8. Falsas Esperanzas

1607 Palabras
Eva Suspiro. « Padre amado, ahora soy la chica de los suspiros » Y suspiro nuevamente para reírme. A solo un día de nuestra boda me encontraba probándome mi vestido, fue un regalo de mi madre. No se confundan, solo llegó un paquete y cuando fui a agradecerle no estaba, ni al siguiente día, ni el día que le seguía; así que no pude hacerlo. Y ahora, después de lo inevitable me encontraba sonriendo a mi reflejo. El vestido era hermoso, muy blanco y liso, con mangas largas y cuello alto, con corset que resaltaba mi figura y el velo largo hasta el piso pero sin llegar a tocarlo. Di la vuelta sintiéndome como una princesa, pero no lograba comprender mi inquietud, estaba feliz o eso creía, entonces … ¿Por qué? —¿Nerviosa? —miré a una de las hermanas de Theodorus. « Sí, debe ser eso » —Bastante, de hecho creo que me están abrumando los nervios —me senté a su lado y volví a suspirar —. ¿Y si me arrepiento? —ella río. —Posiblemente —reí con ella —, solo unos locos muy enamorados se casarían. —Entonces no estoy cometiendo ningún error —reímos de nuevo. —Iré a por mi madre para que te vea, no demoro —asentí y la vi marcharse. Al quedarme a solas me recosté mirando al techo y con mis manos en mi pecho. —Dios mío, calma estos nervios tan terribles —me reí y seguí hablando sola, o bueno, no sola, a Dios —. Oh poderosa presencia de lo divino, acompáñame y guíame en cada una de mis decisiones —mi charla se vio interrumpida por tres suaves golpes en la puerta. Me levanté perezosamente completamente segura que sería mi suegra y cuñada, así que no me fijé y abrí de golpe y vaya sorpresa. —¿La señorita Eva? —asentí y sonreí educadamente. La chica frente a mí me repasó de pies a cabeza con la boca abierta sin ningún disimulo, y bueno, no se podría juzgar, no siempre encuentras a alguien vestida de novia. —Disculpas mi apariencia —moví un poco la falda del vestido —, mañana es mi boda así que estaba dando los últimos retoques —solté una risita y me fijé en su expresión haciéndola borrar ipso facto. Tragué saliva ante su mirada iracunda. La chica era hermosa, un cuerpo bastante definido, un cabello que si o sí ibas a mirar, un rojo natural y crespos perfectos, pero esa belleza era opacada por la furia que transmitía su rostro. —¿Deseas … algo? —Si, quiero que me escuches muy atentamente —abrí mi boca impactada por su actitud y miré tras ella comprobando si vendía alguien para socorrerme de ésta loca situación, pero nada. —Disculpa, ¿te conozco? —intentaba mantener la calma pero los nervios que ya tenía se arremolinaban en mi interior. —No, pero Theodorus si, y muy bien —ladee mi cabeza sin comprender —. Mira mosquita muerta —dio un paso hacia a mí y yo retrocedí —, él es mi hombre —alcé mis cejas llevando mi mano a mi pecho —, no te vas a casar con él porque no lo voy a permitir. —¿Y tu quién eres para imponerme algo? —saqué valentía de algún lado de mi subconsciente. —¡SOY SU MUJER! —gritó a punto de llorar —Y aunque todo era un plan no lo soporto —me dio la espalda tomando su cabello entre sus manos chiflada por la situación. Mientras yo … me hundía en una decepción tan grande que no se me hacía raro, pues él ya me lo había dicho, se acostaba con otras porque yo no lo hacía con él, pero había pensado, había creído que eso paró cuando me entregué a él noches enteras, incluso sin yo disfrutarlo. Y sí, no escuché muy bien lo de su plan. —Se acuesta contigo —susurré más para mí que para ella. —Si tarada, me hace mujer porque no te puede tocar —se río. —¿Quién dice que no lo hace? —levanté mi mirada ahora yo enojada. Enojada con el mundo entero y aliviada al ver su expresión atónita. —Él, tú … eres una santurrona que cree en lo de virgen hasta el matrimonio —ahora reí yo. —Creía, hasta que Theodorus posó sus manos en mí —ella tomó aire con fuerza y negó. —Es imposible, yo … hice que no deseara a nadie más que a mí. —Pues tus tácticas de seducción no funcionaron. —¿Qué sucede acá? —interrumpió la voz fuerte de mi cuñada. Ni siquiera levanté mi rostro, me sentí tan abatida y tonta. —¿Sasha? —arrugué mi entrecejo y miré a mi suegra. —Hola suegrita —ahora fue turno de ella de mirarla como si fuese el mismísimo diablo. —Lárgate de la casa de mi nuera. —¡Oh! ¿Seguirás con la boda después de saber que Theo y yo seremos padres? —abrí mis ojos de par en par. —¿Qué? —ella sonrío. —Imposible —tronó Nieves. —Que asco —comentó mi cuñada. —Pues como escuchan, al final si seremos familia después de todo —me miró desafiante —, solo te voy a decir algo, después de acabar tu jueguito con Theo te recomiendo que vigiles tu espalda —miró a mi suegra de pies a cabeza —, no estás con las compañías más santas —se río para irse contorneando sus caderas como si hubiese ganado alguna especie de guerra. —Es una maldita loca —negó mi cuñada viéndola marcharse —, solo espero que no le hayas creído nada —la miré sin ningún ánimo y entré suspirando quitándome el velo. « Que tonta soy » —Eva —me llamó mi cuñada mientras empezaba a quitarme el vestido despacio sin mirar nada en específico. « ¿De verdad creí que me sería fiel? » —Querida —ahora fue el turno de mi suegra, pero no se acercaban demasiado, solo me llamaban viéndome desnudar. « ¿Él? ¿Siendo todo un adonis y famoso en Ciudad Azul? » —Llama a Theodorus —demandó Nieves a su hija y ella de inmediato se marchó mientras yo me ponía ropa más cómoda. « Jugó conmigo, jugó con esa chica y ahora será papá » Me permití soltar una lágrima acabando de ponerme zapatillas. —Eva, querida. —¡¿QUÉ!? —le grité de tal manera que abrió tanto sus ojos como su boca mientras yo respiraba muy agitada. —Tranquila —levantó sus manos aún sin acercarse —, no debes creer en una sola palabras de esa chica, es una meretriz que haría lo que fuese por el dinero que tendrá Theodorus después de casarse —arrugué mi entrecejo. —¿Dinero? —asintió. —Él recibirá la herencia de su padre después de casarse, ese es el plan para vuestro futuro. « Plan » Recordé las palabras de la mujer y negué sintiéndome aún más patosa de lo que ya era. —Que ingenua soy —tomé mi maleta y empecé a empacar mi poca ropa. —¡Pero querida! No tomes ésta decisión tan a la ligera. —¿A la ligera? —paré por un momento para mirarla —Mi querido futuro esposo se revuelca con otra mientras también me toca, las deja embarazadas cuando yo aún tengo mi periodo y nada cambia —ella arrugó su entrecejo y miró hacia otro lado —, crea un plan para obtener dinero a cambio de nuestra boda, me miente, juega conmigo y me obliga a hacer cosas que no quiero —tomé aire —, me cansé —y volví a retomar mi tarea —. Me voy de acá, pues no me pienso casar con alguien que no me ama. —Si estás tan determinada a hacerlo no seré yo quien te detenga —se dio la vuelta y se marchó. « Gracias a Dios » Solté un gruñido furiosa y acabé mi labor para dejar esa casa atrás, con el vestido de novia en el piso y el resto de las cosas totalmente intactas. No quería volver con mi madre como un perrito arrepentido sin un lugar en el mundo pero no tendría de otra, y para sorpresa mía me abrió la puerta dejándome pasar sin decir ni una sola palabra. Llegó la noche y no había podido dejar de llorar. Mi madre había hecho un té un poco raro para calmar mis nervios, té que lo único que hizo fue enfermarme del estómago, y para mi mal volvió a darme obligándome a tomarlo. —Con esto solucionarás tus problemas de amor —lo decía muy segura sin dejar de mirarme mi estómago. « Claro, ella siempre me dijo que me embarazara y lo amarrara, debí hacerle caso » Llegó la noche y con ella el peso de la soledad y el engaño. Llegó la noche y cuando menos pensé Theodorus entró a mi habitación con su pecho agitado y una mirada de preocupación. Llegó la noche y con ella una gran enseñanza, a veces no hay que rendirse por muy frustrado que estés, pues el amor es esperanza. Pero más importante aún, a veces queremos obligarnos a encontrar amor cuando evidentemente solo hay distorsión y apego emocional, y esa esperanza se esfuma golpeándote fuertemente con la realidad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR