Marco. El mensaje llegó mientras entrenaba. Reconoció el número al instante, aunque hacía años que no lo marcaba. > “Solo una copa. Como antes. No estoy buscando guerra… todavía. —A.” Amara. El simple hecho de leer su nombre le revolvió el estómago. Rabia. Deseo. Culpa. Él no respondía mensajes de su pasado. Pero algo en él... se quebró. Respondió. > “Un lugar discreto. Solo tú y yo.” Y luego, como si no acabara de abrir la puerta al desastre, guardó el celular y regresó como si nada hubiera pasado. Dante. Recibió un sobre. Sin remitente. Solo su nombre escrito a mano, con esa letra elegante que conocía demasiado bien. Adentro, una foto antigua: Catalina y él en una fiesta de máscaras. Y detrás, una nota: > “No quiero volver a entrar a tu vida. Quiero saber si

