6. Mi suegra

1579 Palabras
Eva Una mujer … que resaltaba. Extrovertida, en forma, alegre y con una sonrisa sincera. Mi suegra no daba miedo, al contrario, te hacía sentir calidez en tu corazón. —Tu debes ser la luz de los ojos de mi Theodorus —apretó mis hombros examinándome de arriba abajo mientras yo solo sonreía nerviosa. —Madre, ella es Eva, Eva ella es Nieves —suspiré al escuchar hasta un nombre dulce. —¡Es un encanto hijo! —me abrazó haciéndome soltar una risita —¿Puedes creer que éste descarado no te había presentado? —se separó sonriéndome y haciendo bromas. —Aún era muy pronto. —¡Ja! Muy pronto y ya viven juntos —negó con su cabeza —, me encanta tenerte acá —se dirigió a mí. —Para mi es un placer conocerla —ella suspiró. —Bienvenida a la familia querida —Theodorus me tomó de la mano y nos adentramos a la casa con alegría. Era impresionante cuánto se querían y se respetaban entre sí. Empecé a admirar a Madam Nieves, dirigía a toda la familia con amor y liderazgo. Desde los más pequeños a los más adultos le obedecían como si fuese la ley, y su sola presencia alegraba a cada persona presente. Fui tratada como si mi existencia fuese muy preciada, e incluso las niñas me miraban con ojitos llenos de fascinación. —Cuéntame mi niña —llamó mi atención en medio del almuerzo —, ¿a qué se dedican tus padre? ¿Tienes más hermanos? —inició su interrogatorio y toda la familia volteo a verme. En total conocí a la tía y tío de Theodorus, hermanos de Madam Nieves; a sus cuatro hermanas y sus tres hermanos; su primo; y sus nueve sobrinos. —Mi madre es … —pensé muy bien como decirlo —ama de casa y en ocasiones trabaja como médium. —¿Medium? —interrogó una de las hermanas a lo que yo asentí. —¿Habla con muertos? —cuestionó otra hermana abriendo mucho sus ojos a lo que reí. —Solo sirve como conducto para que se puedan despedir de sus seres queridos, es un lindo trabajo. —Si tu lo dices —negó la hermana. Madam Nieves se había quedado muy callada, solo mirándome entornando los ojos. —Que interesante —masculló —. ¿Y tu padre? —tomó un trago de su vino. —Él murió cuando era niña —apreté mis labios y Theodorus tomó mi mano entre las suyas para darme apoyo. —Lo siento —negué para tranquilizarla. —Aunque aún me duele tengo la confianza en Dios que está en un buen lugar, era un buen hombre —suspiré y decidí cambiar de tema para no seguir siendo el objetivo en tan agradable reunión —. Es maravilloso como puede ser la cabecilla de tan hermosa familia sin perder la elegancia Madam Nieves —ella sonrío con calidez. —Solo Nieves, al fin y al cabo seremos familia, ¿verdad? —sonreí y asentí. Las presentaciones y preguntas siguieron hasta llegar la noche. Sabía que me llevaría muy bien con todos, mucho más con sus hermanas y su madre. Su tía había estado en silencio y solo me miraba, sin perderse ninguno de mis movimientos pero no le presté atención. Estaba maravillada. Pasé de ser sola en la vida … bueno con mi madre, a ser parte de una familia inmensa. Me cuestionaba un poco sobre los cotilleos en referencia a sus hermanos, todos parecían tan normales y buenos chicos que llegué a pensar que era solo envidia. « Tal vez eso de ser una familia peligrosa y de malandros era falsedad » —Te dije que te iban a amar —me besó y sonreí. —Aún no me creo todo esto, estoy fascinada —se río sacudiendo su pecho. —Tal vez ya sea hora de planear nuestra boda —abrí mis ojos de par en par. —¿De verdad? —pero esa pregunta no vino de mí sino de Madam Nieves —¿Tan rápido? —Theodorus y yo nos miramos y luego a ella —Bueno … es que … —soltó una carcajada corta acomodando su cabello para volver a su rectitud de mujer sofisticada aunque no lo era mucho —apenas nos presentas, no hay afán de eso, de hecho pueden vivir acá —sonrío. —No de eso nada —Theodorus negó —, ya tenemos nuestro hogar y nos amamos tanto que no vemos la hora de ser marido y mujer ante Dios —Theodorus me acercó a su cuerpo posando una de sus manos en mi nalga —¿verdad? —Si —respondí por inercia avergonzándome al sentir su mano allí. —Ya —Nieves no apartaba su mirada de mi nalga cubierta por la mano de su hijo y apretó la mandíbula —. Pues … ¿Qué estamos esperando? —torció sus labios con una especie de sonrisa —Tenemos una boda que preparar —suspiré. « Santo Dios » —Tal vez eso alegre un poco ésta ciudad después de tan horrendo evento —uno de sus hermanos apareció ofreciéndole una copa con un licor fuerte a Theodorus. —¿Horrendo evento? —asintió a mi pregunta —¿Qué pasó? —¿No lo saben? —ambos negamos y Nieves bufó —Pues Clark el carnicero murió —abrí mis ojos de par en par y mis hombros cayeron hacia atrás. —¿Qué? —él asintió. —Se lo tenía merecido —Theodorus tomó de su trago insensible de los hechos. « No » —Pero … ¿Cómo? —susurré notando como mi garganta fallaba. —Dicen que se contagió de algo y murió, una enfermedad que solo le duró una semana y se lo llevó —se río —, que debilucho —los dos hermanos se rieron y noté un asomo de sonrisa en los labios de Nieves. « No » Sentí mis ojos escocer y mi pecho hundirse, mi instinto me llevó a aferrarme a Theodorus pero quería salir de allí, sentía que me iba a ahogar. —¿Eva? —me solté y me puse de pie corriendo al exterior. Tomé aire llenado mis pulmones y lloré ocupando mis pensamientos del rostro de Clark, de ese día en el hospital, de sus palabras, de sus caricias, de él. —¿Eva? —me giré hacia Theodorus viéndolo borroso por mis lágrima —¡No llores! —me tomó del brazo y me sacudió. —¡¿Cómo no hacerlo?! —me zafé. —¿Cómo te atreves a llorar por otro hombre en la casa de mi familia? —casi que susurró entre dientes. —Era mi amigo —sonrío de lado, esa sonrisa que tanto miedo me daba. —Eso no te lo crees ni tú —tomó mi rostro apretando mi mentón con tanta fuerza que mis facciones se contrajeron del dolor —. Nos iremos a la casa ya mismo, dejarás de llorar y me harás el amor, así te olvidas de ese inepto que ya está muerto —tragué saliva y asentí. No ganaba nada con reprochar, lo conocía, y no quería hacer un show en el hogar de mi suegra. Limpié mis lágrimas como pude y salí con él de la mano, como si nada hubiese pasado. —Hijo, ve despídete de tus sobrinos, yo me quedo con Eva —él asintió y antes de marcharse me miró significativamente. No quería que lo arruinara, y no tenía que preocuparse, tampoco quería hacerlo. —Señora, me disculpo por mi llanto, Clark era un gran amigo —ella asintió sonriendo. —Tranquila querida, en ocasiones encontramos más amor en desconocidos que en nuestras propia familia —suspiré, pues cuánta razón tenía —. Mañana iré a verlo —alcé mis cejas —, soy amiga de su madre así que iré —sonrío —¿me quieres acompañar? —asentí ipso facto. —Por supuesto, pero … —remojé mis labios mirando a lo lejos a Theodorus. —¡Oh no te preocupes por él! —negó con su mano —Yo lo tengo todo cubierto —suspiré en agradecimiento. —¿Verdad que mi hijo es maravilloso? —reí y asentí —¿Y buen mozo? —abrí y cerré mis boca sin saber que decir sintiendo como mis mejillas se calentaban de la vergüenza —Esto último jamás lo he comprobado, tienes suerte que el incesto sea mal visto —parpadeé varias veces intentando creer que había escuchado mal. —¿Qué? —Si, bueno, si él pudiese dormir conmigo sin que fuese mal visto, él no te necesitaría, pero nadie quiere ir a la cárcel —se río y puso una de sus manos en mi espalda —. Ven, estoy segura que mis hijas quieren llenarte de abrazos —y empujándome un poco me llevó hasta la salida. Me dejé guiar en shock por lo que había dicho. No lo podía creer. « ¿Incesto? » Por alguna razón mi corazón empezó a palpitar con fuerza, una demostración del horror que aún estaba procesando. Y mientras Theodorus me colocaba y daba en posiciones que no disfrutaba no podía dejar de imaginar a su madre en mi postura y me entraban terribles ganas de vomitar, mezcladas con el llanto de saber que jamás vería a Clark.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR