Joshua Garret
Estaba sentado en mi despacho, el cual estaba decorado con un estilo minimalista y muebles cálidos de color madera. Los grandes ventanales dejaban entrar la luz solar, lo que creaba un ambiente cálido en mi oficina. El ruido exterior era constante debido a que varias de mis trabajadores estaban finalizando sus informes anuales. A pesar de tener múltiples correos por revisar, mi mente estaba completamente enfocada en otro asunto. Aunque era joven, en mi empleo siempre mostraba seriedad, dedicación y una apariencia impecable para desempeñar mi cargo con responsabilidad. Llevaba puesto mi traje gris que resaltaba mi cuerpo atlético, ya que planeaba persuadir a Isabella para quitármelo esa noche.
Había pasado toda la mañana investigando sobre la amnesia y métodos para recuperar la memoria. Dada la situación previa, tenía plena certeza de que el Doctor White no me brindaría apoyo, sino que se esforzaría al máximo por quedarse con Isabella. Jamás lo permitiría, ella era mi gran amor, mi razón de ser, mi mundo y solo tenia que demostrarselo.
Mientras seguía leyendo, mantenía los brazos cruzados y consideraba la posibilidad de solicitar una resonancia magnética en un hospital para luego llevarla a otro para que me dieran una segunda opinion.
En ese momento, me sentía un poco angustiado, sin certeza sobre si estaba en lo correcto. Cada día que pasaba con Isabella, viéndome como si fuera un completo extraño, me resultaba insoportable. Durante mi lectura, empecé a investigar acerca de una intervención ocupacional en la que colaboraría con profesionales de la salud y recetaría suplementos vitamínicos para recuperar sus memorias. Dejé de leer y recosté mi cabeza en el sillón de mi oficina, girándola ligeramente en un intento por estimular la creatividad de mis pensamientos.
—Está bien, quizás pueda sugerirle eso, a pesar de que se espera que sus sentimientos se desarrollen con el tiempo pero como puedo decirle que no puedo esperar mas—suspiró notablemente—pero, ¿cómo lo logro? No puedo soportar la idea de vivir sin su demostración de afecto.
Inclinaba suavemente la cabeza. Isabella, una apasionada del romanticismo, disfrutaba de los pequeños gestos y vivía enamorada de forma perpetua. Tuve una idea en mi cabeza que no me dejo en paz, me dirigí hacia mi escritorio con la determinación de conquistar el corazón de mi esposa una vez más.
Tomé un bolígrafo y una hoja de papel de mi escritorio. Empecé a plasmar una idea que estaba seguro de que a mi esposa le encantaría.
—¿Cena en restaurante? Nada de eso, ya lo hacemos mucho. —descartaba la primera opción— ¿Una escapada a la montaña para acampar solo en una cabaña? —la descartaba— Ya lo hicimos para celebrar nuestro aniversario. ¿Qué tal un paseo en helicóptero con un mensaje romántico escrito en el suelo con rosas? —lo descartaba— Eso ya lo hice en su cumpleaños.
Mientras el bolígrafo rozaba suavemente la superficie del escritorio, noté cómo mi mano empezaba a desplazarse. Recordaba con cariño la brillante idea que surgió de nuestras charlas de juventud como un relámpago repentino. Después de tanto tiempo esforzándome por conquistar su corazón en su juventud, nunca dudaria en mi capacidad para lograrlo de nuevo pues en esta ocasion ahora tenía dinero para hacerlo.
—Mi única tarea es encontrar algo que le provoque una sonrisa.
Observaba mi reloj, consideraba la posibilidad de salir temprano una vez más ese día.
Quería preparar algo realmente único que quedara en su memoria, ya que estábamos cerca de la víspera de Año Nuevo y sería difícil encontrar lo necesario. No deseaba tener una cita convencional y aburrida, sino más bien sorprenderla con algo que le encantara. El título que redactaba era "Una cena bajo el cielo estrellado".
Recordaba como Isabella solía disfrutar mucho de la fotografía, especialmente de la noche, que se había convertido en su momento preferido. Siempre comentaba lo difícil que resultaba contemplar el firmamento en la urbe, por lo que de inmediato me puse en la tarea de buscar los sitios más adecuados para la observación estelar, resaltando con entusiasmo el "Parque Nacional de Joshua Tree".
—Bien, puedo llevarla después de navidad. Organizar un picnic nocturno con velas sería ideal. Si logro encontrar luciérnagas, ¿podría comprar algunas y pedirle a alguien que las libere para que parezca espontáneo? —mostraba una sonrisa de satisfacción—. Le encantará —observaba las imágenes mientras buscaba el parque—. De momento, necesito ideas para cita en el frio.
Mientras buscaba diferente ideas para cita un anuncio sobre curso de cerámica aparecio. No pude contener una risa suave, ya que me trajo a la mente la película que me obligó a ver después de perder una apuesta con ella.
—Creo que ella amara esto —exclamé con entusiasmo, saboreando la idea—. Si juego bien mis cartas, podría lograr que finalmente sea ella quien ceda ante mí.—sonreia al imaginar a Isabella suspirando mi nombre algo que me hizo estremecer sonriendo como tarado.
Escuchaba la puerta de mi oficina cerrarse, alzaba la vista y me encontraba con la presencia de Aston Laughtner. El subdirector de mi empresa y mano derecha. Un compañero universitario valioso que optó por asociarse conmigo a pesar de carecer de recursos, ahora nos encontramos al frente de una de las empresas más reconocidas.
—Aston ¿Cuándo llegaste?
—Hace un tiempo—se rió de forma bromista—simplemente me quedé callado mientras te escuchaba hablar sobre qué planear para tu esposa. ¿Ya te recuerdas?
—No, y me estoy frustrando.—farfullaba levemente.
Durante mi estancia en el hospital, él se ocupó de todas las responsabilidades en la empresa y estaba al tanto de todo lo que sucedía con Isabella.
—Entiendo perfectamente, lamento la situación Joshua, de solo imaginar que me pasara a mi enloquecería—se aproximaba hacia la mesa, depositando una carpeta en ella.
—Ni te imaginas —mis ojos se dirigían hacia la carpeta—¿Qué es esto?
—¿No recibiste la información de tu secretaria? Nuestra nueva cliente requiere que tengas una reunión con ella antes de comenzar con sus finanzas.
—Lo haré pronto, tengo muchas cosas que hacer.
Con un fuerte manotazo a la carpeta Aston atrajo mi atención. Levanté ligeramente una ceja mientras lo observaba fijamente.
—¿Qué?
—Es imprescindible que atiendas a esta cliente. ¿Eres consciente del esfuerzo que están haciendo las empresas financieras para tenerla? Hay muchas oportunidades, así que deja de actuar como Romeo y organiza un encuentro para hoy.
—Es poco probable que la cliente, tan ocupada como es, disponga de tiempo.
—En efecto pero estas de suerte, ha solicitado una reunion hoy, por lo tanto —echa un vistazo a su reloj— dispones de aproximadamente una hora para alistarte.
—Aston ¿Estas loco?
—Sí, solo un poco —se rió—, pero ya revisaste su expediente y ya diste tu aprobación. Es afortunado que todavía esté dispuesto a colaborar con nosotros a pesar de que hemos tenido que posponer reunirnos con ella en cuatro ocasiones.
—He tenido mucho trabajo.
—Comprendo, pero realmente está interesada en colaborar contigo.
—¿Por qué? —empezaba a explorar sitios para realizar talleres de alfarería.
—Parece ser que te observó en uno de los numerosos eventos a los que asistes como invitado, pero no logró acercarse a ti.
—Entiendo perfectamente, soy un hombre algo ocupado—mientras estaba completamente ensimismado, anotaba un par de ideas en mi cuaderno para organizar la sorpresa de Isabella—me dispongo a organizarlo todo, por lo que solo me llevará unos minutos.
Después de llamar a mi asistente por el intercomunicador, ella organizó todos los documentos que empecé a examinar minuciosamente. No pude resistir la tentación de enviarle algunos mensajes a Isabella invitándola a cenar, pero no obtuve respuesta, así que supuse que estaba durmiendo.
Después de casi una hora, la puerta se abrió y Natasha Rudakov hizo su entrada. Una mujer emprendedora de 32 años que irradiaba una seguridad abrumadora. Siendo la propietaria de una de las principales franquicias de casinos en Boston, ella lideraba la sucursal mientras su padre se encargaba de otros establecimientos de juego en Rusia. El vestido rojo ceñido que resaltaba su formas de llamar la atención. Con su melena oscura y suave cayendo sobre los hombros, y unos labios maquillados con un tono rojo intenso, Natasha no solo resaltaba por su atractivo físico, sino también por la sensación de autoridad que transmitía.
—Joshua —comenzó, su voz suave y seductora mientras se acercaba a mi escritorio—. Gracias por recibirme. Llevo tiempo aguardando con emoción la llegada de esta reunión.
—Gracias a ti, señorita Rudakov . Es un placer hablar sobre los detalles de tus finanzas —respondía con seriedad en un tono totalmente profesional levantándome para ofrecerle la mano de manera de saludo la cual ella correspondió— Espero que podamos abordar los términos de nuestra colaboración de manera clara. —le señalaba con sutileza el asiento donde podia sentarse.
Observaba de reojo a Natasha. Una mirada de gato, lista para acechar y encontrar algo más. Con una mirada gélida como el metal, mantenía cierta distancia, pero su presencia desprendía un magnetismo inusual. Cuando se sento, me sentaba en mi asiento obligándome a centrar mi atención en los documentos que tenía delante.
Natasha se aproximó al escritorio, con la mirada fija en mí. Había un fuego en su mirada, una chispa de desafío. Inclinándose suavemente hacia adelante, permitiendo que su escote quedara ligeramente al descubierto. Una sonrisa cautivadora y seductora, con una voz tan suave como si estuviera a punto de revelar un misterio.
—He investigado bastante acerca de ti, Joshua. Tienes una moral muy arraigada, algo poco común en la sociedad actual. —Una sonrisa pícara se dibujó en su rostro—. Sin embargo, ¿qué sucede con la satisfacción? La vida es muy breve para no gozar de ella.
Levanté ligeramente una ceja mientras la observaba fijamente con frialdad. Se percibía una fuerte tensión en el ambiente, como si el calor hubiera aumentado considerablemente, pero lograba disiparla con solo una mirada. Mientras sostenía el bolígrafo, se acarició el pelo, fijando la vista en los documentos amarillentos que estaban en mi frente.
—Es fundamental que mantengamos un enfoque de trabajo serio, señorita Rudakov. Prefiero mantener separados los asuntos personales de los profesionales. La fidelidad y la dedicación son aspectos que considero esenciales —contestó con firmeza en mi tono de voz. —Además, estoy casado.
Ella se acerco un poco mas, sus ojos penetrante me escudriñar. Su expresión facial se tornó aún más seductora con esa sonrisa.
—¿Casado? Cuanto más te miro, más me doy cuenta de que hay una chispa en ti que no se apaga tan fácilmente. Tal vez solo debes dejar salir esa parte que guardas en tu interior... —murmuró, sus palabras se deslizaban en el ambiente como un reto cuya resonancia permanecía entre los dos.
Mi cara se volvía tan dura como un diamante. Mi rostro debió encantarle pues solo me devolvió una sonrisa coqueta.
—Lo que me ofreces no me interesa, señorita Rudakov —expresó, observando nuevamente los documentos con tono severo. —Mi objetivo principal es concentrarme en completar la tarea que tengo pendiente.
La mujer se enderezó, pero no dejó de sonreír. En su mirada brillaba un juego, una diversión traviesa.
—Joshua, luces encantador cuando adoptas una actitud seria. Sin embargo, ¿has considerado alguna vez que en ocasiones, los juegos pueden deparar gratas sorpresas? —comentó con un tono ligeramente desafiante guiñándome con uno de sus ojos de manera coqueta.
No prestaba atención a ninguna indirecta por parte de ella. Alcé nuevamente la vista, observándola con frialdad. Era una mujer de las que suelen manipular a los hombres a su antojo, con un encanto irresistible que resultaba imposible resistir. Me levantaba, manteniendo su postura erguida.
Mis disculpas, señorita Rudakov. Mi atención y mi vida pertenecen a otra persona. Mi compromiso es innegociable —contesté cuando mi paciencia estaba a punto de agotarse.
Me miró con una combinación desafiante y cautivadora, sin embargo, no pudo evitar que un destello de admiración se reflejara en sus ojos. Sin embargo, era consciente de que el juego había empezado con algo que desconocía. En la mirada de ella, percibí un brillo intenso y luminoso, como si yo fuera un tesoro especial para ella.
—Entonces trabajaré duro para que esto se convierta en una colaboración exitosa. Pero no olvides que la vida es como los casinos, Joshua. En ocasiones, el acto de jugar puede conducirte hacia el triunfo... —expresó con una sonrisa radiante al responder.
—Quizás, pero no formo parte de tus planes.—Decía con un tono firme y decidido.
Eso pareció satisfacerla y cautivarla, sin embargo, guardó silencio después de mis palabras. Durante la reunión, todo transcurrió con calma a pesar de que ella insinuaba cosas que solamente ignoraban. Aunque era una mujer muy atractiva, mi lealtad absoluta siempre seria para Isabella mi esposa.
Tras terminar acordamos que tendríamos un par de reuniones mas para terminar el proyecto de sus finanzas ademas de que me queria en la cabeza en unos negocios que ella estaba por hacer. Mencionaba que su equipo financiero anterior le defraudó, por eso se aseguró de evitar que se repitiera la situación al buscar un equipo experto en esta ocasión.
Decidimos encontrarnos en una semana, ya que necesitaba planificar cómo optimizar su capital de manera más eficaz. Adicionalmente, tuvo que anotar todos sus datos para la declaración de impuestos. Después de irse, finalmente percibía que la atmósfera de tensión en la oficina se redujo. Me permití respirar con normalidad al colocar la mano en mi frente.
—Si no fuera un buen caso, la habría despedido de mi oficina —suspiraba—al menos se calmo ademas de que parece ser una mujer muy astuta. Me dedicaré exclusivamente a mis responsabilidades laborales y ya está.
Intenté trabajar durante el resto del día, pero resultaba casi imposible debido a que la mujer que ocupaba mis pensamientos no me dejaba concentrar. Al dar las 5 de la tarde, decidí que queria salir de la oficina antes de lo habitual. Siempre tenía la mente llena de pensamientos sobre Isabella, pero en ese día, la nostalgia que sentía era más intensa que nunca. Cada vez que llegaba un correo, o cuando contestaba una llamada, me hacía notar la ausencia de su risa en mi día a día.
Decidí que necesitaba hacer algo especial, algo que pudiera demostrarle cuánto la extrañaba. Con una combinación de entusiasmo, me ponía mi saco gris y mi abrigo a juego, lo cual me confería una apariencia de persona adinerada, de alto nivel económico. Para muchos un derroche, para mi un pequeño precio a todo lo que trabajamos Isabella y yo.
Por un tiempo ella con la excusa de hacer “dieta” redujo sus comidas para poder pagar un par de meses nuestros gastos. Ella y yo habíamos pasado tantas cosas juntos, incluso dormimos en el suelo, todo lo que pase con mi amada esposa solo significaba que nos amábamos con locura.
Salía de mi oficina dirigiéndome a uno de los centros comerciales mas conocidos de Boston. Nada más entrar, los suaves aromas de flores combinadas con perfumes suaves me envolvieron. Caminar entre las tiendas perdido, sin saber que encontrar hasta que ver una tienda de de joyería, supe que había encontrado la dirección correcta. Allí, en la tienda de un estante, destacaba un delicado collar que imponía su belleza.
Era una pieza única, con un colgante en forma de corazón, hecho de una plata brillante que reflejaba la luz de manera encantadora. Pero no era solo un collar pues en su interior, había una pequeña piedra de aguamarina. Cerré mis ojos por un momento, imaginando cómo se iluminarían sus ojos al recibirlo.
—¿Te puedo ayudar? —preguntó la vendedora con una sonrisa amable.
—Sí, por favor —respondí, señalando el collar—. Me lo llevo.
Mientras esperaba la envoltura del obsequio, mi pensamiento viajaba a todas esas noches en las que solo deseábamos estar juntos, incluso en el ritmo cotidiano. La idea de sorprenderla me llenó de alegría y un cosquilleo recorrió mi interior. Sabia que para mi era un gesto normal, típico, pero para ella que no lo recordaba como era con ella seria un gesto diferente. Mi objetivo era enamorarla aunque no se acordara de mi asi que haría todo lo necesario para hacerlo.
Me dirigía a la casa de mi suegros donde al abrir fui recibido por mi suegra, ella me informo que Isabella estaba en su habitación. Tras un leve saludo sali disparado hacia donde se encontraba Isabella, como si un hilo nos conectara y supiera donde estará. La mire totalmente exhorta sentada en su escritorio, estaba revisando un álbum de foto de flores que me llevo con rapidez a nuestra juventud, pues ese álbum lo completamos juntos. Varias fotos eran mías, tal vez ella no lo recordaría, pero pronto lo haría.
Sacaba con delicadeza el collar de la caja donde había sido envuelto caminando con sigilo hacia ella. Con delicadeza lo colocaba en su cuello dándole un suave beso en el cuello, acción que hizo que saltara levemente por la sorpresa.
—Joshua—murmuró mientras me observaba de soslayo—¿Cuando llegaste?.—idquirio saber
—Hace un momento—le ponía el broche con una sonrisa.
Con alegría, Isabella se puso de pie y me abrazó antes de dirigir su mirada hacia su collar. Observé cómo se ruborizaba, un tono tan hermoso que me incitaba a querer besarla aún más. Elevó la mirada, con las mejillas aún coloreadas y una sonrisa en los labios.
—¿Para mí? —respondió con una leve emoción en su sonrisa.
—Sí. —respondí, tomando su mano— Solo quería recordarte lo mucho que te amo y lo mucho que te he echado de menos a lo largo de todo el día. Cada vez que lo veas, quiero que sientas que mi corazón siempre está contigo.
De sus labios brotó una risita nerviosa pero encantadora.
—Joshua, nos vimos anoche.
—Exacto, pasó mucho tiempo ya—respondía con una suave sonrisa dibujada en mis labios en forma de media luna.
Al notar la brillantez de sus ojos, supe que había tomado la decisión correcta. Recientemente, sentía temor al notar que al intentar realizar algo, parecía estar tratando con una mujer completamente diferente a la que contraje matrimonio. Sin embargo, al observar su mirada, comprendí que, en el fondo, muy en el fondo, seguía siendo mi amada esposa a la que me esforzaría por recuperar.
—Cariño, te amo.
—¿De verdad lo haces?
—Te amo, siempre te amare, —sonreía de manera segura— eres el primer pensamiento al despertar y el último antes de caer en la noche. Te perseguiré en cada rincón de mi vida para mostrarte que eres mi único y verdadero amor.