Theodorus
—No entiendo por qué sigues con ella —le di una calada a mi cigarro mientras sonrío al recibir sus caricias en mi espalda desnuda.
—Porque a diferencia de ti a ella si la aceptarán en la familia —resopló molesta y dejó sus caricias —. ¡Oye! —me di la vuelta para tomar su rostro con suavidad entre mis manos —Solo es temporal, después de casarme pasará un tiempo corto y podré estar contigo —se cruzó de brazos.
—Es injusto que tu familia no me acepte solo por mi trabajo —suspiró —, como si ellos vivieran mejor —me reí pues tenía razón.
Sasha siempre ha sido la mujer de mi vida, con su cabello rojo natural, crespo y figura de ensueño; pero por su … labor, mi familia la detesta. Sasha es meretriz de la alta sociedad. Mi familia es … bueno, es complicada pero nada sana, y aún así la desprecian como la zorra que es, pero es mí zorra.
Solo necesitaba casarme para salir del techo de mi madre, suspiro pesadamente recordándola. Solo me daría la herencia de mi señor padre si me casaba con una chica de bien, lo cual era complicado de encontrar ahora en día, exceptuando por la tonta de Eva.
—Pronto eso cambiará, y después de tener el dinero ellos no podrán oponerse a lo nuestro —acaricio su hermosa melena.
—Aún así me pongo celosa, duermes con esa mientras yo estoy sola en mis aposentos —hace un hermoso puchero.
—No se deja tocar, y no lo pienso hacer, no me apetece —miento, pues solo anoche la había hecho mía en todas las posiciones imaginarias.
—¿Me lo prometes? —seguía con su puchero mientras batía sus pestañas viéndose adorable.
—Por supuesto, eres la única mujer en mi vida —sonrío para luego besarla y hacerla reír.
Eva solo era un daño colateral para mi futuro, un buen futuro, uno que compartiría con el amor de mi vida.
Al salir de su residencia suspiré sonriente dirigiéndome al tren mientras mi móvil sonaba, inmediatamente solté una carcajada.
« Definitivamente éste es mi día »
—Pero si es la mujer más preciosa del mundo —escuché atentamente sus indicaciones para mi siguiente movimiento.
Eva me traía buena suerte, pues ya estaba en camino para la tercera mujer en solo dos días.
Al mismo instante recibí un mensaje de mi madre, quería conocer a mi futura esposa.
Sasha
Me carcomía la ansiedad de pensar que podría perderlo. Theodorus me aceptaba tal cual era, con mi trabajo incluido y esa idea suya de casarse con otra no me gustaba ni un poco, pero no podía hacer nada.
« Sin casamiento no hay dinero »
Me repetía una y otra vez pero no terminaba de convencerme. Así que recurrí a la mejor estratega del mundo, mi madre.
—¡Oíste! —sonreí al escuchar su voz después de tres pitidos.
—Tiempo sin hablar madre.
—¿Cómo has estado hija mía? ¿Qué tal Theofeo? —volteé los ojo.
Por alguna razón no lo quería mucho pero sabía que iba a ayudarme.
—Se va a casar con otra —soltó una carcajada.
—¡Te lo dije!
—¡Mamá! Solo es por la herencia de su padre —escuché un sonoro umm detrás de la línea —, después me llevará con él —y ahora un jum —, es enserio.
—No me la creo es nada.
—Pero es verdad, y te llamaba para pedirte un favor.
—¿Para qué soy buena? —sonreí.
—Quiero asegurarme que Theodorus no entre en la cama de ninguna mujer que no sea yo —podía sentir como mi madre también sonreía detrás de ese móvil.
—Eso es fácil —volvió a reír.
Si Theodorus no podía ser desde un inicio cien por ciento mío pues no sería de nadie, y de eso me iba a encargar, por las buenas o por las malas desde la oscuridad.
—¿Qué necesitas? —le pregunté con felicidad.
—Solo sus bóxer, hija —sonreí de nueva mirando el pequeño cajón donde guardaba su ropa.
—Te lo llevo éste mismo fin de semana —colgué riéndome alto y fuerte.
Me encantaba saber que mi Theodorus no caería en las garras de nadie más.
Eva
Estaba muy nerviosa, hoy conocería a su familia, a mi suegra, y solo Dios sabía lo inquieta que me encontraba por éste asunto.
« ¿Y si me rechazan? »
« ¿Y si no les gusto? »
—Le sigues dando vueltas al asunto ¿verdad? —miré a través del espejo el reflejo de Theodorus y suspiré.
Había pasado casi un mes de que me despedí de Clark y la relación de Theodorus y yo mejoró muchísimo, así que me permití sentir.
—Te ves tan guapo —sonreí tímidamente y él también.
—Y tu preciosa —posó sus manos en mis caderas —, deja de atormentarte con inseguridades, mi familia te amará.
Volví a repararme y me sentí bella, un vestido rosa pálido hasta mi tobillos con abertura en el pecho y una pierna. Lucía tierna y sencilla pero también sensual.
—¿Seguro?
—Pero por supuesto —posó un dulce beso en mi hombro —, mírate, ¿Cómo no amarte? —sonreí como una boba.
Aún tenía miedo, pero dejó de ser agresivo y se volvió una dulzura conmigo. Tal vez esa primera noche si había calmado su hambre y durmió a la bestia.
Era la consentida de su vida y no me quejaba.
—Esta bien —tomé valor —, vamos —asintió y me tomó de la mano.
Ya no era raro que nos viesen juntos en la calle pues salíamos constantemente. El incidente en la plaza estaba olvidado y aunque intenté ponerme en contacto con Clark no lo conseguí, así que he intentado ser fuerte y seguir, sin perder la esperanza, sin perder la fe, confiando en el proceso para obtener lo que tengo ahora, una vida feliz y plena.
La casa de la familia de Theodorus era inmensa y hermosa, tipo campestre.
—Parece una mansión —parpadeé asombrada.
« ¿Entonces por qué mi futuro esposo no tiene éste dinero? »
—Es de mi madre —contestó como si leyera mis pensamientos —, entre todos los residentes pagan todas las facturas —ladeé mi cabeza interesada pues pocas veces se abría conmigo —, en total viven … —hizo una pausa para contar mentalmente sorprendiéndome —veinticuatro personas.
—¡Wow! —se río.
—Si, mi familia es inmensa.
Y con razón. Desde niños corriendo hacia él para saludarlo hasta ancianos asintiendo con su cabeza en señal de respeto.
—¡¿Quién es ella tío?! —preguntaba una pequeña hermosa de ojos saltones.
—Tu nueva tía princesa —la niña sonrío feliz y corrió para avisar de nuestra llega.
Así tan imponente como se veía su exterior, su interior era muchísimo más sofisticado, todo tenía esa aura de calidez familiar que siempre he querido tener, se veía tan lleno de vida que daba enviada, pero una envidia mezclada con anhelo, pues al verlo jugar y hablar con esos pequeños me llevó a pensar en nuestros futuros hijos.
—¡Hijo mío! —me pasmé al escuchar esas dos palabras.
—¡Madre! —sonrío él guiñándome un ojo para que me volteara.
Y ahí estaba ella, mi suegra.