EL DESEO NO PIDE PERMISO

385 Palabras

La noche cayó con un silencio denso sobre la casa. Elena se encerró en su habitación como de costumbre, sin cenas compartidas, sin conversaciones más allá de lo esencial. Se tumbó en la cama y cerró los ojos, dispuesta a dormir… pero el insomnio le tenía otro plan. Su piel estaba sensible. Su cuerpo... encendido. Las náuseas habían desaparecido, pero no el revoloteo bajo su vientre. Y ahí estaban sus pensamientos: Marco, Dante. Sus manos. Sus bocas. Sus cuerpos. Su mirada cuando aún la amaban sin dudas. El peso de sus cuerpos sobre el suyo. El placer, el descontrol... la devoción. Elena apretó las piernas, sintiendo el calor pulsar dentro de ella. Sus dedos comenzaron a recorrer la curva de su vientre con una mezcla de ternura y deseo inconfesable. —No... no puedo —susurró, jad

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