Aun me relamía al recordar esa noche… Miraba hacia su ventana como tantas veces había hecho, pero esta vez fue diferente. Las cortinas se mecían y cada vez que volaban, podía ver su precioso cuerpo desnudo, hipnotizado por esos pechos redondos, de pequeños pezones, que se intuían duritos. Mientras daba las gracias al tiempo y a esa suave brisa, note como se movía y temí que se acabara mi buena suerte, pero no solo no acabó mi suerte sino que mejoró cuando ella, despertando de su letargo empezó a acariciarse los pechos como hubiera deseado hacerlo yo. Esa fue la primera vez que disfruté de todo el esplendor de esa criatura… Ella era Lena, la hija de mis vecinos de abajo. La conocí cuando aún era una niña, yo había enviudado hacia poco cuando me mudé huyendo de mis recuerdos. Hice amistad

