Esa pregunta me dejó muda. Tardé unos segundos en contestarla. Emily: Con-migo no. Al lado mío. (Aclaré). Rafael: Si vos decís. Se acercó a la cama, en la cual yo estaba acostada y se acomodó en ella, mirando hacia el techo. Y ahí estábamos los dos, acostados, en pijama y cubiertos por las frazadas que hace poco yo había encontrado. Rafael: Eu..¿tenés frío? (Preguntó al ver que me había tapado hasta la naríz). Emily: No. Rafael: Emily. Emily: ¿Qué? Rafael: Dejá el orgullo ahora por lo menos. Emily: Te estoy diciendo que no tengo frío. Rafael: (bufó) Como digas. Dijo y cerró los ojos para dormir. Se veía tan lindo en ese estado, tan inocente, al igual que esa vez que lo ví dormido a mi lado en el hospital. Por más que le había dicho que no, la verdad era que me moría de frío. Ha

