo?
—Me he caído de la cama —digo dando el primer sorbo.
—Ya lo creo, ese milagro no se ve todos los días. Oye, yo no te he dicho nada, pero Xiomara está sin dinero, supongo que no te querrá decir nada porque le da vergüenza. A nadie le agrada estar pidiendo ayuda monetaria a su novio. —Sonrío al escuchar ese título que aún no tengo—. No sé, tal vez puedas ayudarla sin dar a entender que yo lo mencioné.
—Ok, tranquila. Gracias por compartirlo conmigo.
Me acerco a la isla donde reposa una notebook que por lo general utiliza Mun para hacer pedidos en la tienda de comestibles, la enciendo y en unos minutos ya estoy metiendo de todo en el carrito. Compro todo lo que se necesita para todo un mes, desde carne y lácteos, hasta papel sanitario y desodorante. Es curioso, nosotros no los necesitamos ya que no tenemos ese tipo de problemas con la traspiración, pero ellas sí y aquí no se consiguen desodorantes fácilmente, los pocos lugares que los venden suelen ser caros. Termino con mi tarea y pago pidiendo que me lo envíen todo aquí a mi dirección. Aprovecho a comprar a parte algunas toallas y otras cosas que sé que tiene muy poco.
Ya sabiendo que me voy a ligar una reprimenda que sea bien justificada, ingreso en otra tienda de ropa deportiva y elijo unas cuantas prendas; sé que siempre anda con lo mismo puesto y muchas veces la he visto pasando frío. También elijo algunos pares de tenis para ella y un par para mí.
Esto de comprar online tiene sus ventajas y me gusta.
Erika se retira, no me ha dicho cómo es que ella sabe que Xio no tiene dinero, pero ya se lo preguntaré. Lo que sí me dijo es que se va a encontrar con ella en el centro comercial y me debato en salir también a su encuentro. Lavo la taza y salgo de la casa para ir a la mía por algunas de mis pertenencias, encontrándome en el camino con Nam y los pollitos.
—¡TIO, JIM!
Gritan los tres al mismo tiempo y se echan a correr hacia mí. Las dos princesas llegan a abrazarme, en cambio el pateador tropieza con sus propios piecitos y cae en el intento. Namhyun trota la distancia que le toma llegar a él y ayudarlo a levantarse, el pequeño llora con sus manitos abiertas dando a entender que se las ha golpeado o raspado. Lo que llama más mi atención es el tono tan bajito con el que llora. Si fuera Akali, seguro se enteran hasta los vecinos.
—Ya, bebé, ya pasó —dice Nam besando las manitos de su hijo.
Soohyung se remueve para que su padre lo baje y terminar de acortar la distancia que lo separa de mí, para abrazarme.
—Oye, ¿podrías estar atento a Vi? Iremos un rato al parque de siempre a jugar y distraernos un poco.
—Claro, no hay problema ve tranquilo.
No me molesta para nada cambiar los planes. En vez de ir al centro comercial, voy directo a la casa de mi amiga.
Ingreso y saludo a la chica que ayuda a Nam con la limpieza, él ha contratado una aparte porque, por lo general, no tiene tiempo de hacer nada. Me despido y voy subiendo las escaleras para ir al dormitorio de Victoria y me encuentro con la enfermera saliendo de la misma.
—¿El señor Namhyun ya se retiró?
—Sí —Asiento con la cabeza acompañando mi respuesta—, ¿pasó algo?
—En realidad no lo sé. Ella se ha puesto bastante inquieta.
—Está bien, yo me quedaré con ella. Cualquier cosa le aviso y llamamos al médico, por lo pronto dejemos que Namhyun y los niños se distraigan un rato.
La dejo que se retire e ingreso a la habitación sin hacer el más mínimo ruido. Una vez el médico nos dijo que no era bueno alterarla así, desde ahí está casa se sumió en el silencio. La enfermera no exageraba, está teniendo más espasmos de lo habitual y se ve que la ha tenido que amarrar.
—Hola, bella. Hola mi hermanita hermosa, amiga del alma. ¿Qué tienes hoy? Espero no estés incomoda, Namhyun ya ha mandado a comprar el nuevo colchón ortopédico para ti, aunque el médico dijo que no es necesario cambiarlo cada 3 meses, ya sabes que queremos lo mejor para ti; más él, obvio.
“Jamás pensé en ver a Nam tan enamorado como lo está de ti. Espero que algún día alguien tenga, aunque sea, la mitad de ese sentimiento hacia mí.
“Las cosas con Xiomara están bien, aún tenemos momentos en los cuales me gustaría empujarla por las escaleras, pero recuerdo que la amo y se me pasa… Jajaja. Vi, estoy seguro que le serías de mucha ayuda, sé que serían muy buenas amigas y que la amarías; es una muy buena mujer, ha pasado por mucho y está un poco oxidada con respecto a los sentimientos, pero de a poco vamos avanzando.
“Estaría completo si estuvieras conmigo, viva…
“Qué difícil es dejarte ir, nena, te extraño de una manera que no te puedes imaginar.
“Sé que desde donde te encuentres nos estás cuidando a todos y también sé que debes estar orgullosa de esos tres angelitos que nos dejaste. Ayer cumplieron sus 3 añitos de vida y no es justo que lo hayan pasado y crecido sin su mami. Una madre muy amorosa que los estaría llenando de amor y felicidad en este momento, pero así es el destino y te confieso que he aprendido algo de todo esto: me has enseñado que hay que vivir la vida al máximo; uno no sabe cuándo se le va a acabar el tiempo.
“Hay días en los que me despierto histérico, ya me conoces lo suficiente como para saber de mis cambios de humor, y en esos días grises pienso en que la vida es una mierda sin ti a nuestro lado. Aún siento rencor hacia mí mismo por no haber hecho caso. Las alarmas estaban encendidas hacía rato y yo las ignoré.
“¡PERDÓN! Perdóname por haberte arrebatado la vida y la felicidad de ser madre, de ver crecer a tu familia.
“Hace tiempo que dejé de decirlo en voz alta, les he hecho creer a todos que ya no más con ese sentimiento hacia mí y que entendía que no era mi culpa, era seguir en un círculo vicioso que no acabaría jamás.
“Pero aquí, entre nosotros, los dos sabemos que si yo me hubiese separado a la primera estupidez de esa tipa esto no estaría pasando. Ni hablar de mí última estupidez que fue lo que desencadenó tu situación médica. Nunca debí alejarme de ti, jamás debí darte la espalda o dejar de cuidarte.
“Xio dice que eso es una idiotez, que tu condición médica ya venía desde antes, que ninguno de nosotros es culpable de nada y que nadie sabe lo que pasa en el organismo de las personas como para prever estas cosas.”
Inevitablemente lloro.
Lloro por no sentir su calor al abrazarnos, lloro porque es mi maldita culpa que esté condenada a una muerte lenta y silenciosa.
De repente mis nervios se ven incrementados porque un espasmo en su brazo se lo ha dejado sobre mi cabeza, pero me quedo quieto disfrutando de esos segundos hasta que llegue el próximo y la obligue cambiar de posición. Cierro mis ojos creyendo que detendré el tiempo de esa manera, hace mucho tiempo que no recibo una de sus caricias e inclino un poco con movimientos lentos mi cabeza hacia un costado. Su mano queda mitad en mi cabello, mitad en mi rostro y dejo escapar un sollozo.
Nada es para siempre y el tiempo se nos está por acabar, eso lo sé. Xio dice que es cuestión de días o meses para que su corazón deje de latir y ahí nos abandonará del todo. Tengo sentimientos encontrados, quiero que se vaya y logre descansar en paz, pero a la vez soy egoísta y si pudiéramos tenerla así por el resto de nuestras vidas, sin dudar lo haría.
—Vi, te amo… Te extraño… Perdóname…
Y como era de suponerse, otro espasmo. Otro y seguido de este, otro. Otra vez una convulsión.
Apresurado tomo el teléfono y presiono el marcado rápido, todos tenemos configurado el celular de su médico en el número 1 y el de Nam, en el número 2.
Abro la puerta y le grito a la enfermera, que en segundos ingresa a la habitación para correr alrededor de ella tomando lo necesario para sacarla de la fea situación.
—¿Llamó al médico? —Me pregunta ella al ver que Vi no reacciona.
—¿Qué le pasa?
Digo alarmado al ver que le sangra la nariz. La enfermera me mira notoriamente nerviosa y yo no puedo creer lo que estoy viendo. Tomo el teléfono nuevamente y deslizo en la pantalla con todo temblando en mi cuerpo.
—Ven… —hablo agitado y llorando una vez que me atiende la llamada—. Vi… Victoria… ¡ABRIÓ SUS OJOS!
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XIOMARA
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—¿Jim? Tranquilo, ya vamos para ahí, ¿dónde está Nam? —Tomo de la mano a Erika y comienzo a correr—. Corre Ery, es Victoria.
—¿Qué pasa con ella? Xio, por favor dime.
Erika ya está derramando lágrimas y no hago más que seguir corriendo en dirección al estacionamiento donde sé que aún se encuentra Eddy, él insistió en esperarme por si Erika tenía que ir a otro lugar.
Al llegar, le grito a él que encienda el auto y le pido que tome el lugar de copiloto, no es de mala, pero aquí son muy lentos para manejar; nada que ver a las películas donde los asiáticos siempre ganan las carreras. Erika se mete en asiento de atrás y yo me trepo al del piloto, tomando el volante con fuerza, sacando el freno de mano, y piso el acelerador como si mi vida dependiera de ello.
Con la vista fija, concentrada en las curvas cerradas que debo transitar para salir del estacionamiento. De repente, veo mi pobre teléfono tirado, se me debe haber caído en la corrida y no me da tiempo a frenar antes de pasarlo por arriba.
Salgo a la avenida, es una suerte que el guardia tenga la barrera levantada, de lo contrario me la hubiera llevado puesta hasta llegar a la casa.
Acelero a fondo, lo más que puedo y lo lamento por las posibles multas que me deben de estar adjudicando en este momento. Estoy a metros de un semáforo que está en amarrillo, pero de inmediato cambia a rojo haciendo que los conductores arranquen sin darme tiempo a frenar. Esquivo a uno a mi derecha y al otro a la izquierda y, con un montón de chirridos de ruedas frenando, bocinas chillando e insultos de parte de los conductores, me largo.
Por el retrovisor veo a Erika, supongo, intentando comunicarse con alguien en su teléfono, pero dejo de prestarle atención para no darme contra nada hasta que, a un par de calles, veo nuestro destino y acelero más.
Estando a una cuadra comienzo a tocar la bocina para que el portero me abra y me doy cuenta de que Eddy, aún afirmado al asiento, toma de la guantera un mando a distancia haciendo que los portones se abran, no me pienso detener.
El desnivel de la entrada nos hace saltar de nuestros asientos y escucho el raspón de la chapa del vehículo contra la reja que no termina de abrir.
Detrás de mí está la ambulancia, así que me apresuro sin importar lo que me llevo puesto, estresada con el llanto de Erika a mi espalda, espero que no sea lo que estoy pensando.
Freno y me estaciono sobre el césped de la entrada de la casa, confiando en que no molesto a nadie en la pasada y me bajo corriendo. No miro a nadie, simplemente corro escaleras arriba, directo a la habitación.
—Xio…
—Shh, no la alteres, no es bueno. Espera afuera y llamen a Nam de inmediato.
—Vi, tranquila, va a estar todo bien. —Él se acerca a Victoria depositando un tierno beso en su frente y se retira como se lo acabo de pedir.
El médico llega y me mira, en sus ojos puedo ver que está pensando lo mismo que yo; llegó el momento de su partida.
Entre los dos la revisamos y dictamos a la enfermera qué puntos anotar en el reporte y qué medicación le vamos a suministrar.
—Está baja la saturación del oxígeno, aunque está conectada al respirador. —Asiento, atenta al susurro del doctor—. Su pulso es errático y el electro muestra menos actividad que ayer.
—¿Qué hacemos?
—No lo sé, esto no debería de estar pasando. Llevémosla a la clínica para hacerle una resonancia y otros estudios, si es que llega; dudo de que lo haga.
—Es muy extraño, le voy a preguntar a Jim qué ocurrió antes de que los abriera.
—Me lo dijo cuándo me llamó, le sangro la nariz luego de una convulsión, y por el reporte ha tenido convulsiones durante toda la mañana, las confundieron con espasmos.
Se escucha un alboroto y la voz de Nam resuena en la escalera a la par de los pasos, fuertes pisadas.
—¡Tranquilo! —Lo atajo en la puerta—. La vamos a trasladar para una nueva tomografía, esto puede ser una buena señal o puede significar...
Él me pasa de largo, dándome una mirada apagada y colmada de lágrimas para luego sonreír. Me siento mal, esto lo va a destrozar.
—Mi vida… —le habla calmado, acariciando su cabello —. Mírame, nena. —Sigue con los ojos de un lado a otro y sujeta con sus manos el rostro—. Bebé, estás en casa. Hola, amor mío, ¿vas a volver? ¿Verdad que sí? Te extrañamos demasiado. —Lo observo dejar un tierno beso en sus labios, me parte el alma—. Vamos a llevarte a la clínica, ¿me escuchas? —Solo parpadea, sé que no lo está escuchando, aun así lo dejo—. ¡Te amo, mi reina…!