Marco y Amara Restaurante privado. Lujo, sombras, tensión. Marco llegó primero. Camisa negra, expresión controlada, mirada que no dejaba escapar nada. Amara ya estaba sentada, esperándolo como si no hubieran pasado años, como si él no la hubiera echado de su vida a gritos. —Sabía que vendrías —dijo ella, con una copa en la mano—. No sos el tipo de hombre que deja asuntos sin cerrar. Marco no se sentó de inmediato. La miró como si analizara si estaba soñando o cayendo en una trampa. —No hay nada que cerrar. Ella sonrió con elegancia. —¿Entonces por qué estás acá? Silencio. —Porque necesitaba verte una última vez —respondió él. Amara apoyó el mentón en la mano, estudiándolo. —¿Y la nueva? ¿La que juega a ser tu redención? —habló suave, casi dulce—. ¿Ella sabe quién sos conmigo?

