Mis manos temblaban con una intensidad sorprendente. De la caja, extraje un diminuto collar con la figura de una rosa y un rubí incrustado, junto a unas cartas que no llegué a abrir, ya que mi interés estaba totalmente centrado en ese pequeño objeto blanco. Extrayendo el objeto de la caja con mi mano derecha, percibía cómo mis dedos se estremecían al contacto. Un intenso dolor me embargaba, lágrimas caían por mis mejillas.
Me invadía la tristeza y el sufrimiento, sin comprender cómo ni cuándo sucedió. Experimentaba una intensa sensación de presión en el pecho, como si incontables agujas me paralizaran por completo. Mientras mis lágrimas caían sobre mis manos, mis labios vibraban liberando un suspiro de tristeza.
—Pero cuando —sollozaba con levedad—como….como paso esto.
Una prueba embarazo con dos líneas que demostraban ser positivo. Un dolor de una intensidad tan extrema que resultaba inimaginable. Me surgieron numerosas interrogantes en mi mente y ninguna de ellas tenía respuesta. Contemplaba ese examen como si fuera una extraterrestre. El sufrimiento, el temor y la falta de certeza al no poder recordar nada, hacían que sostuviera la prueba como si fuera parte de mi ser.
Sentía cómo el dolor en mi cabeza iba en aumento, pero en esta ocasión no se limitaba a lo físico, si no a lo mental. La angustia de olvidar.
¿Mi bebé ya había nacido sin que yo supiera?
¿No?
¿Qué paso?
Un intenso palpitar en mi pecho resonaba mientras las lágrimas inundaban mis ojos.
Lloraba desconsoladamente, soltando un grito desgarrador. La incapacidad de recordar algo que me pertenecía me devastaba por completo. En la habitación, se escuchaba con fuerza mi llanto desbordante. Una combinación de tristeza y vacío por algo que siempre estuvo fuera de mi alcance, y si llegué a poseerlo, no podía retenerlo en mi memoria. Dentro de mí, una marca imborrable que me habían quitado de mi ser me consumía, me destruía por completo.
Las memorias sustraídas me provocaban escalofríos. Experimentaba una sensación de desgarro en todo mi ser, me encontraba aprisionada entre un pasado lleno de incertidumbre y un presente que había cambiado por completo a la búsqueda de lo que es verdad.
Lloré intensamente durante horas, abrazando mi vientre, pensando en el bebé que pudo haber sido mi mundo entero y algo más. Sentía que me encontraba atrapada entre un pasado misterioso y un presente lleno de confusión en mi ser. Me detuve, la luz de mi cuarto estaba tan tenue y débil que parecía desvanecerse por completo. Apoyaba la cabeza en el escritorio, tratando de recordar, pero por más que lo intentaba, no lograba evocar nada más que un vago recuerdo de Elijah tomándome de la mano.
Permanecí llorando por la pérdida durante aproximadamente treinta minutos hasta lograr calmarme al sacar lo que parecían ser unas cartas. Mis letras empezaron a ser leídas desde el principio.
Al redactar estas líneas, experimento la sensación de que podría desvanecerme entre mis propias lágrimas. Siento una carga en mi corazón que no puedo manejar por mí misma. Quisiera poder expresarte esto directamente, pero las palabras se me dificultan y el temor me inmoviliza, impidiéndome hacerlo cara a cara.
La vida, a veces, es cruel y nos arrebata lo que más amamos en un susurro silencioso. No sé si alguna vez podré encontrar las palabras adecuadas para expresar el dolor que siento, pero quiero que sepas que perdí lo mas importante de nuestra vida. Una parte de mi ser se ha perdido, una unión que empezaba a fortalecerse con cada pulsación de mi corazón. Siento un dolor intenso, y la sensación de vacío que ha dejado es insoportable.
Antes, tu amor representaba mi lugar seguro, mi fuente de fuerza, sin embargo, en este momento me encuentro desorientada y rodeada de una oscuridad sin resquicio de luz en este cielo opaco.
Prefiero no ser percibida de esta manera llena de dolor, no deseo que sientas que esto representa una carga para ti. Quería decirte lo que ha sucedido en mi corazón, lo que he extraviado y lo que me causa dolor. Necesito tu apoyo para superar esta situación. En este momento, cuento contigo más que en cualquier otro instante.
En la carta no figuraba ningún nombre, estaba completamente vacía, sin embargo, una intuición poderosa me indicaba que pertenecía a Elijah. Mientras buscaba de nuevo en la caja, sentia un nudo en la garganta al descubrir otra carta en mal estado, rasgada y manchada, como si hubiera sido salpicada con tinta. Un anillo de fantasia con una diminuta rosa y una imagen de mi mano unida a la de lo que parecía ser Elijah.
Un pequeño nudo se formaba en mi garganta. Mi corazón latía con muchas incertidumbres que, incluso llorando, con el dolor en mi ser, llamé a Elijah, quien respondió al instante al sonar del teléfono.
—¿Isa? —mencionó con voz adormilada mientras escuchaba un suave bostezo —Perdona si sueno un poco somnoliento, tendre una guardia nocturna hoy y por eso me fui a dormir temprano.
—Elijah—gimoteaba desde el otro lado del teléfono aun desbastada.
—Isabella—su voz adquirió un matiz más grave— ¿Estás llorando? ¿Qué paso?
—Siento dolor, mi memoria falla pero el dolor persiste —me quejaba con tristeza—necesito tu ayuda para recuperar la memoria.
—Por supuesto, puedo asistirte. ¿Te apetece dar un paseo?
Hacia un ligero sonido de afirmación casi imperceptible de dolor.
—Isa—moduló con suavidad en su voz—cambiante, nos dirigiremos a pasear al parque.
Mientras mi cuerpo seguía temblando, me ponía prendas para el frio y me cubría con mi abrigo de color blanco. Al oír el timbre de la puerta, salí de la casa de mis padres y vi a Elijah, quien llevaba puesto un elegante abrigo de color n***o. Su presencia, siempre distinguida. Al verme solo se limitó a abrazarme en silencio en ese instante.
Aunque su abrazo buscaba expresar calidez, emoción y sentimientos hacia mí, no percibí nada. Tan vacío como el vacío que sentía en mi mente en esos instantes.
—Isa, —murmuró—, por favor, no llores, no soporto verte así, me duele en el alma.
Por unos instantes, me quedé abrazada a él, la temperatura no era baja, pero el ambiente parecía gélido a su lado.
—Salgamos a pasear al parque para que te relajes.
Secaba mis lágrimas apartándome de él para poder observarlo directamente a los ojos—Deseo que contestes la pregunta que te haré.
—Por supuesto, responderé a todas tus preguntas.
—Diciendo la verdad.
—Siempre te diré la verdad ISA.
—¿Llegaste a enterarte que estaba embarazada? —Solo con mencionarlo, mi corazón se estremecía.
De repente, su expresión tranquila se transformó en una dureza comparable a la del diamante en un instante. La tonalidad de sus ojos grises se tornó tan profunda como la del azabache. La expresión de sus ojos se volvió fría, carente de emoción, como si reflejaran un sufrimiento intenso que brotó de manera inesperada.
—¡Contesta! —gritaba con dolor.
—Sí, estábamos aguardando la llegada de un bebé—sus ojos helados estaban fijos en mí—esperábamos debido a que tú —realizó una breve pausa, apartó la mirada por un instante y luego me volvió a mirar—tú sufriste un aborto.
—¿Perdón? —entre sollozos, volvía a preguntar —¿Cómo?
—No se lo que haya hecho tu esposo, el resultado fue la pérdida de nuestro bebé —expresaba con una serenidad notable—. Por eso planeábamos huir antes de tu boda, pero al final optaste por regresar con él.
—¿Cómo? —lo observaba con lágrimas en los ojos —Eso carece de lógica.
—Lo sé, aún me cuestiono lo mismo —me miraba con un gesto enigmático —íbamos a estar bien, ser felices, amarnos, y tú te fuiste para casarte con el tipo que te causó un aborto asegurando que cambiaría.
Incredulidad me embargaba mientras negaba con tristeza, mi corazón oprimido por el dolor, decidí cuestionarle.
—Ve y házle la pregunta, seguramente lo negará —su tono se volvía grave —Isabella, él es un hombres con muchas cosas ocultas que no te convienen —indicó la mejilla—me golpeó a mí, te hizo abortar a ti, no me extrañaría que en el futuro tuviera un comportamiento violento contigo. Si sientes temor, no te preocupes, estaré a tu lado protegiéndote. Simplemente debes separarte de él —sostenía mi mano con delicadeza —estaré a tu lado, confía en mí, formaremos una familia juntos. Tú y yo juntos.
A pesar de que sus expresiones transmitían cariño, para mí carecían de sinceridad. Rápidamente me aparté de él, ya que mi corazón me advertía de un posible peligro y, a pesar de los intentos de mi mente por silenciarlo, opté por hacer caso omiso a mis pensamientos en ese instante.
—Elijah, no, no tengo intención de divorciarme —rechazaba con firmeza —No lo haré, al menos no sin recuperar mis recuerdos.
—Isabella, el es malvado, sin compasión, probablemente está ejerciendo una manipulación sobre ti y ni siquiera sepas.
—No creo que las cosas sean de esa manera.
—Puedes confiar en mí, Isabella —sostenía mi mano derecha—siempre he estado a tu lado. Siempre he sido fundamental en tu vida. ¿Acaso olvidaste cuando me prometiste amor para siempre? En el arbol navideño, a pesar de que fuiste rechazada, siempre estuviste a mi lado. Nuestra relación fue maravillosa. Recuerdo que, en un momento, tuve que marcharme para dedicarme por completo a mis estudios. Al regresar, descubrí que te estabas casando. No puedo evitar pensar en lo que pudo haber sido. Isabella, ¿comprendes que nos amamos mutuamente? Deja a un lado a Joshua y comencemos desde el principio. Contarás con mi apoyo para que puedas recordar todo a través de las terapias de hipnosis y medicinas que te recetare. Confía en mí, soy la mejor opción para que puedas recordar todo rápidamente.
Con suavidad me separaba con la mirada fija en Elijah.
—No me alejaré de él, nada logrará que me separe de él hasta que recuerde. En el caso de que lo que me digas sea verdad, actuaré dejandolo.
—Isabella, deseo que estés junto a mí porque te amo profundamente, al igual que sé que sientes amor por mí. —Se aproximaba suavemente a mis labios —Permíteme mostrarte el cariño que has dejado de recordar.
Mientras él se aproximaba, yo me alejaba, estábamos cerca físicamente y cuando intentó besarme, una mano grande y robusta se interpuso entre nosotros como un muro. Sentía nervios al levantar la mirada y ver a mi primo observando a Elijah con seriedad. Con gran ímpetu, él lo empujó, forzándome a liberarme.
—¿Cuál es el problema contigo? ¿Te encuentras bajo los efectos del alcohol? Es la única razón que encuentro para que vayas a la puerta de la casa de mi prima a besarla a pesar de que está casada.
—Lo siento, Lorenzo, pero no puedo guardar en secreto lo que siento.
—Elijah, desde mi posición de amigo, te aconsejo que te alejes . Si su marido lo descubre, es probable que recibas otro golpe en la cara que te has ganado a pulso—su voz se tornaba agresiva—Isabella, por favor, ve adentro, necesito conversar con Elijah.
Al cruzar la puerta, mis ojos se encontraron con los de alguien que parecía desorientado, afligido y vencido. Durante un instante, tuve la sensación de haber experimentado algo similar. Elijah me rogaba que le disculpara, sin comprender la razón de su pedido. En este momento, optaría por seguir la recomendación de Joshua y trataría de recordar, incluso si me lleva un tiempo.
Mientras me dirigía a mi cuarto, examinaba cada uno de los elementos de la caja de madera y la guardaba en un rincón secreto de mi armario. Mientras realizaba esa acción, percibí un suave sonido en la puerta observando a Lorenzo ingresando. Sin pronunciar palabra, se arrojó sobre mi cama justo cuando salía de mi escondite con el objeto que me causaba tristeza. Me miró con comprensión en sus ojos y luego soltó un suspiro notable.
—Desconozco de qué conversaron, sin embargo, sería conveniente que estuvieras atenta. —miraba hacia el techo por unos segundos para luego volverme a mirar a mi—sé que Joshua no dejaría que Elijah se acercara a ti.
—Lo se, pero intentaba buscar explicación de algo y mi corazón me decía que solo el me podia dar respuestas.
—¿Te las dio?
—Si, pero no estoy segura si me dice la verdad.
—De momento, hagamos como si esto nunca hubiera ocurrido, evitemos mencionárselo a Joshua para preservar su bienestar emocional y proteger la integridad física de Elijah —Lorenzo soltó unas risas mientras lanzaba algunos puñetazos al aire —Elijah puede ser algo parlanchín, pero es evidente que no se le da bien pelear.
Eso me hizo soltar una pequeña risa mientras me sentaba junto a Lorenzo y acariciaba su pelo.
—Lorenzo, ¿alguna vez has experimentado la impresión de haber dejado perdido lo más maravilloso de tu vida y no saber cómo actuar ante ello?
—No, aunque supongo que tú sí —me lanzó una mirada de soslayo —¿Te gustaría conversar al respecto?
—No, hasta que no tenga todos mis recuerdos me los callare por ahora.