Belén estaba ya desnuda y no apartaba la vista de mi polla, parecía que le impresionaba el tamaño, aunque sabía que no era lo único que tenía en mente. Pese a la mala relación que siempre habíamos tenido, la conocía lo suficiente para saber que aquello no le convencía, que solo lo hacía porque sentía que estaba en deuda con Alejandra por haberse ido a Irlanda. Llegados a ese punto, a mí me daban igual los motivos, me las quería follar a las dos, a la vez, y si eso le causaba remordimientos a Belén, pues mejor, ella no se había ganado mi perdón a base de conversaciones calientes como su melliza. Alejandra, ya me la tenía sujeta, dispuesta a comenzar a tragar en cuanto nuestra hermana se decidiera. - Vamos, Belén, que Daniela llegará en cualquier momento. - ¿No te sientes mal después de h

