Dentro de la habitación, la tensión rondaba siendo tan espesa que se podía hasta cortar con una tijera o tocar con las manos. Y es que, cuatro alfas, con unos más dominantes que otros, no eran exactamente una buena combinación para discutir un tema tan importante que afectaba la vida de muchas personas, uno del cual tres estaban muy reticentes ante la decisión del alfa líder. —No puedes estar hablando en serio —exclamó Isaac, observando con enojo y furia a su padre. —Querían una solución, bien, ahí está —espetó sentado despreocupadamente detrás de su escritorio. Como si no acabara de anunciar que resolvería el problema cediendo a algunos omegas a la manada Lancaster, como si fueran cosas y no personas. Al mismo grupo de cambiaformas que los había estado atacando cada bendito día durante

