CAPÍTULO 26

1806 Palabras
XIOMARA —¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Hoy estamos de festejos, el trío hermoso están cumpliendo sus tres añitos —ya no les tengo que explicar que tienen dos años pero aquí en Corea se suman uno más, ¿verdad? —, y es hermoso verlos sonreír mientras que todos les cantamos. Están enormes y preciosos los tres. Ambientamos un espacio en el patio trasero alejado de la casa de Nam, porque Victoria no ha pasado bien la mañana. Colocamos globos, muchos globos de todos colores, al parecer es algo que les llama mucho la atención y se divierten demasiado pateando algunos para que reboten unos cuantos. Dispusimos una mesa redonda donde están los tres pasteles, que como fui la encargada de pedirlos, compré uno lila para Mi, uno violeta para Hee y al pateador, uno azul. Algunos animalitos adornan la mesa junto con algunas galletas decoradas y otras golosinas variadas. Es la hora del almuerzo, entonces decidimos que unas hamburguesas a la parrilla sería lo más adecuado para comer en este festejo, jugos de frutas para los niños y cervezas para nosotros. La pasamos muy bien entre juegos y risas, el único que no está del todo con nosotros es Nam, obviamente, él está mitad en el cumple de sus hijos y la otra pendiente de su mujer. Jim y Mun se encargan de la parrilla, es divertido ver cómo de vez en cuando se acerca Suk y se mete en algo con respecto al fuego para que Mun lo saque de ahí a golpes disimulados. La pequeña a la que llaman gruñona se acerca a JungSuk, que se encuentra tirado en el piso gracias a un ataque de risa, y jala una de sus orejas diciéndole que lo pondrá en penitencia por comportarse mal. Todos reímos, pero Erika le pregunta a la pequeña por qué hizo eso, ya que no es algo que ocurra en la casa de ninguno de ellos. La niña solo encoge sus hombros diciendo algo sobre una película, vaya si nos reímos. En estas dos semanas nos hemos encargado de recomponer aquel lazo que yo misma rompí por miedo. Luego de pedirles disculpas a los chicos y llorar a mares en sus brazos, llegó casi corriendo JiHu empujado a todos para envolverme entre los suyos al punto de alzarme. La noticia de que yo estaba hablando con los chicos corrió por los pasillos. Un día muy conmovido para todos nosotros. Esa misma tarde me invitaron a cenar y las bienvenidas continuaron, los niños fueron los que más me hicieron llorar cuando los cuatro caminaron, corrieron o gatearon hasta donde estaba yo, para abrazar alguna parte de mis piernas. Creo que comienzo a sentirlos de nuevo mi familia, sé que es algo que me dije a mi misma que no quiero, pero es imposible a estas alturas ya están metidos en lo profundo de mi corazón. . . . Me despierto con pereza, hoy es domingo, pero de todas maneras debo levantarme temprano. Anoche nos quedamos hasta tarde disfrutando de un buen vino con Jim, luego de que terminara el cumpleaños de los trillizos. Mala idea, me había olvidado que hoy debía ir por unos papeles a la obra del hospital y debe ser temprano. Salgo de la cama con mucha pereza y voy directo al baño, si no hago pis la vejiga me va a explotar. —¡NOOOO! ¿En serio señora menstruación? ¿No podía demorarse un par de días más? Hoy no estoy de humor. Hablo sola como las viejas locas. Rebusco entre los gabinetes y consigo un paquete de toallas sanitarias abierto, le queda una sola, ¡qué suerte la mía! Supongo que no soy a la única que le pasa, así que no se rían. Soy súper irregular y como ando hecha un mendigo por ahorrar hasta el último won destinado a la compra de mi apartamento, no he podido surtirme de cosas necesarias. Me meto en la ducha y hago lo obvio, no les voy a estar describiendo cómo me baño, lo hago de la misma manera que ustedes, esta vez aprovecho para depilarme un poco en las zonas más evidentes. Exacto, tampoco tengo dinero para acudir a una depiladora y que me deje como un bebé; estoy en modo pobre. Termino rapidito y me seco el cuerpo para correr hasta el cajón de las bragas y tomar la más grande, esa que es de señora y todas tenemos para estos días tediosos. Despego los papelitos que trae la toallita femenina y la coloco correctamente, pegando los tres adhesivos y me la pongo. Termino de vestirme y vuelvo al baño, cuando tengo mi período sufro de dolores muy fuertes, así que va a ser mejor amortiguar el dolor tomando un analgésico de antemano. Bajo y me preparo un café con un poco de leche, no es algo que me guste mucho, pero es lo que hay. Lo bebo rápido y tomo el celular junto con el resto de mis pertenencias para salir a la calle. A esto es lo que yo le llamo un excelente servicio. En la entrada del edificio me está esperando Eddy, él es casi mi chofer designado porque es quien me lleva a todos lados. Muy buena onda, me ha ayudado a obtener mi licencia de conducir coreana. Casi llegando al lugar de la obra, tomo el celular y le escribo un mensaje a Erika. “¡Buen día! ¿Cómo están? Sé que es muy temprano, pero de verdad necesito un gran favor. Me da muchísima vergüenza y espero no estar siendo confianzuda, pero no me queda de otra. Necesito por favor que me prestes un poco de dinero, estoy en cero por la compra de mi departamento y aún me faltan unos días para cobrar mi sueldo. Llegó mi periodo y no me quedan insumos”. No llego a guardar el teléfono que ya obtengo la respuesta. “Nena, nada de vergüenzas conmigo. De hecho debería ir a realizar unas compras, ¿me acompañas?”. “Claro, recojo unos papeles en la obra y estoy disponible. ¡Muchísimas gracias!”. “Ok, te veo en el centro comercial en… ¿Media hora está bien?”. “Perfecto”. Levanto la mirada y reconozco el lugar, hemos llegado. Eddy estaciona y yo me bajo. Antes de ir donde el capataz de la obra, me detengo unos minutos a observar cómo está todo y noto que no le queda nada, solo están ultimando detalles. La mayoría de las máquinas de construcción ya no están, solo hay un elevador que, por lo que me dijeron, lo están utilizando para meter la maquinaria necesaria del hospital. El mismo cuenta con solo tres pisos, el primero es toda la emergencia, el segundo es internación y el tercero es block quirúrgico, recuperatorio y UCI. Con una emoción inexplicable, me dirijo hacia donde tengo que retirar los papeles, saludo y me regreso. . . —Xio, ¿cómo estás? —Bien, gracias. ¿Cómo están los bebés? Supongo que aún deben estar cansados con lo de ayer. —Que va, esos niños tienen energía hasta por demás. Los trillizos ya estaban despiertos y desayunando con su padre. Mi hija es otro tema, esa niña duerme como un oso perezoso. —Ambas reímos por el comentario—. Suk quedó cuidando de ella, esa es una excusa para no salir de la cama temprano. —¿Qué debes comprar? —Quiero comprar un par de cositas para sorprenderlos, te voy a confiar un secreto y no puedes decir nada hasta luego en la noche. —Asiento confundida—. Estoy embarazada y hoy daré la noticia. —¡Felicitaciones! La abrazo con entusiasmo, será la primera vez que estoy cerca de un embarazo y me da mucha ilusión ser parte del proceso. Ella me dice que está sumamente feliz y que espera que sea otra niña, también me cuenta que soy la segunda en saber ya que lo primero que hizo fue decírselo a Vi aunque sabe que ella no la puede escuchar y que anhela que sea una niña porque le va a poner el mismo nombre en su honor. Me cuenta que desde hace unos meses está intentando quedar embarazada y que hace una semana lo ha confirmado, fue al médico y le dijeron que está de 2 meses de gestación. Está muy feliz porque no ha tenido ningún síntoma, su embarazo anterior ha sido fatal, y espera que siga así. Bastante emocionadas caminamos por las diferentes tiendas buscando lo que ella necesita. De repente me freno en seco sintiendo cómo una descarga sale de mi cuerpo, en estos momentos es cuando la paranoia se apodera de mí. —Ery, por favor, fíjate si no me he manchado la ropa. —¡Perdón, me olvidé a lo que veníamos! —dice abriendo los ojos a más no poder y camina hacia mi espalda—. ¡Ay no! Vete al baño, ya regreso. Miro hacia todos lados sin saber a dónde ir hasta que veo un cartel señalizando los sanitarios. Casi corriendo, me dirijo hacia el lugar y me meto en uno de los cubículos como alma que se la lleva el viento. Al fijarme en mi pantalón casi me da un colapso, un enorme manchón adorna la parte trasera de mi entrepierna. Pocos minutos bastaron para escuchar mi nombre acompañado del ruido de una puerta. —Nena, ¿dónde estás? —Aquí… —respondo bastante avergonzada—. No sé cómo haré para salir de aquí. —Amiga, dudas de mí… El embarazo no me anula las neuronas ni la capacidad depensar. Luego de decirme algunas cosas más me pasa un par de bolsas, en una hay unas toallitas húmedas para estas situaciones, un paquete enorme de toallas femeninas de la mejor marca que hay. En la otra bolsa hay una más pequeña con ropa interior y debajo, un pantalón deportivo. —No tengo cómo agradecerte esto que estás haciendo por mí, pero prometo pagarte ni bien cobre. —Tómalo como un regalo, no seas tonta. —Mientras la escucho, me voy limpiando y cambiando—. También te compré unos analgésicos por si te da dolor, es una suerte estar embarazada y no saber de eso. Ambas reímos y es bueno porque gracias a ello dejo atrás los nervios y la vergüenza que he pasado. Cuando estoy lista salgo del cubículo con las mismas bolsas que ella me entregó, en ellas tengo todos los desechos y la ropa sucia, además del paquete de toallas. Ery me entrega una botella de agua y las pastillas para que me tome una. Continuamos caminando por algunas tiendas hasta que mi teléfono suena, es Jim así que atiendo rápidamente. —Ven… —habla agitado y llorando—.Vi… Victoria… ¡ABRIÓ SUS OJOS!
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